Afronta 5 años de cárcel por atracar a parejas en sus coches en A Doblada

El implicado niega los hechos pero la Policía Científica halló sus huellas en dos asaltos


vigo / la voz

El acusado Borja J. B. se enfrenta a cinco años de cárcel por atracar a una pareja de jóvenes que estaba dentro de un coche aparcado en la madrugada del 11 de julio del 2017 en un polígono industrial de A Doblada. Según la Fiscalía, el acusado actuó con un compinche no identificado y amenazó a sus víctimas con un destornillador al cuello para desvalijarlos. Al día siguiente, presuntamente, saqueó a otra pareja dentro de otro coche aparcado en el mismo barrio aunque, esa vez, les apuntó con una pistola de fogueo para robarles sus pertenencias. Luego se supo que el presunto atracador vivía a diez metros de la casa de unos asaltados y a cien metros de la de otros.

El juicio se celebró ayer en el Juzgado de lo Penal número 3 de Vigo. Se trataba de una pareja de A Doblada que recogió un pedido en una cadena de comida rápida en la avenida de Madrid y luego aparcó el coche en un cercano polígono industrial, algo habitual para ellos. «Estábamos comiendo unas hamburguesas en el coche en un párking cerca de una nave cuando alguien golpeó el cristal de la ventanilla. Somos del barrio de toda la vida y creímos que era una broma pero eran dos atracadores que ocultaban sus caras. No hablaban pero uno me puso un cuchillo en el cuello y mi novia les preguntó qué querían y el acusado dijo: 'Todo, todo, todo'». Les robaron un sello de oro, el móvil de la joven, cuatro euros y la cartera y echaron a correr. Antes de irse, tiraron las llaves del coche y amenazaron a la pareja para que no les denunciase.

El implicado, que vino de prisión, negó los hechos en el juicio y su defensa alegó que no fue reconocido por las víctimas cuando, días después del atraco, la policía les enseñó un álbum de sospechosos. Sin embargo, uno de los denunciantes sí lo señaló ayer en la vista como el asaltante que lo abordó porque se acuerda de su misma figura corporal y un tatuaje en la cara que la novia también vio. Incluso aún recuerdan el olor corporal cuando se acercó a ellos.

El atracador perpetró el asalto con la cara tapada con su camiseta subida pero la prenda le resbaló varias veces y sus víctimas vieron su rostro parcialmente. Una vez en comisaría, no se atrevieron a señalar a nadie de las fotos porque no estaban seguros al cien por cien.

Habría quedado como un caso sin resolver sino fuese porque la Policía Científica descubrió que el sospechoso había dejado sus huellas dactilares impresas en la carrocería de los dos coches que asaltó en un par de días. Era un viejo conocido con condenas anteriores y era vecino de todas las víctimas, ya que residía a apenas unos números de distancia de sus casas. La prueba dactilar es la clave de la Fiscalía para acusarlo mientras que la defensa se aferra a que el implicado no fue reconocido en su día por sus víctimas.

El cómplice nunca llegó a ser identificado. Parecía más profesional pues guardó silencio en todo momento, y usó pasamontañas y guantes para no delatarse. Sus víctimas solo pudieron describirlo como un hombre que «tenía los ojos super amarillos».

«No sabes el mal trago que pasamos, mi novia estaba muy nerviosa», cuenta un atracado. Ella recuperó su móvil pero roto.

«Me puso un destornillador en el cuello y mi novia preguntó qué quería. Dijo: 'Todo'»

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