Hay que elegir entre un zoo o la educación ambiental

Desde hace 23 años, los ecologistas señalan que es imposible reconvertir el recinto de A Madroa


Amigos da Terra vigo@tierra.org

Corría el año 1997. La Coordinadora Ecoloxista de Vigo, que agrupaba a varios grupos de la ciudad, decía: «Vigozoo no tiene reconversión posible». Se pedía, tras señalar la crueldad de mantener cautivos de por vida a los animales (y justificarlo en nombre de la educación ambiental) que, cuestionando la propia ubicación del zoo, fuese cerrado y en su lugar se hiciera una instalación de apoyo a los centros de recuperación de fauna silvestre, un refugio para animales de granja o de producción maltratados, un proyecto de recuperación de razas autóctonas de ganado doméstico en peligro de extinción. Todo, acompañado de un huerto ecológico didáctico y un vivero forestal también con especies autóctonas. A lo mejor les suena.

En realidad no era nada nuevo. Juntos o por separado, los grupos ecologistas habíamos desarrollado muchos años antes infinidad de campañas para cerrar el zoo de Vigo y utilizar sus instalaciones para algo radicalmente diferente. Si repasamos las hemerotecas encontramos infinidad de denuncias prácticamente desde el día de su inauguración, e incluso algún encierro de ecologistas en la vieja jaula de los osos (que ya no estaban allí, que somos ecologistas, pero no idiotas).

La relación de atrocidades cometidas en Vigozoo en sus más de cuarenta años ocuparía centenares de páginas, pero 1997 fue especialmente relevante porque estuvimos a punto de conseguir el cierre gracias a la Unión Europea. Vigozoo estaba entre los diez peores zoos de España siguiendo los indicadores de la reciente normativa europea que se incumplía sistemáticamente.

A aquella petición de cierre se sumaron partidos, sindicatos, federación vecinal, y muchos colectivos. Faltó muy poquito, pero al final el zoo de Vigo consiguió in extremis adaptarse a los requisitos mínimos, solamente los mínimos, exigidos por la UE para continuar abierto, y hasta hoy.

Ahora continuamos en el mismo espacio, pero saltamos en el tiempo. Podríamos hacer saltos cortos de anuncio en anuncio, corporación tras corporación, declarando que ahora sí, ahora en serio Vigozoo dejaría de ser lo que era para convertirse en otra cosa. En las hemerotecas encontramos numerosos anuncios, incluyendo a la corporación actual que, como sus predecesoras, también lo anunció varias veces.

Este salto temporal nos lleva, 23 años después, al último anuncio de que ahora Vigozoo dejará de ser lo que era para convertirse en otra cosa. Parecería que solo con 23 años de diferencia lo que defendíamos aquellos colectivos ecologistas y lo que defiende el Concello por fin coincide, pero no exactamente porque el tiempo y las experiencias vividas no pasan en balde. Para que haya ese cambio solo hace falta otro sitio no orientado al norte, en lo alto del monte y con terrenos propios y no ocupados ilegalmente a la comunidad de montes de Teis. Solo hace falta triplicar la superficie en otra ubicación y buena parte de ella como zona de aislamiento, sin posibilidad de contacto visual de los animales con los visitantes; solo hace falta cambiar la normativa sobre competencias en gestión de fauna silvestre; solo hace falta no seguir comprando animales exóticos e impedir que se sigan reproduciendo los actuales; solo hace falta enviar los que existen a otros zoos con al menos mejores instalaciones; solo hace falta triplicar el presupuesto; y, desde luego, solo hace falta que los animales no estén encerrados. Todo lo demás es fácil. Vendría siendo lo que el Concello denomina «una transición tranquila». Dentro de 23 años les contaremos cómo va la cosa. Y por favor, determinadas cosas no las sigan haciendo en nombre de la educación ambiental. O zoo o educación ambiental. Ambas cosas juntas son un oxímoron.

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