Aquí comes de lujo a pie de playa

NO SON CHIRINGUITOS, pero están situados tan estratégicamente que con solo dar un paso estás en la arena. Con la comodidad, eso sí, del restaurante de toda la vida y el sabor único de unos platos para chuparse los dedos antes o después del chapuzón

MELISSA RODRÍGUEZ Y CARLOS CRESPO

Comer al borde del mar, casi tocándolo con los dedos o sintiendo la salitre en la cara, es un privilegio que pueden ofrecer muy pocos locales de hostelería. Pero con las vistas no se come, y eso todo el mundo lo sabe. Quizás nos estamos adelantando un poco, porque para el 40 de mayo aún queda casi medio mes, pero como la meteorología anda loca, con picos de calor y frío que te llevan de las sandalias al abrigo, no es descabellado ir pensando en comidas bajo la sombrilla y cenas al aire libre con puesta de sol.

Desde luego, si se comiera con las vistas, en O Con de Aldán el cliente se quedaría satisfecho con solo sentarse en su terraza y anclar su mirada en los alrededores. Pero es que además, el comensal puede atreverse con toda confianza a pedir la carta y probar algunos de sus platos. Lo puede certificar la responsable del local, Marisa Barrio, que lleva ya 20 años al otro lado de la ría de Vigo, nacionalizada ya como ciudadana de Cangas de O Morrazo, municipio al que Aldán pertenece. En el restaurante del que se ocupa Roberto Oliveira como jefe de cocina, dan lo que tienen cerca. «Fresco, producto de cercanía», apunta. La lista de opciones en una carta breve pero interesante, la lideran los pescados y los arroces junto al pulpo, las navajas o los mejillones que salen del mar no muy lejos de allí, aunque también tiene ensaladas y empanadas que varían según la época. «Es además comida sana porque casi todo es a la plancha, no hacemos fritos», subraya añadiendo que los postres también son de lujo porque son caseros y los hace cada día Roberto.

Marisa, que nació en O Barco pero a los 4 años ya correteaba por Vigo, no es solo la gerente del local, sino también de La Casa de Aldán, una casa rural con encanto que se encuentra a unos pasos del restaurante y que es uno de los espacios dinamizadores de la zona en el que se celebran eventos privados pero también actividades abiertas al público, como conciertos de jazz o clásica. O Con no cierra ningún día, ni en invierno ni en verano, precisamente porque da también servicio al establecimiento hotelero que brotó como una isla de paz en lo que en el siglo pasado fue una antigua fábrica de salazón. Además, aprovechan el vacío que queda cuando los restaurantes de los alrededores se ponen de acuerdo para cerra los lunes.

El local es pequeño pero muy acogedor. El interior, diáfano entre gruesos muros de piedra, es la opción invernal. En cuanto sale el sol despliegan la terraza y sentarse en ella a comer es como para añadirlo en el precio. La ría de Aldán es tranquila. Los barcos flotan allí como en un plato de sopa. Antes solo había las chalanas de madera de los pescadores, pero hace tiempo ya que el paisaje se ha vuelto menos marinero y desde O Con se aprecian ahora unos cuantos barquitos y en verano, muchos yates de recreo con la playa de Aldán detrás y la de Vilariño al fondo.

Y de postre....A Rapadoira 

Rapadoiras es el nombre que recibe un dulce que se elabora en Foz y que imita la forma de las rocas del arenal homónimo. Aunque la playa focense de A Rapadoira en sí... bien vale como opción de postre, sobre todo en el caso de aquellos que están en plena operación bikini o prefieren endulzar la vida con lo que sea, menos con... «asúcaaaarrr!!!». A Rapadoira es «vecina» de Casa Damián, restaurante abierto en primerísima línea de costa y que el próximo mes de junio cumplirá ocho años de existencia, aunque desde hace dos se produjo un cambio de dueño en el local. Ahora lo regenta Antonio Castro Fernández, junto a su mujer Herminda Moscoso Rega. Los cimientos en los que se sostiene el establecimiento hostelero tienen que ver, precisamente, con el cercano mundo del mar pues allí mismo estuvo, hasta la demolición del edificio, una conservera que había sido fundada en 1950. Casa Damián decidió mantener su nombre y, a mayores, le dio un aspecto de tienda antigua al interior. «Incluso hai papel de elefante. O único, que o local realmente non é unha tenda», explica Antonio Castro.

En el comedor caben 90 personas, en la terraza unas 70 y además está la cafetería, que aumenta capacidad. La segunda tiene toldos y está cerrada con cristal, permitiendo mantener en nuestra línea visual a la bella y tentadora Rapadoira.

