«Tuve compañeros con pistola para matar rojos»

«En los incendios del 2017, el alcalde y su equipo salimos de Fragoselo en coche entre las llamas»


vigo / la voz

La mili mudó el escenario vital de su Madrid natal a Vigo. «Me cambió la vida», afirma Carlos López Font, la voz del gobierno municipal de Vigo y ahora también del de la Diputación de Pontevedra, el as que trata de matar el tres de la oposición con una retórica expositiva y directa. «Me muevo bien en el debate», considera. ¿Su técnica? «Me preocupo de imaginar las posibles contestaciones y réplicas», confiesa, pero añade algo más: «Chema Figueroa, Elena Muñoz, Michel Fidalgo... eran además muy previsibles», dice de los sucesivos portavoces vigueses del PP.

Sus tablas se enraízan en el sindicalismo. «Disfruté mucho en esa etapa», en la que llegó a ser secretario general de la Federación de Servicios Públicos de UGT en Vigo durante la década de los ochenta. Al sindicalismo llegó casi siguiendo un camino marcado. A los 16 comenzó a trabajar en Madrid cono auxiliar administrativo de una asesoría laboral. «No había posibilidades en mi casa para estudiar». En mayo de 1976, con 19 años, se presenta a unas oposiciones en la Seguridad Social con su máquina Olivetti a cuestas. Las aprueba y López Font se convierte en funcionario. A los pocos meses, en enero del año siguiente, el terrorismo tardofranquista asesina a cinco integrantes de un despacho laboralista de Madrid. «En mi trabajo tuve compañeros que aunque hiciera mucho calor nunca se sacaban la chaqueta para ocultar sus pistolas». El día de la manifestación por la matanza de Atocha hicieron alarde de ello. «Se levantaron de sus asientos y dijeron vamos a matar rojos», rememora el socialista, que añade que muchos de los franquistas más duros y guerrilleros de Cristo Rey fueron hechos funcionarios en esa época. Ya asentado en Vigo, en 1992 da el salto del Inem al Puerto, donde Elena Espinosa era su presidenta. «Y ahora acabo de cederle la Concejalía de Seguridad del Ayuntamiento de Vigo». Decidió estudiar entonces Ciencias Políticas en la UNED en Pontevedra. «Era duro compaginar trabajo, desplazamientos y estudios».

«Siempre colaboré con Abel Caballero», mete al alcalde vigués en la conversación, para advertir que no es una amistad de nuevo cuño. «Espinosa, Jorge Parada, Pedro Mariño, yo y alguno más éramos su gente aquí. Tengo por él una admiración total». A Font le confió el regidor vigués la voz cantante en las negociaciones que dieron lugar en el 2007 al pacto que llevaría al exministro a la alcaldía. «Por el PSOE íbamos Xulio Calviño, Isaura Abelairas y yo. Me daba toda la confianza para unas difíciles conversaciones tras el fracaso de Ventura Pérez Mariño, la pinza entre PP y BNG, y antes las difíciles relaciones entre Príncipe y Castrillo». El hotel Ciudad de Vigo era donde el PSOE jugaba como local, y el NH el campo del Bloque, donde el pulso llegó algún día hasta las tres de la madrugada. «Y el 16 de junio del 2007 Abel toma posesión como alcalde por primera vez», dice sin dudar en la fecha. «Me quedó la misma cara de alivio que a Adolfo Suárez cuando se aprobó la reforma política, porque aunque se había pactado la investidura, la incertidumbre te queda hasta el final». Recuerda ese día también porque se estrenó como portavoz con una sonora bronca por parte del público nacionalista. «Me da corte hablar gallego, no he conseguido dominarlo, me tengo que traducir a mi mismo y pierdo concentración», se excusa.

A Caballero lo define «como un hombre de Estado, a la altura de personalidades como Rubalcaba». Lo mantiene hasta de cuando perdió estrepitosamente las elecciones autonómicas de 1997. «Nos pidió que siguiésemos unidos, que confiásemos en nuestras fuerzas», señala sobre una de las fases más convulsas del PSOE vigués. «Él nos insuflaba confianza».

¿Y Carmela Silva? ¿A quién quiere más, a papá o a mamá? «No son ni papá, ni mamá. Son dos dirigentes y políticos perfectos para Vigo y para la provincia, de gran valor ambos, y Carmela ha conseguido darle la vuelta a la Diputación, que sea útil para todos los concellos y que en cuatro años se hable más de la mujer que en los treinta anteriores del Partido Popular». Los papeles que le han sido otorgados ahora en ambas instituciones le hace pensar «que he salido reforzado», mientras además ha cedido el testigo de la Concejalía de Seguridad. «Es una tensión continúa». Y en ese papel asegura haber vivido su momento más duro, el de los incendios de octubre del 2017. «No paramos. El alcalde, su jefa de gabinete, el chófer y yo íbamos de un sitio a otro, había fuego por todas partes y los bulos se multiplicaban, además. Alguien dijo que había una persona rodeada por el fuego en Fragoselo. Y allí fuimos, sin pensarlo dos veces. No había nadie, el fuego nos rodeó. Había que escapar y el chófer consiguió que saliésemos con el coche entre las llamas. Fue duro, sí».

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