«Es una responsabilidad ser referente para las jóvenes»

Es licenciada en Derecho y abogada del Estado, pero también ha sido secretaria y consejera de numerosas compañías nacionales e internacionales. Siempre que pudo compaginó la labor pública con la privada, lo que le dio amplitud de miras y le permitió «ver la realidad en 360 grados». Ahora asume un nuevo reto: es la primera mujer que preside la Corte Española de Arbitraje.


Redacción / La Voz

Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense, premio extraordinario de su promoción, abogada del Estado, experta en arbitraje, directora legal y consejera de Vodafone España, entre otras responsabilidades adquiridas en su extenso currículo, Elena Otero-Novas fue nombrada hace un mes presidenta de la Corte Española de Arbitraje. Es la primera mujer que ocupa el cargo.

-Usted es hija de José Manuel Otero Novas, vigués que fue ministro de Presidencia y ministro de Educación con Adolfo Suárez. ¿Cree que heredó de su padre la constancia y excelencia en el trabajo?

-Él ha sido siempre un ejemplo para mí, pero no sé si he sido capaz de heredar su talento. Sí he aprendido de él la tolerancia y el respeto, también el rigor intelectual y la honestidad; y por encima de todo, algo muy gallego, el ser una buena persona, como digo yo, en el sentido gallego del término: el de hacer todo el bien posible dentro de mis posibilidades. A mí no me toca descubrir América, pero en lo que sí me corresponda, eso tengo que cambiarlo para bien.

-¿Es un orgullo para usted ser la primera mujer que preside la Corte Española de Arbitraje?

-Es un orgullo como profesional y como jurista, porque es un reconocimiento de tus pares. Y un honor como mujer, y espero servir de ejemplo para las que vienen detrás. Me he dado cuenta ya de mayor que hay mujeres más jóvenes que toman a otras como referentes y eso es una gran responsabilidad, ser un referente para ellas. Empezando por mi hija, que estudia Derecho.

-¿Qué es la Corte Española de Arbitraje?

-Pertenece a la Cámara de Comercio de España. Ya en la época medieval las cofradías de comerciantes se organizaban para resolver los litigios entre ellos, y lo hacían echando mano de sus normas y de su experiencia, y además, con discreción. La empresa necesita mecanismos de resolución ágiles y rigurosos en sus controversias y este es un servicio más que da la Cámara.

-¿Qué tipo de litigios le ocupan?

-Todo tipo de litigios que sean susceptibles de arbitraje. Los de penal o laboral tienen que ir a los tribunales, pero en los civiles y mercantiles hay litigios de todo tipo que trata de resolver la Corte, como compraventa de empresas, problemas que puedan surgir en servicios que se contratan... Es un campo muy amplio.

-¿El arbitraje internacional es más complejo por las distintas legislaciones de cada país?

-Para las empresas es muy importante porque se enfrentan a distintas legislaciones y por eso buscan en el arbitraje la resolución de esas controversias que puedan surgir. Buscan un puerto seguro, neutral, que les dé seguridad. Así se evitan ir a los tribunales de ese otro país, que para ellas es algo lejano y desconocido y donde la otra empresa seguramente juega con ventaja.

-¿Hace falta un consenso internacional en derecho mercantil?

-Sí hace falta y ya hay avances por parte de organismos internacionales, algunos con capacidad de generar derecho, como la UE, y otros que proponen leyes modelo y que luego los Estados las van aplicando. La ley española de arbitraje vigente está adaptada a ese modelo y es una manera de ir encontrando esa convergencia. Pero además, el arbitraje internacional en sí mismo es una manera de generar esa convergencia porque los árbitros internacionales van propiciando ese acercamiento. No legislan, pero generan una cultura jurídica comercial internacional.

«Los vaivenes legislativos no son buenos, no se invierte si se duda del escenario»

La Corte Española de Arbitraje asume tres grandes tareas. Por una parte, firmó un convenio con la Corte Civil y Mercantil de Arbitraje y con la Corte de la Cámara de Madrid para crear el Centro Internacional de Arbitraje de Madrid. El objetivo, como explica Elena Otero-Novas, es «tener una Corte más robusta en España, que debería ser capaz de atraer un porcentaje mayor de arbitraje internacional, y sobre todo, con vocación en el ámbito hispanoamericano. Nuestro Código Civil ha influido muchísimo en los códigos civiles iberoamericanos, y no es lógico que no venga una parte importante a España. Se ha firmado el convenio y esperamos que en los próximos meses se ponga en marcha». La Corte se ocupa, además, del arbitraje doméstico y colabora con otras instituciones en la difusión del arbitraje en España.

-¿Preocupa en la empresa la inestabilidad política actual?

-Los vaivenes legislativos no son buenos para las empresas, no se invierte si se duda del escenario. Yo pediría mayor sensibilidad a los líderes políticos. La inversión productiva, que es la que genera empleo, necesita un marco regulativo y fiscal pro inversión y un marco de seguridad jurídica, no se puede estar dando bandazos.

-¿Y los actuales problemas territoriales en España?

- Tenemos que luchar para tener un país que se centre en generar riqueza para poder ofrecer un futuro a nuestros jóvenes y eso necesita de una seguridad jurídica. Todo lo que nos distraiga y aleje de este objetivo es negativo.

-¿No llevamos demasiado tiempo distraídos?

-Pues sí, desde la humildad creo que tenemos que poner el foco en los problemas de futuro que se presentan para nuestros hijos, en el desarrollo económico y social, en un sistema educativo que deje de dar bandazos y en trabajar todos juntos por estos objetivos.

-¿Qué es lo que más le gusta de su profesión?

-Siempre me ha gustado ver la realidad de una manera omnicomprensiva. La formación como abogado del Estado ayuda, y mi experiencia en el campo privado, que ha sido variada y diversa, completa esa formación previa. Todo ello conduce a esa visión omnicomprensiva, a ver la realidad en 360 grados.

Lleva a Galicia en el ADN

Nació en Lugo, donde su padre ejercía como abogado del Estado. «Tengo muy buenos recuerdos de aquellos ríos a los que íbamos a pescar, entre Galicia y Asturias». También de las Rías Baixas y de los veranos en A Toxa, «cuando todavía no estaba urbanizada y era mítica, cuando recogía moras entre las zarzas de la fábrica de jabones. Me impactaba ver la bruma encima del mar y aquellos atardeceres magníficos». A Galicia la lleva en el ADN y ya hizo varias veces el Camino de Santiago. Y un día, de joven, acompañó a sus padres a una boda en Lugo y conoció al que es su marido, Miguel. «De una boda salió otra boda. Él siempre ha sido mi gran apoyo». Tienen tres hijos, Beatriz, Lucas y Pelayo. Todos sienten su raíces gallegas, y quizás el más pequeño, Pelayo, sea el más gallego de los tres, el que les ayudó a buscar en Vigo el refugio familiar, una casa desde la que puede seguir viendo las brumas y los atardeceres gallegos que llevaba en la retina, con las islas Cíes al fondo.

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