«El PP no es en Vigo un partido marginal»

Está convencido de que «todo encaja» en su vida para haber llegado ahora a la política institucional


vigo / la voz

Alfonso Marnotes nació dos veces. La primera lo hizo en O Carballiño, al despuntar la década de los setenta. La segunda vez que vio la luz fue en 1989, con dieciocho años, después de poner un pie con sus maletas, expectativas y temores en los andenes de la estación madrileña de Príncipe Pío. A sus ojos el mundo cambió drásticamente ese año de acceso a la universidad, a la vida en el colegio mayor, a su libertad. «Caía el muro de Berlín, Gorbachov comenzaba a introducir cambios en la Unión Soviética, mientras en España ETA seguía matando y los gobiernos de Felipe González se veían ahogados por casos de corrupción en su momento crepuscular», relata el diputado provincial del PP y portavoz de su grupo municipal en el Ayuntamiento de Vigo.

El mundo giraba hacia la derecha, a ojos de aquel Marnotes estudiante de Derecho en la Complutense, y él siguió la misma senda. La primera vez que pudo votar lo hizo por el partido de Manuel Fraga, que también en aquellos estertores de los ochenta alcanzaba el poder en Galicia. «Aquel ambiente de corrupción política marcó mucho a mi generación», dice respecto a los casos que minaban la recta final del felipismo, que, sin embargo, y en contra de los deseos y augurios de Aznar, los suyos y la reiteración del mantra «¡Váyase señor González!», todavía contó con votos suficientes para seguir en La Moncloa hasta 1996.

Aquel tufo no tiene nada que ver para Marnotes con el rastro dejado en su partido por Bárcenas, la Gürtel, Púnica, Lezo... «Esos fueron casos puntuales y que además al PP de Galicia no le han afectado, ha estado siempre al margen de ese tipo de comportamientos», mantiene. Lo dice por convencimiento de que en su partido impera la honradez y porque así asegura haberlo vivido como técnico en la administración local, hasta que en este año ha cruzado la raya al ser designado concejal en Vigo pese a haber ocupado el puesto número 20 de una lista a la que los ciudadanos solo dieron votos suficientes para ocupar cuatro de los 27 puestos de la corporación municipal.

«El PP de Vigo no es un partido marginal», dice negando que se haya reducido su categoría a cuenta de los peores resultados en la historia de la formación en la ciudad olívica y la menor representación también lograda en la Diputación de Pontevedra. «El PP ha sido un partido de gobierno y lo es, y cuatro concejales dan para oír a los ciudadanos, para escuchar y seguir proponiendo acciones en favor de Vigo».

Alfonso Marnotes circunscribe su acción política en todo caso a los grupos municipal y provincial, aunque vuelve a negar la situación que se le plantea frente a una mayoría absoluta en Vigo y un bipartito en la Diputación que poca luz deja a sus movimientos. «No somos marginales», insiste.

Con la prudencia y medición de palabras que suele caracterizar a los técnicos de la administración, Marnotes rechaza hablar de si tiene o no posibilidades de futuro en política. «¡Quién me iba a decir a mi hace un año que iba a ser concejal!», apunta para evitar dejar transparentar por dónde van sus pensamientos. «Me limito a hablar de lo que me han encargado, que es este mandato municipal», zanja. En todo caso confiesa que todos los pasos profesionales que ha dado hasta ahora parecen encajar perfectamente como en una construcción para prepararse hasta llegar al escalón en el que ahora está. «Todo lo que he hecho me ha servido para este proyecto. Hay coherencia, no es forzado. Sé cómo son y para que sirven los plenos, las ordenanzas locales, gestionar proyectos... y el cuerpo a cuerpo político también, pues lo he vivido como director general en las comparecencias ante la oposición en el Parlamento». Fue técnico y secretario del Concello de Cangas -es funcionario del cuerpo superior de la Xunta-, vicesecretario xeral de la Consellería de Economía y director xeral de Orientación e Promoción Laboral del Gobierno gallego.

«Yo no vengo de ningún lado, soy de Vigo, aquí vivo, de aquí es mi mujer y aquí nacieron mis hijas», subraya antes de nada, con esa preocupación que suelen tener y dejan ver los políticos que ejercen en un lugar distinto al de su nacimiento. «Por eso puedo decir que después de trece años de Abel Caballero, en Vigo está todo por hacer. Por ejemplo, es gravísimo que esta ciudad no tenga Plan General, que no tenga una estrategia definida y la improvisación sea constante». Niega, por ello, a Abel Caballero el papel de gestor y a Carmela Silva el de presidenta objetiva. «Una cosa es que el alcalde esté en los sitios y otra que se comunique de verdad con la gente. Abel no pone a Vigo encima de la mesa, se pone él».

En una gestoría en Vigo antes de preparar las oposiciones y entrar en la Administración.

¿Ha votado alguna vez a otro partido que no fuera el suyo?

Nunca, siempre al PP desde la primera vez que pude votar, que fue cuando Manuel Fraga ganó en Galicia por primera vez.

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