Por su bravura: El Atrevido

Durante 70 años, los buques corsarios vigueses fueron el terror de los mares, capturando a sus presas allende las Cíes


Vigo

A lo largo del siglo XVIII, el corsarismo fue todo un negocio en Vigo. Industriales locales armaban buques para salir a capturar mercantes enemigos más allá de las Cíes. Algunos de aquellos barcos tuvieron sobrenombres fabulosos: El Audaz, El Atrevido, El Veloz…Y, además de episodios de guerra naval muy notables, dejaron en la entonces villa viguesa enormes beneficios, ya que sólo una mínima parte de su botín debía entregarse a la Corona.

Como relataba el cronista Álvarez Blázquez, «las más abigarradas y valiosas mercancías llegaron al fondeadero del Areal entre 1740 y 1808: telas de Damasco, bacalao de Terranova, especias de la India, velas de Bujía, vinos de Oporto, café de Moka, curtidos, tonelería, fardería, herrajes, carbón…».

Operaban en Vigo buques en corso armados aquí, pero también desembarcaban sus presas los de otros puertos de Galicia. Así sucede en marzo de 1741, cuando entra en la ría el ‘Sacra Familia’, armado en Marín y mandado por el capitán Jerónimo Biquet. Acaba de tomar el barco inglés Hellene de 16 cañones, tras un bravo abordaje y una encarnizada lucha cuerpo a cuerpo sobre la cubierta. La presa es una nave de 120 toneladas que maravilla a los vigueses. Sólo entre 1741 y 1748 entrarán en Vigo 61 buques apresados por los corsarios, mientras que otras 31 eligen Baiona para descargar su botín en el mismo período.

Algunos corsarios vigueses se convierten en legendarios. Así ocurre con el buque San Carlos, conocido como El Atrevido, que sólo en el año 1779 hace seis presas, trayendo a Vigo cargamentos de trigo, vino, sal, frutas y carbón. Sus armadores era un consorcio de prohombres vigueses, encabezados por el industrial Buenaventura Marcó del Pont. Como vemos, en esta época la Confederación de Empresarios se dedicaba directamente a la piratería.

Como describía Álvarez Blázquez en su libro Vigo en su historia: «Podemos suponer el júbilo de la población al ver regresar sus naves, trayendo acaso al costado la desmantelada embarcación enemiga con las bodegas repletas de tanta riqueza. El oro corría después abundante, echado a rodar con mano pródiga por los afortunados filibusteros». Es, por tanto, una época de bonanza económica, aunque apoyada en el latrocinio.

En 1781, el Gallardo y el San Antonio hacen nueve presas durante el verano sin sufrir una sola baja. Entre el cargamento que llega a puerto hay naranjas de Berbería y bacalao de Terranova, que enseguida son vendidos por los comerciantes locales, dejando pingües beneficios a la economía local.

Por esta época, la ría viguesa también da cobijo a corsarios aliados. Así, en 1788 intentaron establecer aquí su base cuatro corsarios franceses y uno norteamericano. Pero les fue denegado porque perjudicarían el notable negocio que hacía la piratería local.

Desde 1796, cuando Godoy firma la alianza de San Ildefonso con el Directorio francés, repunta la actividad corsaria en Vigo contras los buques de Su Majestad británica. En junio de 1798, el navío vigués Santa Victoria, al que conocen como el Fortuna, logra apresar en aguas de Portugal al inglés Friendship. Como curiosidad, el buque corsario vigués sólo contaba con 25 tripulantes y un cañón, mientras que el carguero armaba 12 cañones, que usó para intentar zafarse del abordaje, aunque sin ningún éxito. Al amanecer del 28 de junio de aquel año, entraba el Friendship cargado de mercancías en el puerto vigués.

Al año siguiente, los corsarios de Vigo Protectora, Rayo y Ventura toman ocho presas inglesas. El ‘Ánima Sola’ captura otros tres, con fardos y bacalao. Y el Nuestra Señora del Rosario, alias El Bolero, captura la fragata británica ‘Mary’ tras un largo intercambio de cañonazos y el posterior abordaje con lucha cuerpo a cuerpo.

En 1798, los corsarios de la ría de Vigo vuelven a triunfar. El Atlante, de José Colmenero, captura tres bergantines y una fragata inglesa con su buque armado con diez cañones, de los cuales seis son pedreros: no habiendo munición, buenas son piedras. A finales de mismo año, uno de los más destacados es el Gavilán, que capturó seis barcos enemigos, uno con diez mil fanegas de trigo y otro con dos mil quintales de bacalao. En 1799, están documentados 21 apresamientos de buques ingleses.

Así que, durante casi un siglo, los vigueses fueron piratas. Con permiso de su rey, por supuesto. Eran los tiempos del corsarismo, que dejó en Vigo episodios de audacia y también grandes fortunas.

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