Google muestra los estragos de la ola de incendios del 2017 en los montes

Las imágenes por satélite enseñan como las llamas cercaron el casco urbano


vigo / la voz

Google Earth permite ver la evolución de Vigo desde 1984 con imágenes por satélite. Más allá del crecimiento de la ciudad y sus alrededores, lo que más llama la atención es el cambio de los montes de Vigo después de la ola de incendios del 2017.

Con una rápida mirada a las imágenes de 2017 y de 2018 los estragos del fuego son fáciles de observar. El verde del bosque periurbano desaparece del mapa entre las vistas aéreas de los dos años en la zona de Coruxo, Comesaña, Valadares y Zamáns. Dejando lugar a un marrón de suelo sin forestar.

También se puede apreciar la superficie afectada en la parroquia de Chandebrito (Nigrán), el lugar donde murieron dos mujeres en el interior de una furgoneta. La ola de incendios de octubre de 2017 arrasó con cerca de 1.600 hectáreas y asesinó a tres personas en el sur de la provincia.

En la imagen se puede ver como el fuego asedió la ciudad de Vigo en dirección suroeste. Hasta llegar prácticamente al casco urbano al polígono de Balaídos.

También se aprecia como ni las autopistas ni las carreteras sirvieron de barrera para unas llamas espoleadas por los fuertes vientos de la cola del huracán Ophelia. En la mapa se observa como la autopista AG-57 atraviesa todas las zonas que ardieron y rememora aquellos vídeos de terror que muchos conductores compartieron aquellos días de octubre. Tanto el bosque periurbano que planea la Xunta y el anillo verde que proyecta el Concello de Vigo quieren repoblar estas superficies forestales de forma ordenada. Con hueco para especies como el pino y el eucalipto, y para variedades frondosas para que funcionen como una barrera contra el fuego y den otros usos al monte. Aunque lo cierto es que ahora, dos años después, el eucalipto se expande casi sin control en parcelas de particulares.

Ni las carreteras ni la autopista frenó el avance de las llamas empujadas por el viento

En octubre del 2017 el sur de la provincia estaba asediado por el fuego. Las llamas volaban de copa en copa, saltaban las carreteras, los cortafuegos y todo obstáculo que se encontrara en el camino. El alto combustible forestal y los vientos del huracán Ophelia crearon el incendio perfecto, impredecible y virulento. El fuego cercó carreteras, urbanizaciones e incluso se extendió a los jardines. Parecía que podía llegar a cualquier lugar.

En incendios no tan intensos lo normal es que las autopistas o las carreteras funciones como cortafuegos. Son zonas sin vegetación ni elementos que funciones como combustible para el fuego. En la teoría funcionan así, pero en la práctica, si la vegetación a ambos lados de la vía no está cuidada, el fuego puede saltar de un lado a otro desde las copas más altas. Además de aumentar el riesgo para los conductores que se encuentren en ese momento en la carretera.

Para evitar estás situaciones la ley de prevención y extinción de Galicia exige que se respeten ciertas distancias entre la vegetación y el entorno urbano. Debe existir una franja de 50 metros donde no puede haber especies pirófitas -árboles con afinidad al fuego- como el eucalipto, el pino o las acacias. La distancia se reduce en autovías, carreteras o autopistas. Aquí la franja debe ser de cuatro metros si son especies frondosas (carballo, castaño...) o de diez metros si se trata de especies pirófitas.

La planificación urbana anárquica de Galicia y el gran número de propietarios de las parcelas provoca que las distancias no se cumplieran en 2017, ni ahora.

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