La Navidad de Vigo hace siglo y medio

En 1875 aún faltaban 52 años para que el ingeniero ruso Lósev inventase las luces led


VIGO

Viajemos a la Navidad de hace un siglo y medio. Eran unas fiestas a media luz porque el alumbrado eléctrico no llegaría a Vigo hasta 1896. Y la primera lámpara led no sería construida hasta 1927 por el ingeniero ruso Oleg Lósev. Y aún hay un dato más: aquel diciembre de 1875 todavía faltaban 65 años para el nacimiento en Liverpool de John Lennon. Así que, a finales del siglo XIX, la ciudad tuvo unas navidades sin «lights», sin «nueve millones de leds» y sin el músico de The Beatles. Pero nuestros ancestros vigueses sabían cómo divertirse.

De hecho, aunque resulte sorprendente, una de las actividades más comentadas aquel año fueron los «Bailes de Can-can» que acogió la sociedad recreativa El Recreo. Mientras unos vigueses cantaban villancicos, otros iban a ver a las bailarinas luciendo pierna al ritmo de Orfeo en los Infiernos de Offenbach. En los periódicos de la época aparecen comentarios críticos y satíricos contra tanta modernidad, pues aunque el cancán ya se bailaba en Montparnasse desde 1840, aún faltaban catorce años para que fuese inaugurado en París el cabaré Molin Rouge. En Vigo, se bailaba en El Recreo, que suena más de andar por casa…

Hay en 1875 en Vigo aires de modernidad, también porque se están ultimando las obras del tren que, a partir de 1881, comunicará la ciudad con Ourense y Madrid. De hecho, en aquel diciembre fueron descargados en el puerto varios wagons para el ferrocarril, que la prensa de la época escribe en su grafía inglesa porque la palabra aún era un barbarismo importado de la Gran Bretaña.

El 23 de diciembre, además del cancán de El Recreo, hay bailes de máscaras en el Casino y La Tertulia. Y el Café Suizo, en la calle del Príncipe, tiene programado un concierto para la noche previa a la Nochebuena. Tal vez para disimular un ambiente tan carnavalesco en plena Navidad, todas estas funciones tienen fines benéficos y lo recaudado por las entradas se destina a las comidas y cenas de la Casa de la Caridad.

Pero, en la noche del 24 de diciembre, los vigueses se recogen y ya sólo salen para la Misa del Gallo, que tiene incluso su crónica en los periódicos: «Tenemos el gusto de consignar que la Misa del Gallo fue solemne y notable, tanto por el orden y la devoción que guardaron los concurrentes como por la brillante orquesta que en ella tomó parte», escribe un diario local. «La Misa del Gallo estuvo este año muy concurrida y las calles de la ciudad, animadas en extremo. Abundaron las esmorgas y el buen humor entre los trasnochados rondadores, sin que se alterase el orden lo más mínimo», añade el periódico, que anota que algunos vigueses también salen a la calle con ganas de fiesta.

Al día siguiente, en la mañana del 25, pasean por las calles diversas comparsas, entre las que llama la atención una que va acompañada por un pequeño grupo de cuerda.

Al día siguiente, hay un gran evento para que se luzcan los niños de las familias más pudientes de la ciudad. En los salones de la Fonda Europa se celebra un «certamen concierto». Intervendrán las discípulas de Joaquina Prieto de Dorda, entre las 8 y las doce de la noche. «La señora de Dorda animaba con su amabilidad la fiesta, sirviendo en los descansos algunos refrescos y tocando, de vez en cuando, algunos bailables que aprovecharon los concurrentes aficionados a Terpsícore…», relata el cronista, hombre versado en la mitología griega.

Algunos vigueses de hoy podrán localizar a sus tatarabuelas, de apellidos bien conocidos en la ciudad. Porque intervinieron en la velada las señoritas Yáñez, Carreras, Olloqui, Rubín, Pérez de Castro, Blein, Coca y Gil. La pieza más celebrada fue un Tango Coreado, interpretado por niños y niñas, todos menores de doce años. También se atrevieron con la Sinfonía Juana de Arco y con la Introducción a Rigoletto, tocadas a ocho manos y dos pianos por las señoritas Yáñez, Pérez de Castro, Gil y Carreras.

«La educación de la gente es la salvación más positiva que los gobiernos pueden dar a nuestra España porque genera una regeneración social, todo un sistema financiero, todo un código político, todo un nuevo horizonte donde ensanchar conocimientos, riqueza, industria y prosperidad», relata el periódico del día siguiente.

Casi cien años más tarde, el cronista Xosé María Álvarez Blázquez reproduciría este texto periodístico y añadiría un comentario jocoso, con toda su sorna: «¡Ya podían sentirse orgullosos aquellos niños artistas y sus respectivos padres!»

Así eran, en fin, aquellas navidades de hace un siglo y medio. Las de 1875, cuando aún faltaban 52 años para que el ingeniero ruso Oleg Lósev inventase las luces led.

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