Jóvenes de Vigo ensayan el «british style»

Los alumnos que participan en el programa municipal de inmersión lingüística en inglés se agencian como pueden prendas lo más parecidas posible a los uniformes del cole de acogida


vigo / la voz

Para miles de adolescentes vigueses, su participación en el programa municipal de inmersión lingüística Vigo en Inglés (antes llamado PILI) es su primera salida al extranjero. Y para muchos de ellos, es además la primera vez que tienen que usar uniforme para ir a clase. «Es obligatorio en el cien por cien de los centros del Reino Unido. Nosotros, en el programa que gestionamos con el Concello de Vigo, trabajamos con cerca de 80 colegios, cada uno con sus atuendos», explica Marina Aguareles, directora del departamento de Operaciones Internacionales de Newlink, la empresa con delegación en Vigo y base central en Huesca que se ocupa de este programa desde que empezó en el 2009.

Que haya más de 80 centros en Inglaterra e Irlanda con uniformes diferentes es un pequeño detalle, en este caso con importancia, que hay que tener en cuenta antes de cerrar la maleta ya que todo alumno, aunque sea fugaz, tiene que vestir como los que acuden a esas aulas de forma permanente. «Este año tenemos a 900 escolares de Vigo en el programa (la semana pasada salió una tanda con 129 chicos y chicas) y el tema va según el cole que les toque, según sean más o menos estrictos. «Desde la organización hablamos con todos ellos, nos cuentan cómo es y a cada grupo le enviamos toda la información», asegura, y añade que en algunos, incluso el propio centro les deja prendas imposibles de clonar, como la corbata corporativa que no todos incluyen pero algunos sí. «Cada cole tiene su criterio y somos nosotros los que tenemos que informar a las familias de cuan estrictos son, pero no hay un protocolo estricto ni un mercadillo como tal», asegura.

Sin embargo, a veces algunos recurren a la reventa. En la plataforma de compra-venta Wallapop se puede encontrar el anuncio de un traje chaqueta negro por 45 euros, «usado únicamente una vez en fin de año. También sirve para ir a los coles del PiliVigo», reza la oferta. Pero son los menos. Lo habitual es que se compren en sus ciudades de origen prendas muy similares a las que se les pide, aprovechando las rebajas. El gasto extra revierte en las familias con el uniforme, pero no en los detalles.

La responsable de la agencia Newlink explica que a veces hay centros que sí incluyen complementos obligatorios, ellos mismos se los dejan a los estudiantes de Vigo. «Nos los alquilan y nosotros se los proporcionamos a los estudiantes», indica. Pero asegura que nunca han tenido ningún problema por eso. «Nadie les exige que se gasten 40 libras en un jersey con el escudo oficial. Les vale que compren uno de 15 euros muy similar en el Primark y si no hay escudo, no pasa nada, o si la chaqueta suya lleva un ribeteado y la nuestra no, no pasa nada, comprenden que son tres semanas». En la agencia advierten que «lo bueno es que casi toda la ropa de uniforme es de tonos muy neutros, grises, azules, negros... y muchas se parecen y valdrían para varias escuelas». Además muchos ya tienen de origen en su armario unos zapatos oscuros o un pantalón azul marino.

Lo básico es una falda o pantalón, una camisa y un jersey. «El objetivo, aclara es «tratar que vayan lo más mimetizados posible con el resto de estudiantes». A Marina Aguareles le parece que a los chavales les preocupa más que el traje que les toca en suerte les parezca más bonito o más feo. «Es algo que los estudiantes sí miran mucho», afirma.

Que a lo lejos no se distingan

«La idea es que si van por el centro del pueblo inglés o irlandés, a lo lejos no se distinga si somos españoles, irlandeses o ingleses», justifica, aunque aclara que son más estrictos con otras cuestiones. Por ejemplo, con el largo de las faldas, y no dejan ir con camisetas de tirantes, no admiten piercings o pelos de colores. Quieren dar una imagen muy neutra».

Los chavales vigueses añaden a su vestuario el uniforme vigués, una sudadera roja con capucha que proporciona la organización. «Las tienen que llevar obligatoriamente tanto en los trayectos de ida y vuelta como en las excursiones. Permite a nuestros monitores identificar dónde está nuestra marea roja», advierte.

Para los estudiantes que ya llevaban uniforme en sus colegios de Vigo es más sencilla esa mimetización pero para los que no, es un cambio importante. «Al fin y al cabo es un acercamiento a otro o sistema educativo, forma parte del choque cultural y es gracioso cuando se ven por primera vez, se siente como disfrazados», cuenta.

Desde que empezó el programa hace una década, no ha parado de aumentar y han añadido muchos colegios. El primer año no llegaron a 200 niños y este son casi 900. Hasta el año pasado han disfrutado de estas becas 4.482 alumnos (3.983 de la ESO y 499 de la EOI) y la inversión realizada por el Concello en este período superó los 10 millones de euros. La convocatoria del 2018, para la que el Concello presupuestó 1,7 millones de euros, ofertó 750, cien más que el año anterior.

«Fue la primera vez en la vida que se compró unos zapatos», recuerda una madre

Nicolás Acebes participó en el primer programa de inmersión en inglés. Su madre, María, recuerda que tuvo que llevar «algo similar a un uniforme». En su caso fue un pantalón negro o gris, camisa blanca, jersey negro de pico y zapatos. No les permitían ir en vaqueros, sudadera y deportivas, «pero no nos obligaron a comprar el uniforme oficial del colegio, no por tan poco tiempo», explica.

Lo que no se le olvida es lo de los zapatos, porque su hijo nunca se había calzado tal cosa, como la gran mayoría de adolescentes millenials. «Fue la primera vez en su vida que se compró unos», asegura.

Lo mismo le pasó a Masantu, que está ahora mismo con la primera remesa de este año. En su caso, en el St. Finian’s Community College, en la ciudad de Swords, cerca de Dublín. Su madre, Marisé, cuenta que les pidieron una falda negra de cuadros azulona y negra o pantalón negro, jersey negro y camisa blanca; y para gimnasia, pantalón corto negro y un polo blanco.

De Jesuitinas o Alba

«Los zapatos... ¡un problema! yo me los agencié porque mi hermana usa el mismo número, pero resulta que mi hija no está acostumbrada a usar zapatos, los puso un día, le hicieron daño y a partir de ahí volvió a las zapatillas de deporte y no le dijeron nada. Son bastante benévolos, por lo que he visto. Si no lo tienes exacto, se apañan con lo más parecido». Total, que al final la falda que lleva Masantu es gris y plisada, «a ella le hacía ilusión ir de falda, no con el pantalón negro, y le cogí la falda así porque el cuadrito azul y negro era imposible de encontrar ya que además te avisan con poca antelación. Lo intenté en El Corte Inglés, pero ellos no saben cómo es cada uniforme. Te dicen que se lo digas tú. Había que ver cole por cole y me volvía loca».

Marisé, como otros padres, sabe que hubo niñas que llevaron faldas de coles de Vigo, de Jesuitinas y del colegio Alba, porque sus tartanes se parecen mucho a los de colegios del Reino Unido que les tocaron en suerte, aunque a la directora del Miralba, Beatriz Tenorio, no le consta.

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