Una técnica evita la cesárea a 500 embarazadas con un bebé de nalgas

Ángel Paniagua Pérez
Ángel Paniagua VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

cedida

La versión se aplica en Vigo desde hace diez años y funciona en la mitad de los casos

09 jun 2019 . Actualizado a las 21:38 h.

Medio millar de mujeres han podido evitar una cesárea en el hospital de Vigo en los últimos diez años a pesar de que el niño venía de nalgas. Los ginecólogos ofrecen a las madres realizar una técnica para voltear al bebé sin hacer ninguna operación. Se conoce como versión cefálica externa. Cuando el feto está en posición podálica (de nalgas), los médicos indican una cesárea. Pero si consiguen darle la vuelta al bebé, se puede intentar un parto natural, más seguro que la cesárea, que es una intervención quirúrgica.

Uno de los impulsores de esta técnica fue el ginecólogo Emilio Couceiro, jefe de sección de obstetricia del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo. Couceiro acaba de presentar su tesis doctoral en la Facultad de Medicina de Santiago y de obtener un sobresaliente cum laude por un análisis por los cinco primeros años de la técnica. Es un trabajo dirigido el jefe de su servicio, Carlos López Ramón y Cajal. Desde el 2009, en el Complejo Hospitalario Universitario de Vigo -hasta el 2015 en el Xeral y desde entonces en el Cunqueiro- se han hecho 950 versiones. En el 53 % de los casos (503) lograron darle la vuelta al feto y colocarlo en la posición óptima para el parto vaginal.

«A principios del 2020 llegaremos a las mil versiones. Cuando empezamos se hacía en pocos sitios en España», explica Couceiro. El obstetra explica que prevenir las cesáreas en el primer embarazo de una mujer reduce las posibilidades de que se repita la intervención en sus siguientes gestaciones.

La técnica consiste en algo tan aparentemente sencillo como voltear el feto desde el exterior con las manos. Se administra un calmante a la madre para que el útero esté relajado y se sigue el proceso con ecografía. «Es como enseñar a un niño a dar una voltereta», compara Couceiro. El ginecólogo tiene que desencajar las nalgas del feto de la pelvis y girarlo hasta que la cabeza quede hacia abajo, preparado para el alumbramiento. En la mitad de las ocasiones no resulta posible. Entonces, el embarazo sigue y se indica la cesárea.

La técnica no interrumpe el embarazo. Se hace a partir de la semana 36 de gestación, un proceso de 40 semanas en el que, superada la 37, ya se considera que el bebé no será prematuro.

Emilio Couceiro estudió todos los casos para tener indicadores que predigan el éxito de la técnica. Son seis: haber tenido partos previos (porque la pared abdominal está más distendida), que las nalgas del bebé no estén muy abajo (muy encajadas en la pelvis), que haya suficiente líquido amniótico (quiere decir que el niño tiene más espacio), que la madre no tenga sobrepeso, que la placenta no sea anterior (se interpone entre las manos del médico y el feto) y que el bebé pese más de tres kilos (responde mejor al estímulo). Esto no significa que no se pueda hacer si se incumple algunos de estos factores, pero sí que la probabilidad de éxito es menor.

La intervención no entraña riesgos para la madre ni para el bebé. Sin embargo, el 22 % de las mujeres a las que se les ofrece lo rehúsan. Normalmente, dice Couceiro, alegan que tienen miedo de sufrir dolor o de que tenga consecuencias para el bebé. Los ginecólogos muestran un vídeo a la mujer con una versión practicada por ellos mismos. Pero la última palabra la tiene la madre.

Posición podálica

La tesis de Emilio Couceiro refleja que en el 4 % de los embarazos el feto está en posición podálica. Si no se hace la versión, se hace una cesárea.