Poesía y escultura a la conquista del espacio

Ruth Lodeiro es la única de los tres hijos del reconocido pintor vigués que siguió sus pasos


vigo / la voz

Ruth Lodeiro (Vigo, 1964) mamó el ambiente artístico desde la cuna, caldo de cultivo que a veces puede ser justamente el remedio para curarse de la tentación de querer seguir la misma senda familiar marcada por la figura paterna, el pintor Xosé Lodeiro. «Ver arte desde pequeña y estar en contacto con toda la intelectualidad gallega deja un poso, pero en mi caso fue muy tardía la vocación y también influyó mi propia inseguridad, creer que no tienes nada que aportar. Con una personalidad tan avasalladora como la de mi padre, cualquiera se ponía a pintar», reconoce. Ruth se resistió. Ese parapeto la obligó a tomar otras direcciones, pero al final cayó en las redes de la creación. De los tres hermanos, solo ella siguió una senda en la que de forma pública eclosionó tarde.

Empezó estudiando Filología Hispánica, que inició en la Universidad de Vigo y terminó en Salamanca. Lo compaginó con estudios de patronaje industrial. Pero el gusanillo estaba ahí y picaba de vez en cuando. Cuenta que empezó de rebote con la cerámica, teniendo como maestra a Emilia Guimeráns. «Siempre me interesó mucho más la creación espacial que la pintura, aunque tengo también obra más plana, de pared, aunque siempre con algo de volumen», explica añadiendo que aunque esa es su base, «nunca digo que soy ceramista, es un mundo muy especial». De hecho sigue trabajando el barro. Aclara que las tierras «son la excusa, el elemento articulador de la obra, pero cada vez incorporo más elementos, como mallas metálicas o piezas textiles», un contacto con los tejidos del que se impregnó en la tienda de telas de su madre. «Los lenguajes contemporáneos tienen que aglutinar más elementos. a mí el barro solo no me llega», justifica.

La viguesa siguió formándose en variadas disciplinas, crió dos hijas que hoy tienen 26 y 23 años, la mayor licenciada en Derecho y una incipiente afición al teatro y la menor, bióloga y trombonista. Ruth trabajó su vena artística durante años en privado, hasta que irrumpió en la escena local la sala Apo’strophe, que tuvo mucho que ver en su salto a lo público. Sus gestores, Sara Pérez Bello y Álvaro Rodríguez, le dieron hace 4 años el empujón que necesitaba para lanzarse a lo que siempre se había negado. Desde entonces no ha parado de encadenar exposiciones, algo a lo que ahora está dedicada al cien por cien. «Vivo para esto», resume.

Lo que sí practicaba, también de forma íntima, era la escritura. Cada pieza la acompañaba de versos que ayudan a leerlas, un binomio de poesía y escultura que no solo siguen yendo juntos sino que se ha convertido en marca propia aunque, según explica, su pretensión no es dirigir al espectador sino que le sirva de guía», apunta. Ruth Lodeiro ha creado un lenguaje propio, con códigos en los que el hilo rojo es sinónimo de sangre y las redes metálicas son las cárceles que siguen apresando a la mujer en la sociedad. «Aunque el mensaje sea duro y haya siempre detrás una lectura feminista y crítica social, busco referencias estéticas», explica. La artista trabaja como una artesana, con tenazas, alicates y agujas para coser piezas, «un mantra que me satura», reconoce, sin moldes para piezas únicas que entran el horno que ha puesto en el garaje de casa reconvertido en su taller.

El pasado 30 de septiembre se cumplieron 23 años desde que falleció su padre, el pintor de Vigo Xosé Lodeiro, para el que reclama espacio en su ciudad. «Pero estoy harta de pedir», zanja.

Lectura feminista y crítica social

La obra que la artista ha elegido por lo que tiene de reivindicativa forma parte de la serie Penélope. La pieza de cerámica, esmalte, hilo, tul y malla metálica se expondrá en Cervo (Lugo) en el Museo Provincial do Mar, dentro del proyecto de arte y feminismo Mujeres Mirando Mujeres, con la exposición El poder de la presencia eliminando los límites autoimpuestos. La serie Agua, en la que trabaja ahora, confluye con la anterior, en la que hace una revisión de los mitos desde el punto de vista femenino con elementos semánticos de muchas lecturas. Según apunta, «en un ángel con una mancha roja en medio puedes ver cristos, crucifixiones, úteros, pubis...».

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