Cinco años después del cierre judicial de A Pedra: «Esto no hay quien lo abra»

El popular mercado de ropa pirata de Vigo está cerrado tras fracasar su reapertura


vigo / la voz

Llueve sobre la plaza de A Pedra a las once de la mañana y solo los encargados de los bazares de suvenires se asoman a la calle a captar clientela. El mercado está cerrado y tiene todas las verjas bajadas y con el candado echado. Al preguntar a qué hora abren los puestos del mercado, un vendedor de recuerdos comenta serio: «Lo cerraron hace cinco años y va a quedar cerrado para siempre. Esto no hay quien lo abra». El popular mercado de ropa pirata entró en decadencia tras desencadenarse en el 2014 la operación Cuarzo. Fue el inicio del fin. Ningún proyecto para reflotarlo salió adelante. Esta semana, 49 comerciantes están pasando por el juzgado para firmar sus multas por conformidad. Mañana comparecerán los cabecillas de una trama de venta de prendas de marca falsificadas.

Hace cinco años, los turistas llenaban el mercado de A Pedra en busca de gangas de ropa, zapatillas y bolsos de marca, a 20 o 30 euros la pieza, mientras degustaban unas ostras o marisco en los restaurantes cercanos al puerto de Vigo. Turistas y cruceristas pedían un pantalón o una camiseta de determinada marca de lujo en un puesto y un recadero iba con una mochila a buscar el artículo a un almacén clandestino. Y había quien, cuchicheando, pedía tabaco de batea o de contrabando chino. «Aquella atmósfera de piratas tenía su morbo y a la gente venía porque le gustaba la emoción de estar al borde de la ley», contaba con nostalgia un comerciante.

Hubo varias redadas desde el 2006 porque las marcas empezaron a meter presión desde Madrid. En Navidad o en verano aparecían decenas de policías y se llevaban miles de prendas de marcas falsificadas. Luego, los puestos continuaban con sus ventas. En el 2013, las autoridades descubrieron un enorme almacén que surtía por mensajería los pedidos de toda España y que contaba con fábricas en Portugal que les surtían. Se precintaron varios puestos unos días y el mercado siguió abierto en plena época dorada de cruceros con el mítico Independence of the Seas.

En el 2014, la Casa Blanca emitió un informe en el que incluía al mercado de A Pedra de Vigo, con 30 años de antigüedad, entre los diez mayores mercadillos pirata del mundo. El propio Concello alquilaba los puestos a los supuestos vendedores de ropa falsificada. Ese dosier de Washington fue el final para A Pedra. Hubo un último aviso. Policías de Madrid se reunieron con algunos comerciantes para avisarles de que debían volver a la legalidad porque esta vez iba en serio. Pensaron que la policía jugaba de farol.

En octubre del 2014, decenas de policías tomaron el mercado y numerosas tiendas de la plaza de A Pedra. La jueza de Instrucción número 3 de Vigo, Marisol López, clausuró 50 puestos y tiendas e investigó a 80 comerciantes. La operación Cuarzo requisó miles de prendas de marcas falsificadas pero el golpe más duro fue el precinto judicial que cerró las tiendas durante un año y embargó las cuentas de los comerciantes. Años después, reabrieron. Los bazares de la plaza sobrevivieron pero el mercado ya no tenía aquella atmósfera de gangas y se hundió. Ya no era lo mismo.

«Los turistas no se han enterado y vienen a preguntar a qué hora abren los puestos»

Las tiendas de la plaza de A Pedra siguen abiertas y las dependientas suelen atender a turistas que preguntan a qué hora abre el mercado. «Siempre viene gente que no se ha enterado. Normalmente, quedan decepcionados porque vienen con expectativas. Hace tiempo que estuvieron y les da pena porque dicen que el mercado tenía muchas cosas», afirma una empleada de una tienda cercana. Trabaja desde hace un año y nunca ha visto el mercado abierto.

A medida que la Audiencia Provincial autorizaba las reaperturas en el 2015 y 2016, los dueños de los puestos intentaron reflotar el mercado. Pero no estaban todos abiertos y los precintos policiales en las verjas daban mala imagen. Además, los touroperadores lo eliminaron de la lista de puntos de interés de Vigo. No había suficientes tiendas para atraer al público que buscaba variedad. La asociación intentó reciclarse, crear una marca propia, ofertar productos gastronómicos pero todo fue en vano. Muchos titulares del puesto se jubilaron, otros se dieron de baja al no poder pagar el alquiler, y las escasas vendedoras que quedaban acabaron por claudicar. La verja se echó y algunos creen que ya es para siempre.

El reciente juicio por la operación Cuarzo se desarrolló mediante rondas de conformidad y se saldó con 14 absoluciones y 24 condenas (multas de 480 euros y tres comerciantes condenados a 6 o 7 meses de cárcel). Aún quedan 9 acusados pendientes de regatear con el fiscal y las marcas para firmar la conformidad.

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