El peligro de los polvorines urbanos de Vigo sigue vigente

Los comuneros lamentan que no exista mano dura con propietarios que no limpian sus parcelas próximas a viviendas


Vigo / La Voz

La ola de incendios de 2017 sembró el pánico en el centro urbano de Vigo. El fuego saltó del monte a la ciudad avivado por los fuertes vientos de aquellos días. Ardieron jardines, fincas y hasta macetas en los balcones, obligando a los vecinos a salir a la calle para hacer frente a las llamas con lo que tuvieran en casa. Con el fuego ya extinto, denunciaban que las llamas se propagaron por la ciudad porque había muchas fincas sin limpiar. Casi dos años después, la mayoría de los polvorines permanecen igual.

Comuneros y vecinos denuncian que el peligro sigue vigente. El presidente de la Mancomunidad de Montes de Vigo, Uxío González, echa en falta «más mano dura» con los propietarios que no limpian sus parcelas y que tienen una responsabilidad.

A los vecinos de Espedrigada, el barrio entre Balaídos y Castrelos, les rodea un océano de maleza desde hace quince años. Anxo Barreiro vive al lado de tres fincas abandonadas y está desesperado con una situación que «non se arranxa». Recuerda cómo durante la última ola de incendios los terrenos comenzaron a arder y en su casa «era imposible respirar». Barreiro explica que este verano siguen en un estado «terrible», aunque el Concello limpió parte de la parcela hace tres meses, no en su totalidad, por motivos que «non me quixeron explicar». Además de los problemas que le dan las ratas y las avispas que viven entre la maleza, tiene miedo que un incendio pueda acabar con una «desgracia».

También en la zona de O Rocío, en Coia, se dan situaciones parecidas. El barrio cuenta con fincas en los que la vegetación crece sin control ante el prolongado abandono de sus dueños. La maleza llegó hasta tal punto que los vecinos se organizaron para desbrozar parcelas que no son de su propiedad.

El Concello ha cifrado en cerca de 2.000 las hectáreas que debían ser cuidadas por particulares. El alcale, Abel Caballero, habló de 34.000 parcelas en todo el término municipal. A día de hoy, son muchas las que continúan dominadas por la maleza y que podrían suponer un problema.

37 personas trabajando todo el verano para prevenir los incendios

Los montes de Vigo tampoco se libran de las parcelas abandonadas. En las fincas de particulares los eucaliptos y las acacias se hacen con el control del suelo libre de vegetación que dejaron los incendios de 2017. En la zona rural se da un gran contraste entre la superficie de los comuneros y la privada. Las hectáreas de la Mancomunidad están ordenadas y vigiladas por 37 personas a diario, 22 contratadas gracias al plan de empleo del Concello y 15 de refuerzo que sufragan las propias comunidades de montes.

Aunque las parcelas de los comuneros estén cuidadas, un incendio que aparezca en una finca privada puede tirar por tierra todo el trabajo. El presidente de la Mancomunidad de Montesde Vigo, Uxío González, denuncia que «hai moitas fincas abandonadas e pouco se está actuando para solucionar o problema». Cree que tanto Xunta como Concello deben tener una posición más contundente con los propietarios que no cumplen sus deberes. «A sociedade por desgracia non está concienciada», denuncia. Recuerda que estas parcelas ponen en «risco non so o patrimonio, senón vidas humanas». El presidente de la Comunidad de Montes de Coruxo, Antonio Álvarez, coincide en la problemática situación de muchas fincas, pero recuerda que el monte arde porque «alguén lle prende lume». Además, denuncia que estas parcelas siempre presentan las mismas especies, por lo que se hace una idea de otro de los problemas que refleja el monte de Vigo. Álvarez advierte que la gestión poco «mellorou» y que las situaciones del 2017 se pueden repetir.

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