Tom Jones, notable en la reválida

El cantante galés compaginó en Vigo la añoranza con potencia y ritmo


Si usted es uno de los 750 espectadores supervivientes a la actuación que Tom Jones ofreció en Vigo en 1975 habrán apreciado que nada tiene que ver aquel cantante melódico con patillas y pantalones de campana de 35 años, con el que vieron ayer en el auditorio del vigués del parque de Castrelos. Porque aunque es el mismo, y si volviese Raphael cantarían juntos Yo soy aquel, el Jones de hoy es otro, es un señor de 79 años condecorado por la reina de Inglaterra que sigue teniendo muy buena voz y se ha convertido en un elegante crooner de pelo blanco y perilla que conserva buena parte de aquella abundante melena rizada que hacía estragos.

El concierto de sir Jones se preveía de los que dejan huella, como el admirable recital que Leonard Cohen ofreció hace ya... ¡una década! El tono de aquella maravilla no es comparable, pero sí el entusiasmo con el que público, acomodado en sillas en la zona de pago, y acuclillado en la de atrás, recibió ayer en Vigo a una estrella para la que, excepto milagro, no habrá tercera vez en la ciudad. Dudamos que el galés la recuerde de su primer aterrizaje setentero, pero apostamos a que se la lleva en el corazón ahora, ya en otro milenio.

El cantante compareció ante una audiencia deseosa de tararear por lo bajinis esas canciones que ha escuchado toda la vida y que andan todavía trasteados en casas de padres en formato elepé, desde Green Grass of Home, Wonderful World, What’s New Pussycat? o It’s Not Unusual, el tema con el que empezó a chutar su carrera.

Pero si alguien creía que Tom Jones es ahora una estrella en decadencia se equivocaba. El artista, que lleva una intensa gira desde abril por Estados Unidos y Europa, siguió las pautas de este recorrido mundial por los escenarios, con una potente banda de doce músicos y un montaje muy clásico y sin estridencias.

Del blues al soul

Ni falta que le hizo, con la intensidad de Burning Hell, el blues de John Lee Hooker con el que arrancó, o los giros hacia el swing, el soul, el country rock y el jazz en las versiones de Randy Newman, de Louis Armstrong o de Prince, que en su garganta y con su estilo suenan como balazos. Aunque Sexbomb es el tema más discotequero de su disco Reload, que hace ya 20 años le reconectó con las audiencias contemporáneas; fue con Delilah con la que llegó al auditorio de Castrelos el momento álgido. Un concierto notable, sir Jones.

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