Un reguero de petróleo cruza las Rías Baixas

HEMEROTECA | En enero de 1996 comenzaba a funcionar el oleoducto de la CLH que enlazaba la refinería de A Coruña con la terminal viguesa de Puxeiros tras atravesar once municipios de la provincia


vigo / la voz

La Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH), heredera de Campsa, ponía en marcha en enero de 1996 el oleoducto gallego con el objetivo de que transportara un millón de toneladas anuales de gasolina, queroseno y gasoil. La conducción discurre a través de 156 kilómetros, entre A Coruña y Vigo, mediante válvulas automáticas y controles vía satélite. El oleoducto gallego era entonces, tal como informaba La Voz de Galicia, el último en entrar en servicio de toda la red española y uno de los tres que no estaba previsto que se conectase al circuito estatal.

Su trazado por la provincia de Pontevedra atraviesa los municipios de A Estrada, Cuntis, Moraña, Campo Lameiro, Cotobade, Pontevedra, Ponte Caldelas, Soutomaior, Redondela, Mos y Vigo. La terminal de almacenamiento se sitúa en el entorno de Puxeiros.

El oleoducto A Coruña?Vigo entró en funcionamiento tras tres meses en período de pruebas. Según informaba entonces la CLH, la conducción aún no estaba operando al 100 % aunque se preveía que lo hiciese pocas semanas más tarde.

Una de las grandes ventajas proporcionadas por la nueva infraestructura era el abaratamiento, entre un 10 y un 15 %, de los precios de la gasolina en las áreas de Vigo y A Coruña, donde están situadas las estaciones terminales del conducto puesto en marcha.

Otra gran aportación del oleoducto, que partía de la refinería de A Coruña, era la eliminación de las carreteras de la provincia del tránsito de camiones cisterna que hasta entonces abastecían a la vieja estación de almacenamiento de Guixar. Según las estimaciones de CLH, estaba previsto que el oleoducto transportase el equivalente a doce camiones cisterna por hora, lo que reducía enormemente el riesgo de siniestros. La entrada en funcionamiento del oleoducto también motivó la cancelación del tráfico marítimo de productos petroleros refinados entre los puertos de La Coruña y Vigo.

Anulación de licencia

Según explicaba el día 9 de enero de 1996 la Consellería de Industria, la instalación contaba con todas las autorizaciones necesarias para poder operar, sin embargo, unos días después el Tribunal Superior de Xustiza anulaba la concesión de la licencia realizada por el Concello de A Coruña para la construcción de la estación de bombeo del oleoducto, algo que no impidió que continuase funcionando.

El proyecto completo se había presupuestado en 5.500 millones de pesetas (33 millones de euros), incluyendo la construcción de la nueva estación de suministro de Bens (A Coruña), inaugurada dos años antes, y la planta de almacenamiento de Puxeiros (Vigo), que se había concluido unos días antes.

El objetivo principal de la obra era el abaratamiento y modernización del transporte de combustible. El trazado elegido (A Coruña? Santiago?Vigo) permitía también garantizar el suministro de queroseno a los tres aeropuertos gallegos. La CLH aseguraba aquellos días que mantendría sus actuales estaciones de almacenamiento en los puertos de Ferrol y Vigo, algo que no se prolongó mucho en el caso de la ciudad olívica.

La conducción de combustible entre A Coruña y Vigo era la última de una red española de más de una veintena de oleoductos con una longitud de 3.414 kilómetros. CLH tenía entonces 21 ciudades interconectadas por su red subterránea y otras cuatro en canalizaciones aisladas.

La construcción del oleoducto gallego fue aprobada por el consejo de administración de la antigua Campsa en 1992. Entonces, las previsiones apuntaban a su puesta en marcha para 1993, pero hubo muchos retrasos y, en realidad, las obras no comenzaron hasta mayo de dicho año. Tras diversos problemas, concluyeron en diciembre de 1995. El funcionamiento, por lo tanto, se producía con tres años de retraso tras más de 7.000 expropiaciones realizadas en 21 municipios gallegos.

A 1,30 metros de profundidad

Aparentemente, el oleoducto no es más que una cañería de combustible enterrada a 1,30 metros bajo tierra. Sin embargo, su construcción requirió el empleo de 300 operarios durante dos años y la utilización de 130 máquinas y vehículos para mover 120.000 toneladas de rocas, 100.000 toneladas de tierra y emplear 60 toneladas de explosivos para abrir el nicho del oleoducto. La propia conducción contaba con un sistema de última generación que permitía transportar por el mismo tubo hasta seis tipos diferentes de combustible. El tendido contaba con un total de 17 válvulas de seguridad, nueve de ellas controladas vía satélite, y atravesaba 21 ayuntamientos, 19 ríos y 98 carreteras. La tardanza en construir la terminal de Vigo permitió que fuera dotada de la más moderna tecnología en su momento, y permitió almacenar 75.000 metros cúbicos de combustible en régimen totalmente automatizado en la zona de Puxeiros.

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