Y es que está tan cerca, que apetece desde ¡ya! darse un chapuzón, en un arenal del que además se dicen maravillas por la cantidad de yodo en sus aguas. Es uno de los «elegidos» de A Mariña para beneficiarse de los famosos baños de septiembre. Ir a bañarse a una de las playas más reclamadas de Foz, al lado del casco urbano, puede ser la guinda perfecta del menú. En Casa Damián, a modo de sugerencia, podía estar compuesto por sus platos más demandados. Según Antonio Castro, «peixes e arroces, como arroz con lumbrigante e o arroz do señorito. Chámase así porque vai todo escascado e o comensal non ten que manchar as mans. En canto a peixes, o sanmartiño está moi de moda, e non sei por que... pero tamén funcionan a pescada, o bacallau e o rape».

El local solo cierra un día al año: el 1 de enero. Así que tenemos 364 para ponernos las botas en Casa Damián y después... bañito. Algún cliente sí que aparece en bañador, confiesa, pero raras veces. Sí que hasta llegar al agua, «hai uns 200 metros dende aquí» y toca pisar arena, salvo si se va por un acceso lateral más directo. La ventaja del tramo largo es que ganas tiempo para hacer la digestión. Y así no te reñirá mamá.

San Francisco

Si lo que apetece es subirse a un barco y comer de lo más exquisito en compañía de unas inmejorables vistas, el lugar perfecto es el restaurante San Francisco, sin necesidad de navegar. Situado en el acantilado de la playa Area Maior de Malpica, en la Costa da Morte coruñesa, cuenta su dueño, Ignacio Cancela, Nacho, que los clientes no solo acuden a su local por la cocina tradicional que lo caracteriza sino, también, por las vistas: «Cando chaman para reservar mesa, pídennos unha dende a que se vexa o mar. Nós intentamos explicarlles que se contempla dende calquera parte, pero non o cren». Y no es para menos. Con el culo sentado en el sillón, la vista disfruta del Atlántico en su máximo resplandor, con el cabo San Adrián y las mismas islas Sisargas enfrente.

No se queda atrás el homenaje que se da el gusto de la gente que hasta allí se acerca con una selección de pescados y mariscos de la zona de lo más frescos, comprados cada día en la subasta que se realiza en la lonja del pueblo. El sanmartiño, el badexo, la raya o el rodaballo son solo algunos de los pescados que cocinan a la plancha o en caldeirada. Entre los mariscos, van desde los más básicos como las navajas, las almejas, las zamburiñas y los percebes, a otros que dependen de las temporadas de veda como el centollo, el buey de mar, las nécoras o el bogavante. También tienen una amplia variedad de carnes como el entrecot o la croca, así como raciones de lo más variadas entre las que triunfan el chopo en tinta, los chipirones encebollados, el raxo de cerdo bañado en Pedro Ximénez y la tortilla de grelos o de chorizo. El precio es bastante asequible.

Las recetas son todas de la abuela Adelina Alfeirán, que cogió el negocio en el año 1983. La madre de Nacho, Leonor Rojo, Tita, las aprendió al detalle.

«¿No tenéis marisco?». Esa es la pregunta a la que Rafael Baya ha tenido que contestar en más ocasiones en los 12 años que lleva ejerciendo de jefe de sala del restaurante Plácido, en Carril. La explicación que genera tan frecuente inquietud la resuelve él mismo. «Nos interesa más atender la demanda local diaria que solo a la foránea de temporada».

Pero que nadie se eche las manos a la cabeza. Claro que hay mariscos en la carta del Plácido. Lo que ocurre es que se presentan de un modo diferente. Es el caso, por ejemplo, de la ensalada templada de zamburiñas y langostinos, uno de los platos que ya estaban en la carta original de este local carrilexo. Esa pequeña vuelta de tuerca, ese toque sutil de diferenciación, ese mimo por las elaboraciones, ese respeto por el producto son solo algunas de las cuestiones que hacen singular la cocina de este restaurante ubicado en las instalaciones del hotel Carril. Otra, evidentemente, es su ubicación.

Desde los ventanales de sus dos comedores y desde su privilegiada terraza se contempla uno de los rincones más coquetos de la ría de Arousa y, si la climatología es propicia, unos increíbles atardeceres. El mar se escucha reposando suave en la cercana arena. Y queda evidente también en su cocina. Platos como el raxo de pulpo a la plancha sobre espuma de patata y pimentón de la Vera son un clásico del restaurante. Pero los fogones del Plácido tienen su otro gran sustento y parte de su esencia en el otro gran tesoro del Salnés: las verduras. Y ahí sobresale la parrillada de verduras frescas, el risotto de verduras con langostinos a la plancha, amén de las consistentes guarniciones de verduras rehogadas o brotes tiernos que acompañan los platos de carnes y pescados.

En una visita al Plácido no conviene dejar de lado su bodega, con 150 referencias de 24 denominaciones de origen. Hallar entonces la opción perfecta para maridar vino, gastronomía y paisaje es tan sencillo como dejarse seducir por los incontables encantos que allí nos rodean.

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