Una carrera contrarreloj frente al fuego

Nueve parroquias del sur de Pontevedra son para Medio Rural zonas de alta actividad incendiaria porque han registrado más de siete incendios de media durante los últimos cinco años


vigo / la voz

Los incendios de 2017 están cerca de cumplir dos años, pero no se olvidan. El miedo está en los corazones de los que vieron el fuego cerca, y las cicatrices que las llamas dejaron en el monte aún están a la vista. Esa oleada repentina de incendios tuvieron una voracidad nunca vista en la zona, se llevaron la vida de tres personas, dos en Nigrán y una en As Neves, y calcinaron 20.000 hectáreas en el sur de la provincia.

Con la llegada del verano y del calor, la mayoría se espera que los incendios se sucedan. Ya sea por los incendiarios o por la sequía y cualquier chispa accidental. Todo apunta a que esta nueva temporada no tendrá previsiblemente grandes incendios en el sur de Pontevedra porque la superficie quemada en 2017 aún no se ha recuperado lo suficiente. Pero tanto expertos como responsables de las comunidades de montes avisan de que si no se actúa con eficacia se podrían volver a repetir.

Este año todo el sur de Pontevedra está considerado zona de alto riesgo de incendios para la Xunta de Galicia. Por eso, el Gobierno autónomo llevará a cabo acciones más intensas de vigilancia, disuasión e investigación que en el resto del territorio.

Además a nueve parroquias del sur de Pontevedra se han catalogado como Parroquias de Alta Actividad Incendiaria (PAAI). Medio Rural las denomina así porque han tenido más de siete incendios de media durante los últimos cinco años . En estos territorios el fuego se sucede cada verano. Son las parroquias de Valeixe (A Cañiza, 18 incendios), Tortoreos (As Neves, 7), Padróns (Ponteareas, 12), Pontellas (O Porriño, 57), Budiño (O Porriño, 29), San Xurxo (Salceda, 28), Soutomaior (32), Tomiño (30) y Zamáns (Vigo, 12).

Pese a que según las previsiones no se esperen grandes incendios, el director de la Escola de Enxeñería Forestal da Universidade de Vigo, Juan Picos, avisa de que la regeneración forestal en bastantes zonas que ardieron en 2017 no se está tratando de la mejor manera. Las masas de eucalipto crecen sin cuidado junto a pinos y acacias. «Cada día la masa forestal aumenta y con ella el combustible para un incendio» , concluye. Picos reclama una actuación decida de todas las administraciones para cambiar los problemas estructurales del monte gallego y del sur de Pontevedra.

«Veo una cierta intención de la Xunta en llegar a sitios donde no ha llegado», explica el director de la Escola de Enxeñería Forestal. El Gobierno autónomo ha lanzado este año un nuevo convenio que da soporte técnico a los concellos para averiguar que fincas se deben limpiar. Además ofrece a los particulares un precio por debajo del mercado para que cumplir su obligación les sea más fácil.

Pero aunque «todas las instituciones den un paso al frente», puede que «no sea suficiente» si no se acompaña la prevención en el terreno de un mayor aprovechamiento en los usos del monte. «Es necesario dinamizar el rural» concluye Picos al tiempo que explica que el anillo verde que planea el Concello de Vigo le parece una «reacción anclada en paradigmas antiguos». Para él, la medida es una respuesta al miedo de ver los incendios a las puertas de una ciudad que olvidaba su rural. «Se debe plantear el monte no como una barrera, si no como un aliado que aporte riqueza».

Las comunidades de montes continúan otro verano más reponiéndose de los grandes estragos del 2017. Uxío González está al frente de la mancomunidad de montes de Vigo y explica que están «ben preparados para esta nova tempada», siempre y cuando «o tempo non volva a poñerse coma aqueles días».

La mancomunidad de Vigo se está recuperando bien, pero aún queda «mucho trabajo por hacer», explica Uxío. Replantaron una gran parte del territorio para evitar la erosión y volver a ordenar el monte, pero se están encontrando un problema con el «eucalipto que aparece en todos lados e a acacia que estaba eliminada, pero despois dos incendios volveu». Estas dos especies evolucionaron con el fuego y después de un incendio toman ventaja frente a sus competidoras.

En Chandebrito, parroquia de Nigrán donde fallecieron dos personas en 2017, la situación es parecida. El presidente de la comunidad, Víctor Manuel Vidal, explica que gran parte del monte comunal ha sido replantado y la madera quemada eliminada en su mayoría, pero el eucalipto se multiplica en las parcelas ajenas a la comunidad de montes.

Tanto Uxío González como Víctor Manuel Vidal explican que Medio Rural, Diputación y los concellos respectivos los han ayudado mucho, pero «este es un asunto que necesita acciones más decididas por el rural», coinciden.

Para Edelmiro Iglesias, profesor de economía de la USC y participante en la comisión de investigación de la ola de incendios de Portugal, las nuevas medidas del Gobierno autónomo van en buen camino, pero el problema en la hora de la extinción está en las brigadas municipales. «Hay muchos Concellos que no tienen medios para hacerse con una brigadas con experiencia, lo que aumenta el peligro», concluye.

Josafat Fuente, brigadista de extinción de la Xunta en Pontevedra, también advierte de la falta de experiencia de los brigadistas debido a «problemas na convocatoria que deixaron a traballadores con experiencia sen posto».

Los grandes incendios se repiten de forma cíclica

 Un estudio de la Escola de Enxeñería Forestal de la Universidad de Vigo para la Diputación de Pontevedra ha encontrado un patrón común en los grandes incendios que afectaron al sur de Pontevedra en 2005, 2006 y 2017.

