Pensando cómo nos movemos

El autor analiza los ejes de la orografía de Vigo y explica cómo los ascensores pueden servir para moverse entre ellos


Cuando se supo que el Concello construiría un ascensor entre Pi y Margall y Camelias, algunas de mis amistades, para mi sorpresa, lo consideraron una chorrada. Para mí era una urgente y evidente necesidad que ya había vislumbrado hacía años al reflexionar sobre los motivos que a uno mismo le impulsaban a utilizar el automóvil para bajar al centro. Uno podía caminar perfectamente por las calles horizontales pero regresar de nuevo a la parte alta de la ciudad cargado con una bolsa era una incomodidad que animaba a usar el coche. No es el único motivo pues los problemas complejos casi nunca tienen una única explicación o causa.

Vigo es una ciudad longitudinal en cuesta que discurre haciendo una curva paralela a la línea de la costa, un bumerán que se acoda alrededor de O Castro. Para trasladarse de un extremo a otro no existen demasiadas dificultades y son calles aptas para caminar, para las bicis y para el tráfico rodado.

Estas vías paralelas a la costa prácticamente horizontales son, en primer lugar, el eje avenida de Galicia- Sanjurjo Badía-Areal-Montero Ríos-Beiramar, que termina abruptamente en Bouzas. En segundo lugar, el eje García Barbón-Policarpo Sanz-Puerta del Sol-Elduayen-Paseo de Alfonso-Pi i Margall-López Mora hasta As Travesas. Un tercer eje a una cota mas elevada es el de Camelias-Venezuela-Pizarro-Travesía de Vigo. Un último eje por detrás de O Castro une Pizarro con Plaza de España y Gran Vía hasta As Travesas.

Todos están a diferentes cotas y permiten un tráfico aceptablemente fluido que se ha visto muy mejorado desde que el túnel de Beiramar es ampliamente utilizado.

Por el contrario, para comunicar entre sí los distintos ejes horizontales hay muy pocas opciones y no excesivamente buenas.

Tenemos una primera conexión en Buenos Aires; una segunda en Isaac Peral que desemboca en la Travesía de Vigo; una tercera descendente algo enrevesada por Alfonso XIII; otra que desciende República Argentina; y la mejor conexión de todas, el fluido y ancho eje principal Colón-Urzaiz y arranque de la Gran Vía.

Más hacia el oeste, la cosa se complica, pues el recorrido de los autobuses es esperpéntico. Se ven obligados a subir por Falperra-Cachamuiña, pasar por delante del Concello para subir por la calle Enrique Blein a Venezuela. De ahí en adelante hacia el oeste solo existe la locura de descender por la calle Chile y el ya muchísimo más cómodo eje de la calle A Coruña. Son, en resumen, el de la calle Coruña y el Colón-Urzaiz-primer tramo de la Gran Vía las dos únicas vías céntricas que comunican ágilmente y en sentido bidireccional los ejes longitudinales de las distintas cotas.

Estas dificultades entre las cotas son las que obligaban a buscar una solución que comunicase cada eje longitudinal con el inmediatamente superior.

La orografía viguesa es bastante compleja y, de hecho, no se hicieron calles que ascendieran directamente hacia la parte alta de la ciudad hasta que en el año 1945 se inauguró la Gran Vía. Todo ello, posiblemente debido a que los vehículos de tracción animal no podían transitar por cuestas con tanta pendiente (creo recordar que la Gran Vía tiene un 9 %). Cuando de niño subía la Gran Vía con mi abuelo hacia O Castro, veía los carros que repartían las gaseosas de Arca, de Troncoso o de Feijoo con los pobres caballos sacando chispas de sus herraduras contra los adoquines del pavimento. Incluso dada la ausencia entonces de tráfico a motor los caballos describían un zigzag para hacer la cuesta menos pronunciada.

En esa actuación que el Concello ha abordado comunicando Pi y Margall con Camelias, Torrecedeira y Marqués de Valterra, un eje que el propio plano de Vigo apuntaba, la solución eran obviamente ascensores. ¡No lo era para alguna de mis amistades!

Igualmente, la planificación urbana obliga a comunicar Vía Norte y todo ese barrio con García Barbón por encima de la estación de Vialia, una obviedad que, publicada hace años en la revista de Aproin, mis incrédulos amigos valoraron positivamente, quizás por ser vecinos de esa zona. Nos asombrará cuando la gente empiece a utilizarla. Como nos asombra el éxito de los ascensores y escaleras ya existentes.

Las escaleras mecánicas eran la opción para unir la Porta do Sol con el eje de Camelias frente al Concello.

Desde el siglo XIX se utilizan rutinariamente los pasillos rodantes en las estaciones de metro de París donde las distancias para cambiar de una línea a otra eran largas. Es una solución que veremos materializada en el primer tramo de la Gran Vía.

No se trata, pues, tanto de inventar como de adaptar soluciones experimentadas ya en otros sitios. Soluciones aplicadas desde antiguo, como el famoso ascensor del Chiado en Lisboa, o más recientemente en pequeñas ciudades y villas españolas que habían recurrido a medios mecánicos para salvar importantes desniveles como es el caso de Teruel, Toledo, Eibar o Ponferrada entre otras muchas.

Lo que antecede sugiere la importancia de que la ciudadanía viguesa reflexione y piense su propia ciudad porque, aunque, muchas de las ocurrencias no pasen de esa categoría, entre todas ellas aparecerán ideas útiles para mejorar nuestra calidad de vida. Porque el talento seguro que está muy repartido y quizás el cambio positivo de apreciación de los vigueses y viguesas respecto a nuestra propia ciudad, nos anime a poner al alcance de nuestras autoridades municipales aquellas ideas o sugerencias que puedan ser tenidas en cuenta, para lo que el Ayuntamiento debería, quizás, abrir canales específicos de comunicación y estimular su uso,

Ya lo dijo Nelson Mandela: «Todo parece imposible hasta que se hace».

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