La imparable máquina de hacer empanadillas

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Oscar Vázquez

Ana Terzado enriquece con sabores nuevos sin dejar los tradicionales de A Tapa do Barril. El local que fundaron sus padres en As Travesas tiene ahora un punto de venta en el meollo vigués de Porta do Sol

12 nov 2019 . Actualizado a las 21:20 h.

A Ana Terzado (Vigo, 1975) las empanadillas no solo le dieron la vida sino que ahora son su medio de ganársela. Y no se le da nada mal a esta viguesa que de niña traía de cabeza a sus padres a la hora de comer porque solo quería huevos fritos con patatas y chorizo, o tortilla española. «Llegué a echarle nocilla al filete», confiesa hoy día la viguesa, madre de dos hijos que no parecen suyos porque según cuenta, comen como limas cosas con las que pocos niños se atreven, como la oreja o la fabada.

El día que la madre de Ana hizo empanadillas y descubrió que le encantaban, fue como si hubiera inventado la aspirina. Entonces decidió rebozar todos los platos para la cría con esa masa. Ese fue el origen de A Tapa do Barril, uno de los bares tradicionales de Vigo que comenzó, como muchos otros, con cocina casera sin complicaciones y ha terminado siendo uno de los templos de la empanadilla local. Y en un momento en el que además su reinado es absoluto porque con ese producto como eje central de su oferta, casi no quedan.

Manolo Terzado y Lidia Raposo llegaron a principios de los 70 desde A Estrada en busca de un futuro laboral en la hostelería y tras una experiencia breve en un local de O Calvario, se trasladaron al barrio de As Travesas. Empezaron en un establecimiento minúsculo en el bajo de una casita en el número 111 la misma calle. Él cocinaba y ella hacía las masas que luego enseñó a hacer a su hija, que siempre echó una mano. Tan reducido era el espacio que Lidia Raposo inventó, llevada por la necesidad, el amasado con botella porque los cuernos de los rodillos no cabían. Le tropezaban en las paredes. Desde entonces, en A Tapa do Barril es el utensilio estrella. En el negocio que cumplió 47 años, aunque se trasladaron a un local más amplio en el 2007, tienen tal variedad de empanadillas que lo difícil es decidirse. Ofrecen cada día 25 variedades fijas en escaparate y a esas se añaden las que van surgiendo de la imaginación y las tendencias culinarias, como la vegana, la tipo calzone de jamón, queso y salsa de tomate, o la de mozzarella fresca, tomate y albahaca con añadido de espinacas en la masa. «Esta mañana estaba pensando en hacer unas de vegetales con curry. Hay que renovarse constantemente porque a la gente le gusta probar cosas nuevas», verifica. Pero, como añade, también hay que satisfacer a un público que le gustan las de siempre: carne, bonito, pulpo, chocos, zorza, bacalao... «De lo que se acaba vamos haciendo y cuando el cliente llega y no hay la que quiere, si puede esperar, en un rato la tiene», afirma.