Gran parte de las hectáreas que ardieron en la primera década del siglo volvieron a arder hace dos años. En el informe los académicos recogen que los grandes incendios son los «padres» de los grandes incendios forestales del futuro.

De acuerdo al estudio existe la posibilidad, si no se actúa adecuadamente, de que el fuego vuelva a arrasar con tanta virulencia la comarca como en 2017.

El cóctel que podría llevar a la repetición de esta situación crítica tiene que ver con que después de un gran incendio, los procesos de abandono de actividades agroforestales, el deterioro de suelos, el crecimiento de especies adaptadas a ciclos de fuego frecuente y la homogeneización de la vegetación aumentan y se convierten en caldo de cultivo de un gran incendio forestal.

Una de las medidas que recomiendan los expertos es la aplicación de una silvicultura preventiva. Esto es, dotar al monte de plantaciones que estén ordenadas con diversidad de especies y de usos. Es decir, un territorio donde la madera de los eucaliptos sea fuente de riqueza, pero conviva con plantaciones de frondosas que aporten riqueza a través de su fruto. En resumen, si el monte da dinero va a estar cuidado.

Además apelan a la necesidad de un análisis de riesgo urbano para minimizar los peligros de la población en caso de incendio. La confusión de 2017 trajo desgracias y por eso es necesario clarificar las vías de escape y tenerlas bien cuidadas.

Juan Picos, director de la Escola de Enxeñería, explica que «estamos a tiempo de empezar a arreglar las cosas a medio y a largo plazo». Explica que debemos centrarnos en la prevención porque es más importante «ganar la guerra, que ganar las batallas». Según Picos la prevención se debe separar de los tiempos políticos y debe ser un acuerdo de todos ante un problema común.

 Cicatrices de un fuego que asesinó

A Chandebrito se accede por carretera desde Nigrán. Es una vía pequeña flanqueada por árboles. Se llega subiendo por la parroquia de Camos, allí lleva tiempo sin arder y todo es verde. Se nota el cambio rápido, es un cambio de color, el verde que envuelve el techo de los coches desaparece entre ramas sin vida.

Si ves al cielo, el panorama recuerda a aquel Chandebrito marciano que dejaron los incendios de 2017, pero al pie de los troncos quemados crecen con un verde claro eucaliptos, ya están altos y son imposibles de arrancar con la mano.

La subida es fácil, todo recto prácticamente. La carretera está bien asfaltada, pero la rama de un pino ocupa un carril entero. Se ha caído de un árbol que murió en 2017, pero que nadie ha cortado. Esa parcela es privada y su dueño no se preocupó de quitar la madera que ardió. Lo mismo pasa en todo la subida. Los vecinos se quejan que pasa casi todos los días, normalmente son ramas que quitan ellos, pero si es algún tronco grande llaman al concello para que lo quite.

Antes de llegar al centro urbano de la parroquia hay un pequeño claro entre la maleza. Allí perdieron la vida Maximina Iglesias y Angelina Otero atrapadas en una furgoneta. Por azares del destino ese lugar se encuentra libre de maleza. Los vecinos creen que las altas temperaturas dejaron infértil la tierra.

Son las dos de la tarde y la parroquia de Chandebrito está metida en casa. Hace calor, casi tanto como aquel octubre, pero sin el viento. Aquellos días el centro urbano de la parroquia, en una pequeña llanura entre montañas, estuvo arrinconada por el fuego. Ardía todo, hasta los jardines.

Hoy casi no hay árboles, la mayoría de las tierras que rodean la parroquia lucen pequeños brotes de árboles caducifolios. Serán un futuro anillo de frondosas que se espera que funcione como protección frente a los fuegos futuros. Todos han sido plantados por la comunidad de montes de Chandebrito en colaboración con el Concello de Nigrán y distintos colegios. Exactamente son alrededor de 20.000 nuevos árboles.

Víctor Manuel Vidal es el presidente de la comunidad de montes de la parroquia. Lo fue también los días en los que el fuego los asedió. Desde aquella han trabajado duramente para arreglar todo lo que el fuego se llevó, incluso para mejorarlo.

En un paseo en coche por todo Chandebrito se puede comprender con facilidad la magnitud de los incendios de 2017. Casi no hay árboles con altura, la mayoría de los que se ven son esqueletos de lo que fueron, pero la mayor parte del territorio es monte raso o brotes de eucalipto joven.

Esta especie conquista parte del monte con la fuerza de la evolución de su parte. «Es la especie perfecta para crecer aquí», sentencia Víctor. El eucalipto funciona como frontera natural entre las parcelas de los particulares y el monte vecinal. En este último crece en los territorios destinados a la especie, pero se elimina donde no tiene que estar. Sin embargo, en las parcelas particulares las nuevas especies brotan de los troncos que ardieron en 2017, cada uno da entre cuatro y seis nuevos brotes.

El abandono de estas parcelas le da miedo a Víctor. Ve como cada mes la masa forestal crece y crece. Teme que en cinco años todo su trabajo se lo lleve el fuego y vuelvan a vivir la histeria y el miedo de esos días.

Casi dos años después de los incendios son muchos los esqueletos de árboles que quedan sobre el terreno. Víctor explica que la Xunta les dio unas ayudas para la retirada de la madera en mal estado que estaba fuera del mercado. La mayoría se quitó, pero no toda.

Otra de las consecuencia del fuego fue que el mercado de la madera se disparó. Muchos vieron oportunidad de negocio en la situación de las comunidades y se aprovecharon. De hecho, una de las madereras se aprovechó de los comuneros quitando la madera en buen estado, pero dejando sobre el terreno la quemada. Según los comuneros incumplieron el contrato y presentaron una denuncia. Ahora mismo están a la espera de juicio. Una cicatriz más que dejó aquel fuego de octubre.

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