Hoy pensaba contarles que ahora que los vigueses van a apagar las luces y dejarán de vivir en un parque temático podían aprovechar su tiempo para darse una vuelta por aquí y sentir cómo se vive en una ciudad tranquila, llena de sitios nuevos, con distintos ambientes, un lugar donde se puede pasear y donde se disfruta de esa normalidad maravillosa sin tanto agobio ni tanta feria. Iba a ponerles los dientes largos a nuestros vecinos para invitarlos, después de las fiestas, a que se vinieran a echar un vistazo por aquí. Pero enseguida me he venido abajo, porque si la rivalidad Coruña-Vigo es una distancia salvable poniéndole humor, se ha hecho insalvable con esa sangría que supone nuestra distancia física. Me refiero al pago de la autopista. Por eso de pronto he pensado que cada vez nos iremos alejando más y más y más hasta perder prácticamente contacto, si seguimos en este sistema insostenible que nos ha llevado a todos los gallegos, pero sobre todo a los coruñeses y los vigueses, a pagar por mantener una relación de hermanos.

Pagamos, pagamos y pagamos hasta desangrarnos porque la AP-9 la hemos amortizado tantas veces que resulta insultante que sigan llenándose los bolsillos a nuestra costa de manera vergonzosa. Ir a Vigo y volver nos cuesta a los coruñeses por la autopista 32,4 euros sin sumarle la gasolina, que por supuesto puede elevar esa cantidad 30 euros más, y no tiro muy alto. Así que cuando oímos a los políticos en el Congreso nombrar tanto la palabra independencia como un mal que arrastra a Cataluña, habría que decirles que Coruña ya ha conseguido esa independencia desde hace mucho tiempo. Una independencia que roza el aislamiento y que por supuesto es extensiva a los vigueses y a todos los gallegos.

Galicia es independiente porque no se puede salir de aquí, pero es dependiente de una red que se ha tejido para abocarnos a una injusticia que en el año 2037 elevará todavía mucho más ese pago. Pero, claro, mientras en 1992 Sevilla ya volaba en AVE, nosotros no creo que en el 2037, es decir, 45 años después, podamos ver un tren de alta velocidad por estos lares. Y entre ciclogénesis y ciclogénesis, tal vez podamos aterrizar en algún avión con garantías de no tener que movernos día sí día también a otro aeropuerto (aunque con uno bien comunicado yo me conformaría). Pero así vivimos, independientes, en este istmo que nos permite dar vueltas una y otra vez sobre nosotros mismos porque visitar a nuestra familia, a nuestros amigos, nos sale por un ojo de la cara. Y ya no digamos si tenemos que trabajar y depender a diario de esa única red segura que nos une. Es curioso que cualquier coruñés puede ir a Sevilla sin pagar un duro, pero para llegar a Vigo se tiene que dejar un sueldo. Yo no sé ustedes, pero a mí con esta independencia que nos ha entrado me dan ganas de gritar: «Autopista, nunca máis

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Coruña ya ha conseguido la independencia