Madres y esposas de enfermos mentales piden ayuda al juzgado

Los internamientos crecieron un 12 % respecto a hace un año


vigo / la voz

La Oficina de la Atención a las Víctimas de Vigo recibió ayer dos peticiones de madres o esposas de personas con enfermedad mental para solicitar ayuda al juzgado. Sufren un drama social en el que, según dicen, solo se parchea el malestar con soluciones provisionales. Una madre contaba que cuando su hijo salió del hospital, dejó de tomar la medicación y le destrozó la casa. Los diversos testimonios insisten en los mismo: que una vez que los pacientes salen del internamiento, donde reciben medicación, vuelven al hogar y, pasado un tiempo, recaen. La solución es provisional y son internados.

Los internamientos han subido un 12 % respecto a hace un año. De enero a julio, los juzgados vigueses tramitaron 332 expedientes de internamiento, 36 más que hace un año.

Las gestiones judiciales para declarar las incapacidades también van en aumento. De las 120 registradas en el primer semestre del 2018 se pasó a 159, un 32 % más. Estos aumentos hay que tomarlos con cautela porque ahora hay un juzgado más de familia y, además, el año pasado hubo tres meses de huelga judicial.

Tras atender numerosos casos con las mismas historias en la oficina de víctimas, la conclusión de algunos expertos es que «en Vigo las madres y las familias están desesperadas porque la Administración solo les pone un parche a este problema y no saben salir del bucle, que se repite una y otra vez. Les dan soluciones provisionales. Los hijos vuelven a la calle y se genera otra vez la dinámica». Animan a médicos y psicólogos a que busquen soluciones más satisfactorias para las familias afectadas por esta problemática de salud mental. Una idea es crear centros de día para que los pacientes que estén en la calle puedan hacer vida allí sin pasar por casa.

Según contaba una madre, su hijo volvió a ponerse enfermo y le destrozó la casa. Los casos son cada vez más numerosos, ya que los familiares ya no se pueden hacer cargo de jóvenes de 20, 30 o 40 años, algunos de los cuales arrastran secuelas de la droga y otros se pusieron mal durante la crisis económica, y también se dan casos de estrés. «Va todo en el mismo pack», indican fuentes próximas a la oficina. «Hay muchos enfermos jóvenes y hay que pensar que esta generación seguirá así muchas décadas más», señalan expertos en el tema. «En el hospital los regularizan, se ponen bien, vuelven a casa, dejan de tomar la medicación y generan problemas. Es algo que no se ataja y a lo que se pone parches», señalan fuentes que siguen de cerca estos casos. Muchos de ellos no están incapacitados pero no tienen adónde ir.

También hay madres que renuncian a ser tutoras de sus hijos, generalmente jóvenes, porque no los pueden controlar. Otras no denuncian la violencia en casa porque «no es su hijo, es su enfermedad».

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