«Mi meta es siempre la búsqueda de la mejora continua»

No sabía qué estudiar y se inclinó por Biología para quedarse en Vigo y estar con sus amigas. Pero sus habilidades en la gestión no tardaron en abrirle puertas, y hoy es responsable de gestión operativa del Centro Tecnológico de Comunicaciones de Galicia, Gradiant. Está encantada, pero no descarta cambiar si un nuevo proyecto le apasiona


Redacción / La Voz

Le tiraban las matemáticas, pero había que irse a Santiago, así que se decantó por Biología porque era lo que estudiaban sus amigas y podía hacerlo en Vigo. Pero no era lo suyo. «A mí las plantas se me mueren», reconoce Sara Campos Márquez (Madrid, 1975). No tardó en encontrar su camino.

-¿Cómo una bióloga acaba en el mundo de la gestión?

-Accedí a las prácticas en una empresa de pescado congelado en Vilanova da Cerveira y allí tuve mi primer contacto con la gestión. Luego me llamaron para una planta de congelados en Badajoz. Yo me preguntaba qué hacía una empresa de congelados en Badajoz, pero el gerente, Enrique Freire, me ofreció el puesto de adjunta a la gerencia y no me lo pensé. Era una fábrica que daba pérdidas y había que conseguir que diera beneficios. Me pareció una gran oportunidad y allí aprendí mucho.

-Y eso que usted no sabía nada de gestión empresarial.

-Por eso decidí dejar de trabajar una temporada para hacer un máster de Dirección y Administración de Empresa en Caixanova. Fueron nueve meses y nada más acabar me llamaron de una consultora para la mejora de procesos. Era para correduría de seguros, porque había cambiado la ley y bajaban los márgenes de beneficio. Estuve tres años y de ahí me pasé, como responsable de producto, a la empresa que les desarrollaba el software. Fue mi primer contacto con las TIC.

-Tampoco conocía las tecnologías de la información y la comunicación.

-No sabía ni lo que era una base de datos, pero aprendí mucho, a base de puestas en producción. Yo hablaba con el cliente, me decía qué mejoras quería y se lo transmitía a los ingenieros, y luego era yo la que probaba el producto para ver si se cumplía lo que el cliente pedía.

-Hasta que se creó Gradiant.

-Sí. Fue en el 2008. Me hablaron del proyecto y yo conocía al gerente, así que lo perseguí hasta que me cogió. Solo trabajábamos cinco ingenieros, el gerente y yo. ¡Estaba todo por hacer!

-¿Qué es Gradiant?

-Es un centro tecnológico que integra a las tres universidades gallegas y a las compañías más importantes del sector TIC en Galicia. Nació cuando tres catedráticos de la Escuela de Telecomunicación de Vigo se dieron cuenta de la necesidad de transferir el conocimiento TIC al mercado. Nuestros clientes son empresas que necesitan mejorar una parte de su tecnología o que buscan innovación o desarrollo en I+D. También trabajamos con sectores no TIC, como el sanitario, la banca y la industria 4.0 en general. Tenemos proyectos de recogida de imágenes en el terreno a través de drones y aportamos inteligencia en procesos sanitarios, entre otros.

-¿Cuál es su función?

-Como responsable de gestión operativa, soluciono problemas, ayudo a los ingenieros a que su trabajo sea más fácil. Para llevarlo a cabo es necesario tener capacidad analítica, ser ordenado, planificar bien y ser resolutivo, y no tener miedo a equivocarse.

-Ya cambió varias veces de trabajo. ¿Volvería a hacerlo?

-Estoy muy contenta en Gradiant, pero no descarto cambiar si me ofrecen un proyecto interesante. Mi meta es siempre la búsqueda de la mejora continua, algo que me inculcó mi padre.

«¡Ya me gustaría a mí haber tenido un referente cuando no sabía qué estudiar!»

En el año 2006 entró en Executivas de Galicia y desde hace un mes está en el equipo directivo. «Me hizo mucha ilusión que de doscientas asociadas me llamaron a mí -reconoce-. Ahora ya sé por qué, porque había mucho trabajo», dice riéndose mientras espera para entrar en una de las reuniones de la asociación.

-¿Por qué entró en Executivas?

-Busqué en Internet una asociación con la que yo pudiera colaborar, porque quería hacer algo por la sociedad, y encontré Executivas. Ni siquiera buscaba que fuese una asociación de mujeres, pero aquí estoy.

-¿Qué les ocupa en la actualidad?

-Acabamos de lanzar Referentes nas Aulas, un proyecto en el que referentes gallegas se acercan a los centros educativos para explicar en qué consisten sus profesiones con el objetivo de ayudar a los estudiantes a encontrar su vocación. ¡Ya me gustaría a mí haber tenido un referente cuando no sabía qué estudiar!

-¿Habría estudiado una ingeniería si una mujer ingeniera fuese a su clase a explicarle en qué consistía su trabajo?

-Seguramente sí, yo pienso como un ingeniero. Eso da una idea de la importancia que tiene este proyecto.

-Faltan referentes femeninas.

-Por eso estamos lanzando un grupo para dar visibilidad a las mujeres en el mundo de la tecnología y la innovación. El objetivo en esta primera fase es hacer una foto de la situación actual para saber por qué en este campo solo hay un 25 % de mujeres, y tratar de buscar soluciones.

Hasta treinta sentados a la mesa, como una piña

Es la segunda de cuatro hermanos; los demás, varones. Ella cree que eso la ayudó a desenvolverse en el mundo de la gestión. «Tuve que aprender muy pronto a organizarme y a no meterme en conflictos», dice entre risas. Para Sara Campos, lo más importante es la familia; y aunque ella y su marido solo tienen un hijo, los fines de semana los pasan rodeados de primos y tíos. «Somos una piña, en verano podemos ser treinta sentados a la mesa. O con mis padres o con mis suegros, siempre estamos en familia, y si de repente a uno se le ocurre hacer un viaje, allá nos vamos todos juntos». También le apasiona en verano navegar por la ría de Vigo y en invierno, esquiar. Y si bien le gusta la lectura, reconoce que los que caen en sus manos son, sobre todo, libros relacionados con el trabajo. «Leo mucho sobre tecnología», asegura.

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