«El riesgo cardiovascular crece más por ser sedentario que por ser obeso»

El catedrático Federico Mallo ofrece el miércoles una charla sobre el ejercicio dentro de la dieta atlántica


Vigo / la voz

«La dieta es una forma de vivir», dice el catedrático de Fisiología y Endocrinología Federico Mallo. Defiende que cuando se habla de dieta no se debe restringir solo a qué se come, sino también debe incluir cómo se organiza el tiempo y qué ejercicio se hace. En definitiva, la dieta habla de cómo se vive. Por eso la dieta atlántica incluye el pescado, pero también mucho más que eso. El profesor de la Universidad de Vigo dará una charla para explicar en qué consiste esta dieta el próximo miércoles 16 en la sede Afundación (Policarpo Sanz, 24-26, en Vigo) a las 20.00 horas, dentro del ciclo de mesas saludables que organizan La Voz de Galicia, la Fundación Dieta Atlántica y Eroski, con conferencias en varias localidades de la comunidad.

El profesor Mallo se centrará en la actividad física como componente esencial de la dieta atlántica. Es algo que tiene que ver con la forma de vivir: la dispersión poblacional de Galicia ha obligado tradicionalmente a integrar la actividad física dentro del quehacer diario, desde cultivar en la huerta hasta moverse para hacer la compra o para acudir al centro social. El baile es un ejemplo perfecto para el profesor. «En prácticamente todos los núcleos de población de Galicia hay alguna forma de baile. Es un divertimento y una actividad física».

Sin embargo, alerta Mallo, desde hace medio siglo «hemos reducido la actividad física a la mínima expresión: trabajamos de forma sedentaria y tenemos un ocio sedentario». Y todo ello a pesar de que «estamos diseñados para hacer ejercicio». De manera que la vida sedentaria dispara el riesgo cardiovascular. «Aumenta más el riesgo cardiovascular ser sedentario que ser obeso», avisa.

Porque la obesidad tiene mucho que ver con la alimentación, pero no solo. También con la forma de vivir. Dice Mallo que la organización del tiempo es fundamental. No es lo mismo bajar en ascensor al garaje para coger el coche, llegar al garaje de la oficina y trabajar ocho horas delante del ordenador que bajar de casa por las escaleras, ir a la parada del autobús, hacer un transbordo y caminar un rato para llegar a la oficina. Ya no digamos, ir andando.

Nunca es tarde para empezar: «Las personas que llevan una tradición personal de hacer menos ejercicio son las que más se benefician de hacer pequeñas cantidades de ejercicio físico», explica. «Con no demasiado esfuerzo se consigue mucho beneficio, mientras que una persona que está en buena forma necesita un incremento grande».

Otro dato: «Un gasto de 1.500 kilocalorías por semana con ejercicio físico planificado reduce considerablemente los niveles de colesterol y riesgo cardiovascular», dice. Puede ser una caminata diaria de 60 minutos, por ejemplo. Si son 3.000 kilocalorías, se puede incluso revertir parcialmente la enfermedad arteriosclerótica.

Pero, claro, la alimentación también es importante. No existe un consenso definitivo sobre la dieta atlántica, ni un producto más importante que otros. Pero sí hay algunos elementos propios. Son los productos del mar, con variedad de pescados frescos; los vegetales de hoja verde, cocinados y crudos; la patata como principal aporte energético; la carne de cerdo y sus derivados; y la preparación de los alimentos cociéndolos.

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