Adiós, árboles de Gran Vía, adiós

Los camelios y naranjos del bulevar no sobrevivirán tras ser trasplantados en Castrelos


Amigos da terra vigo@tierra.org

Si en la primera parte explicábamos el procedimiento para plantar un árbol poniendo todos los medios para que fenezca en este caso es lo mismo, pero vía trasplante. En primer lugar es importante elegir el mejor momento para hacerlo si la idea es que no sobrevivan, que viene siendo exactamente ahora, al final de primavera. A continuación llega el arrancado. Se necesita maquinaria pesada y, por supuesto, el cepellón será el mínimo, porque tampoco vamos a hacer un socavón de cuatro metros por arbolito.

Mutilar las raíces es garantía de éxito a efectos de dificultar que sobreviva. Si le añadimos el detalle de, una vez arrancado, no limpiar, desinfectar y aplicar fungicidas específicos a las palas de la retroexcavadora antes de pasar al siguiente, garantizamos que de existir un árbol infectado por alguna enfermedad fúngica se la contagiaremos a los sanos.

El mismo principio se aplica a sierras y tijeras de podar tanto en las raíces como en las ramas, porque esto también es importante: aplicar una poda radical justo cuando el árbol acaba de hacer todo el esfuerzo de desarrollo primaveral y se quedará sin apenas fuerzas para rebrotar.

La idea es que los árboles enfermos, lógicamente, no se pueden replantar y si conseguimos que enfermen también los sanos, pues la operación será un éxito.

Acto seguido se trasladan los árboles a su destino provisional en Castrelos. Quizás el motivo de llevarlos al otro extremo de Vigo existiendo, mucho más cerca, un vivero municipal en O Castro tenga que ver con aprovechar para que los árboles conozcan la ciudad y, de paso que se despiden de ella, estén un poquito más de tiempo con las raíces al aire que esto siempre ayuda a fastidiarlos.

Cuando en su ubicación temporal, los que se empecinen en sobrevivir, comiencen a desarrollarse repetiremos el proceso para traerlos a su lugar original.

Estadística

Finalmente la estadística, que esto siempre es importante: cada árbol que se saque de la Gran Vía y se traslade a Castrelos puede constar como un árbol plantado allí y, a su vez, el mismo árbol vuelto a plantar en la Gran Vía suma otro más.

El mismo arbolito itinerante se multiplicará a efectos de la contabilidad creativa que el Concello aplica al arbolado urbano. Pero no olvidemos que este sistema se aplicará solamente a los 74 camelios y naranjos del bulevar central de Gran Vía.

A los árboles de gran porte, los 54 tilos y castaños de Indias de los laterales (donde no les afecta la obra) se les aplicará el expeditivo sistema de la motosierra, porque según el argumento oficial: todos los árboles del bulevar central, con sus achaques, se decía que podrían ser recuperables (antes de lo que les van a hacer, claro), pero curiosamente todos los árboles de las aceras laterales, todos los grandes, estaban mortalmente enfermos y no tenían salvación posible.

En esos laterales se plantarán nuevos arbolitos (aquí remitimos a la primera parte de nuestro manual sobre cómo plantarlos para que mueran).

Contaba José Saramago que cuando supo que iba a morir su abuelo recorrió su pequeño huerto abrazando, uno a uno, a todos los árboles que allí crecían. Saramago reflexionaba al final de su propia vida que su abuelo, analfabeto, era la persona más sabia que había conocido y quizás el premio Nobel bien se le podría haber concedido a aquel anciano que abrazaba árboles no por un sentido trascendental de la existencia sino por simple agradecimiento. Hoy solo queremos invitarles a que, si les parece oportuno, se acerquen a la Gran Vía de Vigo y se abracen a los árboles, como despedida y agradecimiento.

Porque una mayoría absoluta proporciona legitimidad democrática, pero no el don de la infalibilidad ni la razón absoluta. Y a quienes defienden esos árboles algún día la historia los terminará absolviendo.

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