«María Solinha» hechiza Aldán

El equipo que dirige el cineasta Ignacio Vilar finaliza mañana el rodaje de su nueva película, un alegato a favor de las mujeres «quemadas por dragones» a lo largo de la historia


vigo / la voz

El pazo Torre de Aldán se ha convertido durante esta semana en la casa de María Soliña, mujer culta y de buena posición, y su marido, el rico comerciante Pedro Barba, personajes de leyenda cuya historia recrea, a su manera, el cineasta Ignacio Vilar. A falta de unas tomas que toca repetir en el cercano Bosque Encantado, el director ourensano afincado en Vigo con su productora Vía Láctea Filmes, rueda las últimas tomas de su película inspirada en un mito del que poco se sabe. A la bruja de Cangas le ha cambiado la eñe por la nh, María Solinha, para reivindicar la conexión lusista y para facilitar la carrera internacional del filme.

La propiedad solariega de los descendientes de los Condes de Aldán tiene ahora arrumbado el mobiliario de los bajos del casoplón bajo el porche con chimenea, en el jardín que rodea la escalinata principal. Cosas del cine, ya que por exigencias del guion, esta mañana estamos en el siglo XVII y rodeados de miembros de la Inquisición con cara de malas pulgas, como con hambre de quemar a alguien antes de irse a comer.

Gracias a la colaboración del párroco, las campanas de la iglesia de San Cibrán, que suelen sonar cada media hora, han enmudecido hasta mañana, cuando se accione el último golpe de claqueta. Cosas del cine son también empezar a charlar con la actriz Laura Míguez mientras le chorrea sangre falsa por la nariz y pasea en bata ocultando la indumentaria que viste durante la escena con la que llevan media mañana. Ella es Adela Malvido, compañera de María y también quemada tras ser acusada de brujería por orden de la Inquisición.

Alfonso Agra, vestido de cura, y Antonio Durán «Morris», ataviado de inquisidor, esperan su turno en una oscura sala llena de técnicos e iluminada con poco más que una antorcha. Mabel Rivera, que aquí es la suegra de María Soliña, acaba de llegar al set en el que ayer no tenía minutos Santi Prego, que borda el Franco de Amenábar en su nueva producción.

Cada vez que piden silencio, lo primero y único que se oye son sus ficticios gritos de pánico y dolor mientras los inquisidores la torturan en la bodega de los señores de Aldán. Menos mal que los herederos viven en Madrid, que ya se han ido y solo vienen en verano, porque cuando regresen todo estará en su sitio y aquí no ha pasado nada.

El rodaje comenzó a mediados de agosto y durante cinco semanas las localizaciones han ido cambiando desde Redondela a la isla de San Simón o la de Toralla, hasta llegar a O Morrazo, en escenarios como la playa de Melide y Cabo Home, «ou mellor dito, a Costa da Soavela», como le gusta reivindicar a Ignacio Vilar, ya que así aparece denominada la zona en antiguas cartas náuticas. La magia de la recreación digital hará aparecer en ese horizonte a los barcos piratas turcos que invaden Cangas en 1617.

El filme salta desde el siglo XVII al actual y eso complica su ambientación con vestuario y maquillaje que supone dos horas previas de trabajo antes de empezar cada día). El proyecto que tiene mucho más misterio que el de los encantamientos a manos de hechiceras.

Vilar cuenta que Soliña, «é unha muller a reivindicar no momento que estamos a vivir, con agresións continuas hacia elas». Asegura que el primer flash le vino al leer un lema en las manifestaciones del 8M: «Nós somos as netas das bruxas que non poidestes queimar». El filme se ha rodado también en varias localizaciones redondelanas porque de alguna manera (que prefiere no aclarar para no chafar el factor sorpresa) la trama vincula el destino de las acusadas de brujería, con la bestia mítica que secuestraba y violaba a jóvenes hasta que le dan muerte con espadas unos marineros. Esa historia se conjura en la Festa da Coca y se recrea en la película con la Danza de Espadas y las Penlas.

El director argumenta que «la María Solinha del siglo XVIII y la del XXI «foron atacadas polo mesmo dragón que vai cambiando de forma a través do tiempo e as veces vén en manada» y añade que «como sociedade non avanzamos nada, o dragón segue e non conseguimos matalo».

Grial Montes, actriz coruñesa de 22 años, encarna a la protagonista. La joven, que estudia en Vigo su tercer curso en la ESAD, debuta en el audiovisual con este papel y fue elegida en el casting previo. Vilar advierte que «vai ser un gran descobremento». Sobre su personaje, Grial explica que lo construye «desde mi propio yo» y aunque es así como trabaja, coincide con el espíritu del filme, que se inspira en el lema «Sairás fóra de ti para volver a ser ti».

La directora de producción, Eva Rivas, recuerda que el equipo, unas 60 personas entre técnicos y actores, es en un 99 % gallego, «algo que antes era imposible». María Solinha se estrenará el 17 de mayo de 2020.

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