Ecopostureo «made in Vigo»

Los datos dejan claro que la ciudad no hace todo lo que podría para frenar el cambio climático... aunque presuma


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Que en calidad de representante de todos los alcaldes de España, ante la cumbre mundial del clima, el alcalde de Vigo destinase buena parte de su intervención a criticar centros comerciales en el monte solo puede superarse por lo esperpéntico de ser el mismo que no hace mucho los defendía. Pero en su discreta intervención en la COP25 Abel Caballero olvidó mencionar algunas cosas, como las siguientes.

El 20 de noviembre el concejal de Fomento nos aportaba la cifra concreta: el 23 % de la iluminación urbana de Vigo usa la tecnología led. No es cierto, según sus propios datos, que «la práctica totalidad de las luces de Vigo son LED», como dijo el alcalde. Y esto no incluye la iluminación navideña (equivalente según la fundación Starlight a iluminar 25 campos de fútbol). Cada 180 leds de las guirnaldas navideñas consumen, con una media de ocho horas encendidas, 1 kwh diario. En Vigo se instalaron diez millones. Es sencillo hacer el cálculo.

La afirmación «el consumo es prácticamente nulo» no es cierta. Y para qué hablar de contaminación lumínica; eso en Vigo no existe, por decreto, y pronto tendremos la muralla y un centenar de edificios iluminados. Eso sí, apagando cinco minutos (ni media hora, como el resto del mundo) el arbolito de la Porta do Sol para «mostrar el compromiso de Vigo contra el cambio climático».

El otro proyecto estelar del Concello, el Vigo Vertical, traducido en llenar la ciudad de ascensores, escaleras y rampas mecánicas, implica también un enorme coste energético que siempre se omite mencionar.

Pedir que «en el 2020 ningún concello acepte energía que no sea verde» es algo que Caballero lleva ignorando sistemáticamente. Existe una cooperativa gallega (Nosa Enerxía) que suministra esa energía renovable y llevamos años pidiendo al alcalde que se sume, como ya hacen otros concellos.

Sobre la ría: en septiembre la Consellería de Medio Ambiente presentó los resultados de una auditoría externa que analizaba el funcionamiento de más de un centenar de depuradoras de Galicia. En este informe técnico se detectan deficiencias en la de Vigo cuyo funcionamiento se califica como «regular». Es indudable que la situación ha mejorado muchísimo, pero afirmar que la depuración en Vigo es perfecta y que se han eliminado la totalidad de los vertidos no es cierto, como llevan denunciando y probando sistemáticamente desde la Plataforma pola Defensa da Ría de Vigo. Pero ante todo no debemos olvidar la génesis: que Vigo cuente con esta depuradora no es por convicción propia, sino por obligación tras incumplir sistemáticamente los plazos obligatorios y las primeras y las segunda prórrogas marcadas por la Unión Europea y cuando la amenaza de multas multimillonarias era inminente. Poco que presumir sobre algo que Europa nos obligó a hacer.

Vamos con el asunto de los árboles. En marzo, tomando como referencia lo que figura en la web oficial de prensa del Concello, analizamos las cifras aportadas sobre los árboles plantados en el casco urbano de Vigo. Ni una sola cifra coincidía. Dependiendo del día que se consulte en Vigo se plantaron, según afirma el Concello, 7.303 árboles (junio del 2018) o 4.500 (marzo del 2019). Más delirantes si cabe son las cifras de árboles presuntamente plantados por el Concello en los montes periurbanos: 31.500 en menos de tres meses (21 de marzo a 13 de junio del 2018). ¿Alguien sabe dónde? A pesar de los esfuerzos por vender lo contrario, Vigo se conoce por las talas masivas de su arbolado urbano. La cifra de los árboles que se cortan es la que el Concello se niega empecinadamente a aportar y sin ella el balance está falseado.

Y así llegamos al transporte. Es legítimo presumir de que, tras más de doce años de promesas, empiezan a ser realidad algunos tramos del carril bici; pero sería honesto reconocer que somos de las últimas ciudades, si no la última, en incorporarlo. En esto Vigo no marcó la vanguardia.

No se mencionan los residuos urbanos, que en Vigo siguen aumentando (más de 127.000 toneladas anuales sin que se haga nada por reducirlas) ni se menciona que por empecinamiento ya falte poco para que la ciudad sea la única de la provincia en no adherirse al plan Revitaliza de la Diputación, que eliminaría vía compostaje el 42 % de esa enorme factura económica y ecológica.

Y el proyecto de recuperación de Samil congelado por la prórroga de restaurantes y aumento de infraestructuras municipales cuya eliminación es condicionante para su regeneración. Si por cada paso en la dirección correcta damos dos en la contraria es difícil defender una apuesta decidida por la recuperación del litoral.

No tenemos grandes focos de contaminación (ni térmicas ni refinerías), pero alegrarnos de ello implica una doble moral, porque nuestros coches circulan y nuestra ciudad se ilumina gracias a esas industrias contaminantes instaladas más allá de Puxeiros.

Pero para finalizar pongamos las cosas en su contexto: la COP25. Notarán que en este balance no mencionamos los aspectos positivos, pero la idea es equilibrar. La parte bonita, y solo esa, es la que contó previamente nuestro alcalde. En su intervención, Caballero, al que le gusta presumir de récords, no comentó el más relevante ante una cumbre mundial del clima: Vigo, sumando todos los indicadores, con toda certeza supera ya la cifra de dos millones de toneladas anuales de emisiones de CO2. Comprendemos que si vas a hacer greenwashing o ecopostureo a una cumbre climática ese detalle es mejor omitirlo.

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