Kutschman, un fugitivo nazi que residió en Vigo

El criminal de guerra huyó por el puerto vigués en 1947, tras vivir bajo la identidad falsa de un sacerdote


Al término de la II Guerra Mundial, se puso en marcha la operación Die Spinne. En alemán: la araña. Su objetivo era evacuar a los jerarcas nazis hacia destinos seguros, especialmente en el santuario americano, donde habían creado una red de acogida.

España participó activamente en este entramado, con la anuencia del franquismo y la participación de importantes cuadros de la Iglesia católica. Cientos de criminales de guerra escaparon gracias a esta operación, que les proporcionaba dinero, salvoconductos y documentación falsa. Y una nueva identidad en su destino.

El puerto de Vigo no fue ajeno a esta red. Y, de hecho, su caso más paradigmático es el del criminal Walter Kutschman, que residió en la ciudad bajo identidad falsa y fue evacuado en un trasatlántico hacia Argentina en 1947.

Kutschman había sido uno de los jefes de la Gestapo en Polonia, autor material en 1943 de una matanza de 1.500 judíos y responsable policial en campos como Auschwitz, Lublin o Treblinka. Pero, desde 1945, se convirtió en un vecino vigués llamado Pedro Ricardo Olmo Andrés, sacerdote católico que debía su extraño acento alemán a haber residido largo tiempo en la neutral Suiza.

El criminal nazi hablaba español, pues en 1937 había combatido con la Luftwaffe en la Legión Cóndor, la fuerza de combate que Hitler envió a la Guerra Civil en apoyo de los fascistas españoles. Es probable que, en 1939, desfilase por las calles de Vigo cuando estos militares fueron embarcados de vuelta a Alemania.

Tras la derrota germana, en Vigo Kutschman pudo encontrar buenos amigos. Aquí operaban agentes nazis durante toda la contienda, había un partido nazi organizado, con su sección de las Juventudes Hitlerianas, y un conglomerado de empresas del consorcio alemán Sofindus, gobernadas por testaferros que, en su mayor parte, eran también agentes nazis.

Además, este puerto era una salida hacia Argentina, con los trasatlánticos que todas las semanas hacían la ruta americana. Y, en 1947, el gobierno de Juan Domingo Perón abrió de par en par las puertas a la entrada de los nazis que huían de Europa.

El amparo que recibió de la Iglesia queda claro por su documentación falsa, que rezaba: «Pedro Ricardo Olmo Andrés. Nacido en Ciudad Real el 19-10-1906. Hijo de Santiago y de Juana. Profesión: Religioso». Lo curioso del caso es que este sacerdote existía. Hubo un Pedro Ricardo Olmo Andrés cuya tumba encontramos en el cementerio de La Almudena, en Madrid.

Amparo eclesial

Pero no resulta extraño que la Iglesia lo amparase. En Italia, son bien conocidas las actividades del obispo austríaco residente en Roma Alois Hudal, admirador de Hitler que al término de la guerra ayudó a evacuar a numerosos jerarcas nazis.

Monasterios e iglesias dieron refugio a los criminales de guerra. Por ejemplo, gracias a esta red el doctor Joseph Mengele escapó a América desde Génova bajo la identidad falsa de Helmut Gregor. Con Kutschman pasó algo parecido pero en España, donde el obispo Eijo Garay, vigués, tramitó numerosos salvoconductos para nazis fugados tras la guerra a través del Instituto Nacional de Moneda Extranjera, en Madrid, según consta en abundante documentación que se conserva en el Archivo Histórico del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Así que Kutschman pudo residir en Vigo como el cura Pedro Ricardo Olmo, esperando su oportunidad de huir a América. Esta llegó en diciembre de 1947, cuando embarcó en el crucero Monte Amboto, de la naviera Aznar, y emigró a Buenos Aires.

No fue, ni mucho menos, el único. Está documentada la salida desde Vigo de oficiales nazis como Erich Mueller, alto cargo del Ministerio de Propaganda; Friedrich Rauch, oficial de las Waffen- SS; o Fridolin Futh, jefe de la Gestapo en Francia.

El profesor Hodger Meding, de la Universidad de Colonia (Alemania), en su obra El santuario sudamericano, afirma: «Aunque algunos utilizaron el puerto de Génova, la mayor parte de las reservas salían por el puerto de Vigo, en España».

En Argentina, Kutschman nunca abandonará su identidad falsa de Ricardo Olmo. Pasará a trabajar para la empresa de iluminación Osram. Su mujer, Geralda Baeumler de Olmo, a la que conocería en Argentina, presidió una protectora de animales en Buenos Aires.

Años después, en 1975, el caza nazis Simón Wiesenthal descubrió que Ricardo Olmo era Walter Kutschmann y lo denunció en Viena. Huido de nuevo hasta 1984, fue localizado por unos periodistas. Es indescriptible la foto de su expresión de terror cuando abre la puerta a los reporteros y se sabe descubierto.

El criminal nazi es detenido, pero su extradición se demora. Un tribunal alemán razona su petición y lo identifica como oficial de las SS durante la Segunda Guerra Mundial. Estuvo destacado también como miembro de la Gestapo en la región sudoccidental de Ucrania, llamada Galitzia, en la que se le imputa haber comandado el exterminio de numerosos habitantes israelitas de la región, en las ciudades de Drohobycz y Tarnopol, durante los años 1941 y 1942, en ejecución de los planes que llevó a cabo el régimen criminal del nazismo para la liquidación del pueblo judío.

Pero, en 1986, días antes de ser extraditado, falleció de un infarto en un hospital penitenciario de Buenos Aires. No murió como el sacerdote Ricardo Olmo que durante un tiempo soñó con ser un ciudadano vigués. Murió como Walter Kutschman, un carnicero, un criminal: y el mundo supo al final de sus crímenes.

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