Los árboles de más de 8.000 años de antigüedad que escondía Areal

La construcción de Residencial Las Salinas permitió descubrir un bosque prehistórico


vigo / la voz

«Había un bosque como el que existe hoy en día en Samil, con una zona de dunas, y en el momento en el que el nivel del mar subió, fue desapareciendo y quedó enterrado», explica el arqueólogo Eduardo Méndez-Quintas para referirse al solar donde hoy se levanta el edificio Residencial Las Salinas, que promueve Unión Hotelera Gallega en la confluencia de las calles Rosalía de Castro y Miragaia. Claro que el bosque al que se refiere existió hace 8.000 años, durante el Mesolítico.

El prehistoriador sabe que había un bosque porque durante los trabajos arqueológicos previos a la construcción del mencionado edificio se localizaron una serie de restos vegetales correspondientes a árboles de diferentes dimensiones. Estaban a unos quince metros de profundidad. Los científicos participantes en este estudio conocen la antigüedad de esos árboles porque fueron sometidos a pruebas de datación radiocarbónica en el laboratorio Beta Anlytic de Miami (Florida).

El hecho de que estas maderas se conservasen en perfecto estado hasta nuestros días se debe principalmente a que quedaron enterradas en un ambiente de humedad constante, en el que no había ni oxígeno ni luz. Y no es el único ejemplo conocido en el entorno de Vigo. «En la playa de Patos hay un bosque de la misma época; en Cangas, en O Hío, también hay otro; en la costa de Lugo también se encontró uno similar; y también en la costa norte de Portugal. Es un fenómeno bastante común porque se hallan en un medio bastante salobre y con agua», explica Eduardo Méndez-Quintas. Sin embargo, los restos localizados en Rosalía de Castro son singulares. «Son impresionantes, porque son árboles enteros», añade.

«Los restos de madera y árboles que tenemos en esa cota, se corresponden con un momento en el que el nivel del mar estaba a unos siete u ocho metros por debajo del nivel actual, porque hay que descontar todos los niveles de relleno. Eso hace que entre dentro de los niveles normales conocidos en la fachada atlántica de Europa», aclara Méndez-Quintas.

Cuando los romanos llegaron al Areal de Vigo y construyeron la salina de evaporación marina que se puede ver en la Salinae (Rosalía de Castro, 21), los árboles de aquel bosque prehistórico ya estaban tapados y el mar había retrocedido unos cuantos metros.

«El nivel del mar, salvo hace 120.000 años, nunca ha estado tan alto como ahora -explica el científico- En época romana estaba más bajo que ahora. Eso sí, durante un período concreto del alto imperio (en torno al siglo I-II), el mar experimentó una pequeña subida que explica el funcionamiento de las salinas que tenemos en Vigo y otras de la costa de Galicia. Pero, aún así, no estaba más alto que en la actualidad. Estamos en el pico más alto de la subida del mar en el Cuaternario», afirma Méndez-Quintas.

El momento en el que el mar estuvo más alejado de la línea de costa actual se sitúa en torno a los 25.000 años de antigüedad, cuando se situaba a unos 125 metros del borde costero actual. Fue el momento más frío de la última glaciación.

La información aportada por este descubrimiento, dirigido en primer instancia por el arqueólogo Mario César Vila, de la empresa Gesit Arqueoloxía, es fundamental para distintos campos del estudio del pasado, pero también para entender mejor el cambio climático a lo largo de los tiempos pasados. De hecho, en estos momentos todavía se están estudiando los restos vegetales en la Escuela de Forestales de Lugo. Y todo apunta a que se trata de especies caducifolias que todavía existente en la actualidad.

Las dimensiones y peso de los restos de los árboles es considerable, ya que el mayor de ellos tiene de 12 metros de longitud y unas 4 toneladas de peso, debido a la contención de agua en su interior. Estas medidas obligaron a la empresa propietaria del solar a realizar un operativo especial de extracción y traslado a las dependencias del Museo Verbum. Fue necesaria la participación de camiones, una grúa y un equipo humano compuesto por una docena de profesionales. La operación se realizó hace un año, poco antes del inicio de las obras de construcción de la promoción urbanística de Unión Hotelera Gallega que ahora está a punto de concluirse.

Antes de ese traslado, asesoraron a la empresa inmobiliaria el catedrático de geografía Augusto Pérez Alberti, el arqueólogo e investigador Eduardo Méndez Quintas y la especialista en gestión cultural Andrea Serodio Domínguez. Estos científicos aportaron sus conocimientos en paleoflora, el tipo de suelo y su evolución a lo largo de la historia.

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