La auténtica Navidad de la luz

En vísperas de la Nochebuena de 1896, se inauguraba en Vigo el alumbrado eléctrico para pasmo de los ciudadanos


La Navidad de las luces no fue en Vigo la del 2018, con sus lights, su music y su John Lennon. Tampoco la de 2019, aunque superase los nueve millones de leds. El auténtico diciembre de la luz fue el de 1896, cuando llegó a Vigo el alumbrado eléctrico.

Pronto se cumplirán 125 años de aquel 22 de diciembre en que los vigueses se maravillaron con el encendido de las farolas. La responsable de tan magno avance fue la Sociedad para el Alumbrado y Calefacción de Coruña y Vigo, la misma que había instalado su fábrica de gas en Picacho. Ahora, para pasar a la electricidad, incorporan una nueva factoría, con dos motores de sistema Otto, una novedad para la época ya que estos ingenios de combustión interna habían sido patentados por el alemán Nicolaus Otto solo veinte años antes, en 1876. Aquella maquinaria desarrollaba una potencia de 30 caballos, que permitía accionar dos alternadores de corriente continua de 250 voltios y 120 amperios.

Aquella noche, el fluido eléctrico llegó por primera vez a las farolas, en un acto de encendido revestido de gran solemnidad y presidido por el alcalde, el señor Ozores, que fue el encargado de accionar el interruptor en la plaza de la Constitución. En cuanto la bombilla comenzó a iluminar, la multitud allí reunida prorrumpió en un sonoro aplauso, al tiempo que daban vivas al progreso.

Entre las autoridades presentes, se encontraban el director de la fábrica de gas, Álvaro del Diestro, y el responsable de la instalación eléctrica, el ingeniero Francisco Saunier.

Consumada la novedad, hubo un banquete para celebrarlo. Allí sobresalió el discurso del jefe local de Telégrafos, quien pronunció estas emotivas palabras: «Brindo por que esos misteriosos rayos que penetran la masa de los cuerpos, reflejando los que se encuentran más ocultos, penetren también algún día hasta la conciencia y el pensamiento de los hombres, reflejando sus propósitos y exteriorizando sus sentimientos e ideas por el bien de la humanidad y de la ciencia». Queda a juicio del lector determinar si, en materia de discursos e inauguraciones, hemos avanzado o retrocedido.

La estación eléctrica de Picacho seguiría funcionando muchos años, abasteciendo de fluido a las farolas del centro de Vigo hasta 1936. La extensión del alumbrado, unida a la introducción de la electricidad en los hogares, obligó a mejorar el abastecimiento. Y así, poco después, la Sociedad para el Alumbrado presentó un proyecto para aprovechar un salto de agua en el río Lérez, para el que encargó un estudio al ingeniero Ramiro Pascual.

Las obras de esta central hidroeléctrica concluyeron en 1905, produciendo una energía de 2.000 caballos, que fue distribuida por las calles Elduayen, Policarpo Sanz y Porta do Sol, que fueron las primeras de Vigo que se beneficiaron del alumbrado eléctrico, mediante lámparas de bujía con filamento de carbón.

Llegaba el alumbrado eléctrico, pero la luz eléctrica ya había sido estrenada en Vigo mucho antes. En 1880, el industrial Antonio López de Neira, propietario de una fábrica de papel y otra de chocolates, compró un foco con el que iluminó el paso de la procesión del Cristo de la Victoria. Es menos conocido que en 1870, cuando se estrenaron en la ría las lámparas Ruhmkorf, en el curso de la expedición dirigida por Hippolyte Magen para el rescate de los galeones de Rande. La ría es el primer lugar del mundo donde se utilizó luz eléctrica submarina para trabajos subacuáticos.

Aquel 1896 se estrenó el alumbrado y maravilló a los vigueses, en una época de progreso e inocencia en que descubrieron la electricidad pero aún no conocían su perverso invento asociado: la factura de la luz.

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