Este verano se abandonaron más de 370 perros en Vigo y su área

Protectoras colapsadas advierten de que los canes llegan en situaciones extremas


vigo / la voz

Cada día de este verano se han abandonado, de media, seis perros en Vigo y su área metropolitana. El sábado día 18 se conmemoró la jornada internacional del animal sin hogar con la intención de remover conciencias.

Los registros de las ocho principales protectoras y refugios del área de Vigo, incluyendo los del Centro de Acogida y Protección de Animales de la Diputación, (CAAN) referidos a los 19 ayuntamientos adheridos, ofrecen una abrumadora perspectiva para el examen de conciencia propuesto.

Desde que comenzó el verano hasta ese día 18, los vigueses y demás vecinos de su área metropolitana se deshicieron de más de 368 canes. Los perros son las principales víctimas del drama del abandono animal pero también se han dejado huérfanos a más de doscientos gatos, algunos hurones y a un conejo. La nueva Lei de Protección e Benestar dos Animais de Compañía en Galicia, en vigor desde hace un año, tuvo efectos desiguales al principio. Algunas entidades apuntan que esta normativa ralentizó los abandonos pero otras sostienen que los incrementó porque muchos propietarios decidieron lavarse las manos antes que enfrentarse a una multa. Solo en CAAN bajó la cifra de recogida respecto al verano pasado aunque tampoco de manera significativa, porque han descendido de 97 a 93 los animales de los que se han hecho cargo.

Desde este servicio de la Diputación transmiten que tampoco han notado una incidencia mayor en cuanto a patologías pero las otras siete protectoras advierten de «situaciones que no hemos visto nunca y dramáticas».

En Baiona, los voluntarios de Baisenpulgas llevan una semana intentando rescatar a un nutrido grupo de canes. «Han tirado once podencos al monte, llenos de heridas y de sarna, con quince crías», confirman. Han sido tan maltratados que hasta atacan a quienes solo los quieren ayudar. «Siempre hubo abandonos y más al acabar la temporada de caza o dos o tres meses después de Navidad, pero jamás llegaban los animales en tan malas condiciones, ahora nos encontramos situaciones calamitosas», confirma Vicente Viso, responsable del refugio de Vigo. Para poder ofrecer un acogimiento de calidad tendrían que atender a un máximo de 300 canes, «pero tenemos un exceso del 50 % porque hay 450, estamos saturados y sin posibilidad de dar la atención que se debiera, ni siquiera tenemos margen para asumir cuarentenas o separar a los enfermos». «A veces abandonan un perro en la carretera y el animal no es capaz de moverse de allí, se queda siempre esperando a que vuelvan», explica y advierte de otra dura realidad. «Contrariamente a lo que se piensa, un perro doméstico no sobrevive cuando se queda solo a no ser que se integre en alguna manada», dice.

«Hai anos que non viamos algo así, é como un retroceso. Estamos a recoller cans cheos de sarna ou con grave desnutrición», apunta desde la asociación ponteareana de Os Biosbardos. «Aquí han abadonado unos 35 perros porque ya no podemos recoger porque no tenemos refugio y las casas de acogida están saturadas», indica desde O Porriño Belén Blanca, de Lenda. «El abandono va en aumento. Consideramos que hay que incrementar las campañas de concienciación y las penas por maltrato y abandono, algunas veces los recogemos en situaciones lamentables», defiende Pepín Solleiro, secretario de la protectora Aloia de Tui, con 21 perros acogidos este verano.

Redondela echa el cierre y en O Morrazo hacen charlas en colegios

La situación de muchas protectoras es insostenible. Sobreviven gracias a los voluntarios que multiplican sus horas en beneficio de los animales y estiran las donaciones hasta casi hacer milagros porque, en muchos casos, ni siquiera tienen colaboración por parte de los ayuntamientos a los que socorren. En O Morrazo, donde tienen instalaciones para 75 perros, tienen a día de hoy 85 y otros 35 más en casas de acogida. «De cada diez que se adoptan, se abandonan cuarenta», explica Lorena Lago, secretaria de la protectora. «Las instalaciones tienen veinte años y no cumplen los requisitos, hay voluntarios que son obreros y hacen horas extras para poder ampliarlas y mejorarlas, pero tenemos que pagar hasta los materiales», advierte. Ellos realizan además una ingente labor de concienciación, en colaboración con la policía sobre tenencia responsable de animales en colegios, bibliotecas y campamentos así como mercadillos y otras actividades con las que poder recaudar fondos.

«Ya casi no tenemos perros y pensamos cerrar las instalaciones en cuanto podamos dar en adopción los 70 gatos que tenemos porque la situación es insostenible, tanto económica como personalmente», afirma Carmen Corujeira, del refugio de Noé.

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