Aquel champán de A Ramallosa

El Gran Champán Galicia fue en 1920 el primer espumoso gallego al estilo francés


VIGO

Los espumosos gallegos están de moda. Solo la Denominación de Origen Rías Baixas cerró 2019 vendiendo 130.000 botellas de sus cavas, lo que supone más de cinco veces las ventas de 2012, el primer año en que salieron al mercado. Pero la tradición del champán gallego no es una novedad. Y, de hecho, este año cumple un siglo. Porque, hace cien años, un viticultor de A Ramallosa y un bodeguero de Vigo se unían para crear las primeras botellas gallegas dignas descorcharse en fin de año o de estrellarse contra los barcos de los buques en sus botaduras. Nacía así el Gran Champán Galicia, que intentó conquistar los mercados más exquisitos.

Encontramos su anuncio en el Catálogo de Vigo que editaba José Cao Moure, con su Editorial P.P.K.O., que en 1921 lanzaba el primer número de una publicación repleta de publicidad de su época pero en la que escribían colaboradores de prestigio como el periodista Avelino Rodríguez Elías, el ingeniero Eduardo Cabello o el escritor Jaime Solá.

En el almanaque, se anuncia el Gran Champán Galicia, producido en las Cavas del Valle Miñor, en A Ramallosa, que está a la venta «en restoranes, hoteles y ultramarinos» y que «compite con las mejores marcas extranjeras».

La idea de producir el primer espumoso gallego surgió de la alianza entre Manuel Costas y Compañía, empresa fundada en 1919 y con viñedos en Nigrán, junto con Vinícola Gallega, radicada en Vigo, que era propiedad de Bautista López Valeiras, un tratante en vinos y conservas de larga tradición en la ciudad. Al año siguiente, ambos tenían ya en el mercado el Gran Champán Galicia.

Costas y Cía consigue dar salida a su vino achampañado, que producen en una elegante botella con una austera etiqueta con un blasón de apariencia muy noble, en el que aparece el puente de A Ramallosa, ramas de laurel y una corona real muy historiada. Sin duda hay que darse a valer, como también hacen Moët Chandon, Krug o Veuve Clicquot. En A Ramallosa no iban a ser menos… Por otra parte, hay que recordar que en 1920 encontrar vino embotellado y con etiqueta era todo un lujo en una Galicia donde imperaba el granel.

Vinícola Gallega había sido fundada en 1891 en Vigo por un comerciante, Francisco Molíns, y un farmacéutico, Rodrigo Rodríguez, ambos vigueses, según cuenta el historiador Xoán Carmona Badía. Más tarde, la empresa pasaría a propiedad de los hermanos ourensanos López Valeiras, que se embarcarían en grandes proyectos como el de exportar los vinos gallegos hacia América, donde la nutrida comunidad emigrante podía darse el capricho, de vez en cuando, de remojar su morriña con los blancos y tintos da nosa terra. Por desgracia, el Gran Champán Galicia no tuvo el éxito esperado. Y, cinco años después, en 1925, la bodega echaba el cierre, coincidiendo con la enfermedad de uno de los socios.

Tras el experimento vigués, llegaría otro radicado en O Ribeiro, donde los hermanos Julio y Daniel Vázquez Gulías lanzaron en 1935 el Champagne Gulías, que consiguieron colocar en los establecimientos más selectos del país. Para aprender las técnicas, habían copiado el Método Champenoise en París, que aplicaron a los caldos de sus viñedos en Ourense. Entre su distinguida clientela estaban el Hotel Palace de Madrid o el Hotel Washington Irwing de Granada, sin olvidar la intensa exportación hacia Buenos Aires y La Habana.

Los espumosos gallegos no regresarían hasta la década de los ochenta, con aquel ‘Fin de siglo’ que fue flor de un día. Pero hoy vuelven a estar de moda. Y a honrar la memoria de aquel Gran Champán Galicia, que desde A Ramallosa quiso conquistar el mundo hace ahora un siglo.

La idea surgió de la alianza entre un viticultor de Nigrán y un empresario

de Vigo

Vinícola Gallega fue fundada por Francisco Molíns y Rodrigo Rodríguez en 1891

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