Un año de lista de espera para el asilo de Santa Marta

l.c. llera VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Oscar Vazquez

El centro religioso de las Hermanas de los Ancianos Desamparados en Alcabre es un caso singular

27 oct 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Gracias a Karpin, las hermanas de los ancianos desamparados pudieron cambiar un viejo caserón de Pi y Margall con espacios desangelados por un moderno y amplio edificio con jardines en Alcabre. El sol tibio de otoño permite a los ancianos disfrutar de la inmensa terraza y el cuidados jardín. Entre los setos, los olivos y la hierba se abren pequeñas sendas por las que los mayores con andador avanzan con constancia. Otros charlan bajo los pórticos de granito en una agradable tertulia. Mientras una de las quince hermanas reza en la capilla, otras dos atienden a las familias en los pasillos de la amplia residencia situada cerca de Villa Solita.

La madre superiora, sor Trinidad Cabanero, ha llegado hace poco de Betanzos. La orden fundada a finales del siglo XIX por el Padre Saturnino López Novoa realiza una amplia labor con los mayores más desamparados de Galicia. En la residencia de Vigo tiene a 150 residentes, la mayoría mujeres. «Tenemos una viejita de 108 años y de más de 90 hay muchos residentes», explica la superiora. Por este motivo «a algunas personas les tenemos que dar de comer con una jeringuilla y a otras con sonda, aunque la mayoría pueden alimentarse con normalidad.

Las monjas cobran la pensión de los residentes. Es la forma de sostener la casa. No se excluye a nadie por sus ingresos por pequeños que sean. «Recibimos muchas pensiones no contributivas», explica la superiora.

La media de edad de las hermanas es de 60 años, por lo que los voluntarios son muy bienvenidos, según explica sor Ana María, natural de La Vecilla (León), cuya vocación comenzó muy joven. «Tenía una hermana que era monja y me gustaba lo que hacía. En cuanto veía a un pobre por la calle, le decía: ‘Si no tiene donde ir, véngase a nuestra casa’».

La simiente de la orden que nació en Barbastro de la mano del Padre Saturnino López se ha ido extendiendo y fructificando por muchos lugares y en Galicia. Desarrollan una importante labor en Vigo, Carballiño, Tui, Verín, Ourense, Santiago, A Coruña, Cambados, Betanzos, Caldas, Lugo, Ferrol y Monforte. En Alcabre tienen más de un año de lista de espera. «En Vigo hay 200 personas esperando por una plaza. Y a veces se mueren antes de conseguirla. Nos gustaría poder atender a todos pero es imposible», lamenta la superiora.