Aquí comes de lujo a pie de playa

BEGOÑA R. SOTELINO / YOLANDA GARCÍA / MELISSA RODRÍGUEZ Y CARLOS CRESPO

VIGO CIUDAD

XOAN CARLOS GIL

NO SON CHIRINGUITOS, pero están situados tan estratégicamente que con solo dar un paso estás en la arena. Con la comodidad, eso sí, del restaurante de toda la vida y el sabor único de unos platos para chuparse los dedos antes o después del chapuzón

25 jul 2019 . Actualizado a las 10:21 h.

Comer al borde del mar, casi tocándolo con los dedos o sintiendo la salitre en la cara, es un privilegio que pueden ofrecer muy pocos locales de hostelería. Pero con las vistas no se come, y eso todo el mundo lo sabe. Quizás nos estamos adelantando un poco, porque para el 40 de mayo aún queda casi medio mes, pero como la meteorología anda loca, con picos de calor y frío que te llevan de las sandalias al abrigo, no es descabellado ir pensando en comidas bajo la sombrilla y cenas al aire libre con puesta de sol.

Desde luego, si se comiera con las vistas, en O Con de Aldán el cliente se quedaría satisfecho con solo sentarse en su terraza y anclar su mirada en los alrededores. Pero es que además, el comensal puede atreverse con toda confianza a pedir la carta y probar algunos de sus platos. Lo puede certificar la responsable del local, Marisa Barrio, que lleva ya 20 años al otro lado de la ría de Vigo, nacionalizada ya como ciudadana de Cangas de O Morrazo, municipio al que Aldán pertenece. En el restaurante del que se ocupa Roberto Oliveira como jefe de cocina, dan lo que tienen cerca. «Fresco, producto de cercanía», apunta. La lista de opciones en una carta breve pero interesante, la lideran los pescados y los arroces junto al pulpo, las navajas o los mejillones que salen del mar no muy lejos de allí, aunque también tiene ensaladas y empanadas que varían según la época. «Es además comida sana porque casi todo es a la plancha, no hacemos fritos», subraya añadiendo que los postres también son de lujo porque son caseros y los hace cada día Roberto.

Marisa, que nació en O Barco pero a los 4 años ya correteaba por Vigo, no es solo la gerente del local, sino también de La Casa de Aldán, una casa rural con encanto que se encuentra a unos pasos del restaurante y que es uno de los espacios dinamizadores de la zona en el que se celebran eventos privados pero también actividades abiertas al público, como conciertos de jazz o clásica. O Con no cierra ningún día, ni en invierno ni en verano, precisamente porque da también servicio al establecimiento hotelero que brotó como una isla de paz en lo que en el siglo pasado fue una antigua fábrica de salazón. Además, aprovechan el vacío que queda cuando los restaurantes de los alrededores se ponen de acuerdo para cerra los lunes.

El local es pequeño pero muy acogedor. El interior, diáfano entre gruesos muros de piedra, es la opción invernal. En cuanto sale el sol despliegan la terraza y sentarse en ella a comer es como para añadirlo en el precio. La ría de Aldán es tranquila. Los barcos flotan allí como en un plato de sopa. Antes solo había las chalanas de madera de los pescadores, pero hace tiempo ya que el paisaje se ha vuelto menos marinero y desde O Con se aprecian ahora unos cuantos barquitos y en verano, muchos yates de recreo con la playa de Aldán detrás y la de Vilariño al fondo.

Y de postre....A Rapadoira 

Rapadoiras es el nombre que recibe un dulce que se elabora en Foz y que imita la forma de las rocas del arenal homónimo. Aunque la playa focense de A Rapadoira en sí... bien vale como opción de postre, sobre todo en el caso de aquellos que están en plena operación bikini o prefieren endulzar la vida con lo que sea, menos con... «asúcaaaarrr!!!». A Rapadoira es «vecina» de Casa Damián, restaurante abierto en primerísima línea de costa y que el próximo mes de junio cumplirá ocho años de existencia, aunque desde hace dos se produjo un cambio de dueño en el local. Ahora lo regenta Antonio Castro Fernández, junto a su mujer Herminda Moscoso Rega. Los cimientos en los que se sostiene el establecimiento hostelero tienen que ver, precisamente, con el cercano mundo del mar pues allí mismo estuvo, hasta la demolición del edificio, una conservera que había sido fundada en 1950. Casa Damián decidió mantener su nombre y, a mayores, le dio un aspecto de tienda antigua al interior. «Incluso hai papel de elefante. O único, que o local realmente non é unha tenda», explica Antonio Castro.

En el comedor caben 90 personas, en la terraza unas 70 y además está la cafetería, que aumenta capacidad. La segunda tiene toldos y está cerrada con cristal, permitiendo mantener en nuestra línea visual a la bella y tentadora Rapadoira.

Y es que está tan cerca, que apetece desde ¡ya! darse un chapuzón, en un arenal del que además se dicen maravillas por la cantidad de yodo en sus aguas. Es uno de los «elegidos» de A Mariña para beneficiarse de los famosos baños de septiembre. Ir a bañarse a una de las playas más reclamadas de Foz, al lado del casco urbano, puede ser la guinda perfecta del menú. En Casa Damián, a modo de sugerencia, podía estar compuesto por sus platos más demandados. Según Antonio Castro, «peixes e arroces, como arroz con lumbrigante e o arroz do señorito. Chámase así porque vai todo escascado e o comensal non ten que manchar as mans. En canto a peixes, o sanmartiño está moi de moda, e non sei por que... pero tamén funcionan a pescada, o bacallau e o rape».

XAIME RAMALLAL

El local solo cierra un día al año: el 1 de enero. Así que tenemos 364 para ponernos las botas en Casa Damián y después... bañito. Algún cliente sí que aparece en bañador, confiesa, pero raras veces. Sí que hasta llegar al agua, «hai uns 200 metros dende aquí» y toca pisar arena, salvo si se va por un acceso lateral más directo. La ventaja del tramo largo es que ganas tiempo para hacer la digestión. Y así no te reñirá mamá.