Temor por la expansión de okupas en Vigo tras el derribo del Barrio do Cura

El problema sigue y la policía alega que es normal en una ciudad de casi 300.000 vecinos


VIGO / LA VOZ

Okupar, con k de okupa, se convierte en una costosa pesadilla para el propietario de turno que tiene que asumir, sí o sí, que su inmueble caiga en manos ajenas. Casi siempre, de todo menos cuidadosas con la propiedad que disfrutan sin coste alguno. Vigo no es ajena a esta realidad, y con frecuencia desde el 2017. Las noticias de okupaciones y desalojos se suceden. Un censo de enero del 2018 ya cifraba en 80 los okupas que había en el centro. Ese mismo año, en julio, en los juzgados se presentaron doce denuncias. En el 2019 se activó un termómetro revelador: las empresas de alarmas hacían su agosto con la elevada demanda de instalaciones en viviendas de segunda ocupación ante el miedo de los propietarios. Ya en julio se desalojó a 15 okupas de un edificio de la calle Llorente. También en el 2019 trascendió un procedimiento judicial en Vigo que suponía una nueva forma de okupar pisos turísticos. Primero se hace la reserva, al menos por un par de días, y luego, llegada la fecha de salida, se incumple.

El pasaado septiembre, en la calle Carmen, se procedió al último desalojo de una casa okupa. Dicha realidad, argumentan en la Policía Nacional, no es preocupante y encaja con la previsible para una ciudad de 295.000 habitantes. Sí admiten que la situación está en fase de transición a un futurible escenario mucho más preocupante. Esta calma chicha se concentra principalmente en el Barrio do Cura, llamado a pasar a mejor vida urbanística con el derribo de sus edificios abandonados. El problema es que unso cuantos han estado okupados y está por ver dónde se reubicarán esos inquilinos teniendo en cuenta que el albuergue de la ciudad está siempre lleno, exponen en la comisaría antes de reconocer que, tarde o temprano, estas okupaciones de inmuebles acaban provocando quejas vecinales por diferentes motivos. Incluso amenazas y agresiones, como sucedió en un edificio de Travesia.

El tablero actual de la okupación, teniendo en cuenta las rutas de las vigilancias policiales organizadas para frenar este fenómeno, salpica de casos el mapa municipal. En Coia, por ejemplo, se identifican dos viviendas próximas a la plaza da Miñoca. Tienen bastante actividad y las llamadas al 091 para poner solucionas las diferencias de convivencia son regulares. Llama la atención otro inmueble de la calle Tomás Alonso, en la Artística, más que nada porque en su día, y de forma temporal, dio cabida a dependencias de la Policía Nacional. Otras viviendas están localizadas en la zona de Fragoso y en Caballeira de Rabadeira, entre las calles Ángel Llanos y Darío Durán.

Capítulo aparte merecen las cafeterías de O Castro y de A Guía. Ambos especios requieren de presencia policial constante para echar o disuadir a los inquilinos que aparecen. El Barrio do Cura es el otro punto central, aunque el perfil de estas personas responde más al de un indigente que al de un okupa de postal.

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