¿Adónde van las papeletas después de votar?

Las de Vigo dan para cubrir 2.160 kilómetros y su impresión supone talar 1.500 árboles


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Se preguntaba Silvio Rodríguez adónde van las palabras que no se quedaron y podríamos preguntarnos esta noche adónde irán las papeletas que no se votaron. En el primer caso flotarán eternas (como prisioneras de un ventarrón) y en el segundo se irán al contendor de reciclaje, en el mejor de los casos. Se habla poco del impacto ambiental de una jornada electoral. Por eso hoy queremos poner un solo ejemplo: lo que supone en gasto de papel tomando Vigo como referencia.

Las probabilidades de que el 100 % de los electores decidan votar a un único partido son pocas, pero no es imposible, por lo que cada uno de los partidos tiene que contar con el número de papeletas a disposición de los electores equivalente al total de los mismos, es decir, que en una mesa con un censo electoral de 600 personas tiene que haber en el caso de las municipales en Vigo (once candidaturas) 6.600 papeletas, pero ya veremos que esto no es así. Multiplicado por el total (372 mesas), encontramos que solo en Vigo van a circular hoy, entre las que entran en las urnas y las que se quedan en las mesas, 2.455.200 papeletas. Pero en realidad serán el doble, unos cinco millones de papeletas y un tercio de sobres por esa absurda manía de que existan el doble de papeletas que la totalidad del censo en cada mesa.

Vamos ahora con algunas curiosidades al respecto. ¿Alguna vez se les ocurrió medirlas? Una papeleta tiene 22 centímetros de largo, es decir, más de 540 kilómetros en total. Si empezando por la plaza de España de Vigo las pusiéramos en fila en mitad de la carretera tendríamos una línea continua que terminaría en la plaza mayor de Madrid. Y si quieren intercalar líneas discontinuas al lado recurriríamos a los sobres. ¿Y alguna vez se les ocurrió pesarlas? Pues 620 papeletas pesan un kilo, es decir que solamente las papeletas de las elecciones municipales en Vigo pesan más de 8,3 toneladas.

Pero no olvidemos que se celebran simultáneamente las elecciones europeas (32 candidaturas). Así que vamos con los totales: sumando papeletas y sobres de las elecciones municipales y europeas, en Vigo tendríamos una línea de papeletas que puestas en fila superarían los 2.160 kilómetros, o lo que es lo mismo, una línea continua entre Vigo y Bruselas y nos sobraría para llegar desde allí a las otras sedes del parlamento europeo en Estrasburgo y Luxemburgo (y con los sobres intercalados al lado de la línea continua). El peso total se acerca a las 50 toneladas de papel. Equivalen a más de 1.500 árboles, y se utilizarán nueve millones de litros de agua, consumirán 290.000 kw de energía y emitirán a la atmósfera 65 toneladas de CO2.

Como decíamos, el destino final de esta montaña será, que no siempre se cumple, el reciclaje y aquí empieza el problema. La famosa norma para la gestión de los residuos, conocida como «las tres R» no consiste en reciclar, reciclar y reciclar. Esa erre es la última de un criterio que se establece por orden de prioridades. Reducir y reutilizar van antes. Apliquemos este principio a nuestro ejemplo de caso: si en una mesa electoral en la que tienen derecho a voto 600 personas solamente hubiera 600 papeletas por candidatura o unas pocas más, y no el doble, y solamente 600 sobres en total estaríamos reduciendo la cantidad de residuos generados.

Si las papeletas sobrantes (y las introducidas en la urna una vez contabilizadas) se emplearan como libretas de notas por su cara posterior estaríamos reutilizando, para empezar en los propios colegios de enseñanza que suelen coincidir con los electorales. Y finalmente, una vez reutilizados, es cuando sí que se podrían y deberían reciclar esas papeletas que, en origen, ya deberían obligatoriamente ser de papel reciclado no blanqueado.

La gran pregunta es: ¿y por qué no se hace? En solo seis meses la Unión Europea nos exigirá reciclar tras reducir y reutilizar el 50 % de los residuos urbanos. Si seguimos haciendo lo mismo que hasta ahora sencillamente es imposible llegar a ese objetivo. Para empezar tenemos que lograr un cambio cultural, y hacerlo de forma radical: nuestro planeta no puede soportar esta cultura efímera de usar y tirar.

Una simple papeleta electoral es un buen ejemplo de todo lo que tenemos que cambiar.

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