Cuatro monos que dieron que hablar en Vigo

En la historia de la ciudad hay simios notables, pero hubo muchos más hasta que Vigozoo prescindió de ellos


Desde 1971, en un monte de Teis habitan tigres, leones y otras criaturas de la sabana africana. Así fue gracias a una ocurrencia del alcalde Rafael Portanet, quien soñó el zoológico de A Madroa, que finalmente fue inaugurado por su sucesor, Antonio Ramilo. Junto a los grandes felinos enjaulados y muertos de tristeza, desde el principio hubo allí también monos, que hacían las delicias de los niños. A la entrada, se vendían cacahuetes resesos para que los chavales se los echasen a los simios, que hacían sus monadas enloquecidos tras las rejas. En conjunto, aquel parque de fieras siempre resultó deprimente. En la misma medida que los espectáculos circenses con animales obligados a latigazos a hacer idioteces. Para muchas personas, es difícil encajar circos y zoos en la categoría de entretenimiento.

Al menos, 48 años después de su inauguración, ya no queda ningún mono en Vigozoo. Desde 2015, fueron retirados y reemplazados por lémures, sin que se entienda tampoco qué pintan en los altos de A Madroa unas criaturas originarias de Madagascar. Pero lo cierto es que nos hemos quedado sin simios en la plantilla del Ayuntamiento, alimentados a cargo de las arcas municipales. Y por ello es buen momento para recordar a los cuatro más famosos que han convivido en nuestra ciudad: Paco, Nano, la mona de Canido y la mona de A Florida. Habrá más, pero estos fueron los más populares.

No es de extrañar que en Vigo hubiese macacos como mascotas en establecimientos públicos. También hubo loros y papagayos, algo lógico en una ciudad marinera, a cuyo puerto llegaban barcos de todas las banderas. La marinería traía estos animales de

lejanas latitudes, a veces como regalo exótico para sorprender a los niños, agasajar a un vecino o engatusar a una amante. También, como negocio. Un loro hablador o un macaco siempre tuvieron buena venta al regresar a puerto. Así que podemos imaginar que, a lo largo de los siglos, en las tabernas y negocios de Vigo había fauna exótica de reclamo, al igual que sucedió en todos los grandes puertos del mundo.

Este fue el origen del mediático mono Paco, que llegó en 1986 junto a la mona Coco en el equipaje de un marinero de Redondela. Ambos simios se instalaron en unas jaulas en la alameda redondelana, pero la temprana muerte de Coco en 1990 sumió a Paco en una profunda depresión cuyas consecuencias son de todos sabidas.

El mono Paco comenzó a masturbarse de forma compulsiva a todas horas, para escándalo de los transeúntes. Como todo mono verde africano, tenía los genitales de color verde y el pene de un color turquesa brillante. Digamos que aquello llamaba la atención…

El caso se volvió mediático cuando el concejal Antonio Nieto Figueroa Leri tomó cartas en el asunto y se ofreció a llevar a Paco a Vigozoo y rodearlo de «un harén de monas». Un colectivo feminista emitió un comunicado, acusando al Concello de Vigo de usar a las macacas «como prostitutas». Y la zapatiesta acabó en el telediario de TVE, con Leri sugiriendo a las que protestaban abrir la puerta de la jaula para que conociesen de cerca a Paco. Era marzo de 1991, hace tres décadas. Hoy, con toda justicia, podemos imaginar qué hubiese sucedido ante una respuesta así.

El caso es que pocos meses después, Paco moría en su jaula, tras ingerir un alimento donde alguien ocultó un imperdible. «Esa fue la versión oficial: todavía hay un pacto de silencio», bromeaba el realizador Piño Prego cuando presentó su largometraje documental sobre el mono, auténtica obra maestra que retrata una época.

Otro simio famoso con nombre de pila fue Nano, que en 2013 fue noticia en toda España tras escaparse del zoo de Vigo. Su excursión apenas duró unas horas, hasta que una vecina de Candeán se lo encontró encaramado a un árbol mientras paseaba a su perro. Un dardo paralizante consiguió reducirlo para devolverlo al parque. Pero su fuga fue más famosa que la de Clint Eastwood de Alcatraz. Y, a la postre, sirvió para algo: dos años después, dejaba de haber monos en A Madroa tras 44 años exhibiendo simios.

Los otros dos monos famosos no tienen nombre propio. Una era la mona de Canido, que todavía da nombre popular al restaurante que actualmente se llama El Puerto. Se dice que en este bar había una mona en una jaula, aunque faltan detalles. Tampoco hay fotos. Pero queda el nombre y la buena costumbre de ir a tomar el pulpo a La Mona.

Y el último ejemplar de este repaso sí está profusamente documentado: la mona de A Florida. Cuando la compañía de tranvías inauguró en 1926 la línea con Baiona, construyeron un amplio edificio de viajeros. La estrella del recinto era un simio en su jaula, que se hizo tan famoso que la gente en Vigo utilizaba una expresión para sacudirse de encima a alguien muy pesado: «Eso mejor ve a contárselo a la mona de la Florida».

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