«Hace veinte años congelaba mi leche en tubos de laboratorio»

La científica África González promovió las salas de lactancia de la Universidad de Vigo al ceder su despacho a compañeras investigadoras que acababan de ser madres


vigo / la voz

«Cuando tuve a mi hijo compartía despacho con otro profesor y tenía que ir al baño a sacarme la leche. La congelaba en tubos de Falcon de 50 ml para luego llevármela a casa». África González (Madrid, 1962), una de las científicas más prestigiosas de la Universidad de Vigo, no ha podido quedarse de brazos cruzados al ver, más de veinte años después, cómo las investigadoras del Centro de Investigaciones Biomédicas (Cinbio) que ella impulsó tenían el mismo problema que ella cuando llegó al campus. González empezó cediendo su despacho a estas compañeras, dejándoles las llaves para cuando lo pudieran necesitar, y acabó consiguiendo, con la ayuda de la gestora del centro, Fátima Otero, que se habilitase una sala específica de lactancia.

«Hay cosas que cuestan muy poco dinero, es pensar en ellas. Es una obligación poner los medios para que estas mujeres puedan trabajar en mejores condiciones. Yo lo que querría es que se extendiera y que las universidades y empresas hagan lo mismo». Un deseo que todavía es una quimera: las salas de lactancia en los puestos de trabajo son minoritarias. La comisión de Igualdad de la Universidad de Vigo ha sido receptiva a la propuesta y ha convertido a la institución académica en la primera Galicia y cuarta en España con espacios de lactancia, repartidos por los tres campus. Tienen cojines, sillas específicas, cambiadores y neveras para que las madres que amamantan tengan a su disposición lo necesario y que la extracción sea cómoda e higiénica.

África González es pionera en todas sus facetas. Fue la impulsora del Cinbio, puso en marcha el área de inmunología en esta universidad, materia en la que es catedrática, cofundó la empresa Nanoinmunotech, preside la Sociedad Española de Inmunología y está de la Academia Galega de Farmacia. La investigadora y docente no es de las que se queda quieta esperando que las cosas cambien. Las hace cambiar. Un sentimiento que surgió ya de niña, cuando quiso estudiar Medicina para ayudar a sanar a su hermana que tenía una enfermedad incurable que le acabó costando la vida. Se fue a Inglaterra a trabajar con César Milstein, premio Nobel de Medicina en 1984: «Siempre tuve la voluntad de ser excelente. Me di cuenta de que me gustaba dar clase, estaba entre dar clase e investigar. Y decidí, por qué no, las dos cosas. Hay que pensar a lo grande», zanja.

Se propuso ser catedrática y lo consiguió, transitando por un camino basado en el esfuerzo, estudiando 8 horas al día, 14 los fines de semana. «Cuando llegué a la Universidad de Vigo fue un reto, no conocía a nadie, había que empezar de cero, pero lo iba a hacer yo, a mí manera. Era una universidad muy joven, estaba todo por hacer y me parecía muy interesante. Empecé con el primer área de inmunología en Galicia. Hubo que conseguir proyectos y dinero», explica recordando sus inicios en Vigo, en 1996. 23 años después sigue peleando para conseguir financiación, en este caso para el proyecto que dirige, un estudio sobre los genes y biomarcadores de personas que pueden llegar a desarrollar tuberculosis y que se lleva a cabo conjuntamente con la unidad del doctor Luis Anibarro, del Complejo hospitalario de Pontevedra. González explica que, cuando se detecta un contagio por esta enfermedad infecciosa, se llama a todos los contactos del paciente para hacerle una prueba que se conoce como test de Mantoux. Si ese test da positivo, a esas personas se le suministra tratamiento preventivo, aunque no todas vayan a desarrollar la enfermedad. «Hemos detectado que se podría evitar dar tratamiento a muchos que no lo necesitan y administrarlo solo a aquellos con mayor riesgo de enfermar. Hemos encontrado unos biomarcadores en sangre y saliva que hay que validar», explica. Pero hace falta seguir con la investigación y faltan recursos. «Se me marcha la gente por falta de financiación y eso es un sufrimiento, cuesta mucho formar a los equipos, es gente muy especializada», se lamenta. Hace un mes, satisfecha de su trabajo, África González entregó el testigo del Cinbio a Miguel Ángel Correa.

La investigadora ha sufrido en sus carnes la discriminación. Estando en Vigo, el primer año se presentó a una oposición en Santander. Un hombre del tribunal le preguntó si era compatible la maternidad con la investigación y la docencia. Ella acababa de ser madre y de estar de baja maternal. González no ha olvidado esa pregunta y le ha respondido a ese hombre con su carrera: «Se tiene el concepto de que una mujer y madre no puede dedicarse a la investigación. Sí se puede, hay que organizarse y tener apoyo», explica. Y se pregunta por qué hay tan pocas mujeres catedráticas, directoras de centros y rectoras, cuando las mujeres en la carreras científicas son mayoría: «Es algo que nos tenemos que plantear».

La investigadora está preocupada también porque faltan chicas en las carreras tecnológicas. «La tecnología es el futuro, no podemos perder ese tren», señala. Propone ir a los colegios, animar a las alumnas y darles referentes femeninos para que piensen en grande, para que piensen en la excelencia.

 Su canción favorita

El adagio de Albinoni, por Rosa López. «La voz de Rosa López me encanta. Cuando escucho esta canción se me ponen los pelos de punta. Soy de lágrima fácil».

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Vigo

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

«Hace veinte años congelaba mi leche en tubos de laboratorio»