Por qué Vigo parece estar en venta

La dirección de Povisa no ha sido capaz de rentabilizar un concierto de 80 millones al año y el ya ex presidente de Barreras ha dilapidado una cartera de pedidos por valor de 800 millones


Podría parecerlo, pero no está siendo este el siglo de las luces para Vigo. La ciudad vive una encrucijada: mientras se granjea una imagen simpática y turística, el otrora gran motor económico de Galicia sigue perdiendo fuelle industrial a marchas forzadas. El proceso de globalización que afecta a cualquier rincón del planeta (hay buenos ejemplos en nuestra propia comunidad) está golpeando singularmente a sectores estratégicos de una ría que, por momentos, se parece a un caladero en el que los fondos de inversión no cesan de echar sus redes.

Basta repasar la lista de empresas que han ido cayendo en manos foráneas a lo largo de los últimos años para que entren sudores fríos. En el sector financiero, del Banco Simeón a Caixanova; en la pesca, de Pescanova a Iberconsa pasando por la conservera Albo; en las telecomunicaciones, de Comunitel a R; en la automoción, de Copo a Viza, sin ignorar concesionarios como Salfer; en el sector metalúrgico, de Citic Censa a Barreras; en la sanidad, de Fátima a Povisa...

Hoy mismo está previsto que se consume la venta del mayor hospital privado de Galicia al gigante norteamericano Centene Corporation, una noticia adelantada por La Voz que ha provocado gran impacto social, igual que la del sobrecoste de cien millones de euros descubierto en el crucero que construye Barreras y que puede acabar provocando que la hotelera estadounidense Ritz Carlton se quede gratis el astillero. Ambos casos, aunque en muy diferente medida, son consecuencia de una cuestionable gestión empresarial. La dirección de Povisa no ha sido capaz de sacarle rentabilidad a un concierto con el Sergas que le reportaba 80 millones de euros al año, mientras que el ya ex presidente de Barreras, José García Costas, ha dilapidado una cartera de pedidos por valor de 800 millones de euros.

Así que no todo se explica por la internacionalización de la economía. Es verdad que PSA puede decirle a su plantilla y a sus proveedores que se anden con ojo porque ahí al lado, en Tánger, la fabricación sale mucho más barata. Pero también debemos preguntarnos si nuestra clase empresarial está dando la talla. Porque lo necesitamos. Hubo un tiempo en que Vigo se distinguía por sus empresarios, no por sus políticos. El mundo está cambiando.

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