«No necesito que ningún hombre venga a encenderme el soplete»

De niña ya jugaba con las herramientas del taller de su abuelo, ahora trabaja en un astillero; está enamorada de su oficio e incluso lo lleva tatuado en su piel


vigo / la voz

A esta mujer enseguida se le quedaron cortos el papel maché y los cartones para manualidades. De niña, Laura Laranxeira (Vigo, 1991) no quería muñecas, quería herramientas, y las ha conseguido. Trabaja en el astillero Nodosa, en Marín, donde suelda un barco bateeiro rodeada de 400 compañeros, la gran mayoría hombres. «Solo hay mujeres en la oficina». No es una novedad: por vocación estudió soldadura -quería dedicarse a algo relacionado con la construcción- y también en su clase, en el CFP Colegio Hogar Afundación de Vigo, era la única chica. Pero ella no cree que esté derribando muros en un sector que sigue siendo mayoritariamente masculino. «¿Si derribo barreras? Como mucho estoy empezando a picar el ladrillo».

Desde hace tres meses construye un bateeiro, «un barco muy pequeñito». «Es un trabajo duro pero no te presionan para que lo hagas rápido. Tienes que subir por los andamios, agacharte, las puertas de registro son pequeñas... Hay sitios que pueden ser complicados». Ella solo ve oportunidades donde muchos ven problemas. «No requiere tanta fuerza física. Yo no tengo problemas para hacer mi trabajo, la ayuda que necesito yo es la que necesita cualquier otro compañero de trabajo. No hay que cargar, hoy en día hay grúas, tampoco todos los soldadores son tíos de dos metros, pero en el trabajo ya me han echado el ojo para soldar en sitios estrechos». Por eso cuando en una entrevista de trabajo le dijeron que no la podían contratar porque no tenían vestuario ni instalaciones para que se cambiase una mujer, ella respondió: «Ya vengo yo cambiada de casa».

Pero no fue suficiente. Laranxeira tiene chispa, también para combatir comentarios de quienes ponen en duda su preparación o sus capacidades. «Yo soy muy autosuficiente no me gusta demasiado que me ayuden. Cuando necesitas ayuda sí, pero para encender un soplete... No necesito que ningún hombre venga a encendérmelo. Yo soy soldadora y tengo mis homologaciones». Hay elogios que no casan bien con la igualdad. Sobre todo cuando insisten en la desigualdad. Hay quien se sorprende cuando Laura termina una tarea, entonces es habitual escuchar una frase que algunos corean para hacer política y que a ella le molesta profundamente: «Al final sí que pudo», le dicen. Son momentos aislados durante jornadas laborales en las que comparte risas, tareas y conversaciones con el resto de soldadores y caldereros, en un ambiente de normalidad. «Todos somos iguales y cobramos lo mismo. La mayoría llevan muchos años y me dan mil vueltas y yo a algunos -a muy pocos- les doy mil vueltas. Al final todos somos trabajadores. La mayoría son muy majos».

«Flashdance»

La película de los 80 nada tiene que ver con la historia de nuestra protagonista. Ni Marín es Pittsburgh, Pensilvania, ni ella se parece a Alex Owens, la protagonista de Flashdance. Aunque las comparaciones son habituales cuando explica a qué se dedica. «La frase de los chicos es ‘‘No tienes pinta’’. Y yo pienso: Claro que no tengo pinta, ¿qué pinta tiene una soldadora? ¿Tengo que salir con una bombona de gas en el hombro o qué?». Laura ha encontrado el amor en un oficio que solo le ha dado alegrías. «Yo en el astillero soy feliz. Mis compañeros dicen que estoy loca pero yo estoy enamorada de aquello. Soy responsable en el trabajo pero también estoy contenta y bromeo mucho. Pienso en la suerte que tengo de poder soldar este barco. Le doy la chapa a la gente por Instagram hablando del bateeiro. Yo amo esto».

Detalle de uno de los tatuajes de Laura, donde refelja su pasión y su oficio
Detalle de uno de los tatuajes de Laura, donde refelja su pasión y su oficio

Su pasión por su trabajo es tal que lo lleva tatuado en la piel, concretamente en una pierna. «Llevo un dibujo de un soldador con una máscara, se ve el destello de la soldadura y tiene un corazón con contraste detrás». No es el único, tiene también tatuada una antorcha de soldadura TIG. «Ahora tengo ganas de hacerme un tatuaje relacionado con el naval, me lo quiero dejar marcado». Será uno más de los más de 40 dibujos que ya adornan su cuerpo.

Aprender de soldadura le ha servido también para descubrir curiosidades como por ejemplo, por qué se abolla una sartén de cocina. El oficio tiene además una parte creativa en la que Laura quiere profundizar. Sueña con tener su propio taller. «Me gustaría poder hacer portales de diseño de acero inoxidable. Soy muy creativa, si no hubiera estudiado algo manual habría estudiado arte. En mi trabajo no puedo desarrollar mi creatividad, estoy haciendo un barco, no puedo inventarme nada, pero me gustaría tener mi taller y hacer escultura, escaleras de diseño, verjas…».

Laura no se pone barreras, y si las hay, le sobran herramientas para derribarlas.

Su canción

«No, nanay», de Las Grecas. «Me gustan las cosas raras y antiguas. Elegí esta canción porque me recuerda a las fiestas que hacíamos en mi familia hace años. Escucho la música actual de hoy en día pero también otras muchas cosas diferentes. No todo es ‘Te estoy amando localmente’, hay muchas otras Grecas».

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