Los bebés «reborn» que se hornean en un sótano de Vigo

La pediatra Lucía Juncal se aficionó a fabricarlos tras comprarle uno a su hija y acabó haciéndolos ella misma bajo la marca Lulitos

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Lucía Juncal con sus muñecos reborn Lucía Juncal con sus muñecos reborn

Vigo / La Voz

Si Gepetto viviera en Vigo, se llamaría Lucía Juncal y tendría una casa en San Miguel de Oia donde fabricaría muñecos que si no cobran vida como Pinocho no es por el alma que ha puesto en ellos, ya que solo les separa un instante de la vida real. En ese mundo de verdad, Lucía es pediatra, ejerce como tal en la sanidad pública gallega, tiene tres hijos y, cuando llega a casa, su refugio se halla detrás de la puerta del garaje. Allí ha montado un taller en el que crea, bajo la marca Lulitos, que despacha para toda España como verdaderas obras de arte, sus bebés reborn, un tipo de muñecos de factura hiperrealista que parecen recién nacidos y son tendencia internacional en el mercado del juguete.

«Tengo cierta sensación de estar viviendo una locura. Mis hijos tienen 8, 6 y dos añitos y la del medio me dijo un día que quería un bebé reborn. Era la primera vez que oí hablar de su existencia, no tenía ni idea, me puse a investigar y aluciné porque realmente chocan por su realismo, llama la atención el peso que tienen, los rasgos, la piel, las venitas, las marcas.... detalles que te hace cogerlos en brazos como estuviesen vivos», cuenta.

Al final su niña se salió con la suya y le compraron una reborn a la que llamaron Noa, que hoy es otro miembro más de la familia y va a donde ellos van. Está siempre presente. «Mi nieta», bromea la doctora, que, después de todo, aún no le ha hecho un Lulito para su hija.

Pero ese no es el fin de la historia sino el principio de otra, porque Lucía se sumergió en ese mundo y tras un año de formación, hoy es una fabricante de estos inquietantes bebés. «Me enganchó, seguí tutoriales, empecé a ir a cursos, a ponerme en contacto con gente que controla de este tema y fui aprendiendo a pintarlos. Siempre se me habían dado bien las manualidades pero no sabía si era suficiente», reconoce.

Rodeada de niños de la mañana a la noche, ella define su nueva afición como un proyecto recién nacido. «Tengo mi trabajo, mis hijos, mi casa, y a mayores me he metido en esta aventura», resume. «Pero soy una principiante. Yo lo vivo como un hobby que disfruto. Hay profesionales que hacen maravillas. Yo llevo un año y lo que me apetece es seguir aprendiendo», asegura.

La viguesa comenzó haciendo bebés para su círculo más cercano y poco a poco fue creciendo el interés. Hoy lo gestiona a través de pedidos online en el caso de clientes fuera de Vigo, y con visitas a su taller en el sótano a los que viven cerca y tienen la oportunidad de ver su trabajo en directo.

La carcasa de los reborn es de vinilo. Los moldes se compran a diferentes proveedores —nacionales e internacionales— y de eso también depende el resultado final, porque los hay en grandes tiradas en serie y los hay que son arte en sí mismo, hechos por escultoras que crean ediciones limitadas de piezas únicas y originales, cada uno con su expresión. «No hay uno igual a otro. Tú recibes un muñeco en blanco, que te llega por partes, cabeza, piernas y tronco, en una bolsa de plástico como las de los congelados. Es una labor de artesanía, hay que pasar el muñeco por un horno para que se fije la pintura y la capa que aplicas deja entrever la anterior. Así se crean los efectos en la piel, de profundidades y texturas», revela.

Así que el truco, el misterio, y la habilidad para darles vida está en las múltiples capas de pintura que Lucía aplica durante horas en una tarea que, confiesa, es mejor que una terapia relajante. Pero hay más detalles para añadir a estas criaturas. «Hay que rellenarlos, pesan entre dos y tres kilos, y hay que instalarles los ojos y colocarlos bien, las pestañas se hacen con pelo de alpaca y el cabello, hay quien lo injerta uno a uno con una aguja muy fina, o hay quien, como yo, lo pinta, que es más fácil de mantener», explica. Lucía, además, también hace ella misma la ropa que visten.

La doctora Juncal reconoce que este tipo de muñecos son impactantes y pueden llegar a impresionar. Tiene clientes que le piden bebés con un parecido concreto, «pero yo no ofrezco réplicas porque no puedo garantizar que el muñeco les vaya a recordar, por ejemplo, a un hijo que han levado en brazos, pero alguna mamá sí lo ha sentido y me lo ha dicho», explica mientras prepara pedidos en una época en la que tiene más que el resto del año. «En tiempo real me lleva entre 25 y 30 horas hacerlos, es decir, entre 7 y 10 días». El precio de las criaturas no baja de los 300 euros y se puede disparar a más de mil.

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