Radiografía del delincuente juvenil

Más de 750 adolescentes fueron investigados por delitos en la provincia en el último año. Uno de cada siete fue procesado por dar palizas en su hogar, la cifra más alta de Galicia


vigo / la voz

La imagen habitual del delincuente juvenil en Vigo y la provincia es la de un integrante de una pandilla que da palizas a otros menores para robarles el móvil o la paga. Pero el drama se esconde en su propia casa. El mayor número de procesados es por lesiones y por violencia doméstica. Arremeten contra sus padres, hermanos o incluso abuelos.

Precisamente, el Juzgado de lo Penal número 3 de Vigo condenó ayer a un joven, por conformidad, por pegar puñetazos a su hermano. En el 2017, había sido condenado por agredir a la abuela, de la que tuvo que cumplir alejamiento del piso donde ella vivía. Luego, volvió a la vivienda y se enfrentó al hermano.

Algunos abogados de Vigo que trataron con menores acusados de delitos observan que la criminalidad juvenil se ciñe sobre todo al ámbito más cercano: a su familia, a su novia o a sus compañeros de clase o de discoteca. «Sobre todo veo violencia doméstica hacia sus padres y lesiones en peleas», dice la letrada Ana García Costas.

A veces, estas rencillas entre jóvenes y sus familiares vienen de lejos. Uno de cada siete menores procesados cometió delitos de violencia doméstica. De los 756 investigados en el 2018, casi cien montaron trifulcas en casa. La Fiscalía, según la memoria del 2019, registró el año pasado 95 infracciones en la provincia perpetradas por adolescentes en el hogar. Daban palizas a familiares. Es la cifra más alta de Galicia, seguida de A Coruña, con 89.

A mayores, siete adolescentes de las Rías Baixas fueron procesados por dar palizas a sus novias. La Fiscalía los investigó por un delito de violencia de género.

En cuanto a la violencia sexual, el Ministerio Público ha actuado contra seis menores como supuestos autores de agresión sexual y otros 14 por abusos.

Otros 98 menores de Vigo y provincia de Pontevedra se vieron involucrados en delitos de lesiones, la mitad que en A Coruña. Son palizas a víctimas que necesitaron asistencia médica. Otros 109 menores fueron procesado por delitos leves contra las personas por causarles contusiones poco importantes pero son la cifra más numerosa de Galicia.

Los delitos violentos también se refieren a los enfrentamientos contra las autoridades, ya sea por resistencia a ser detenidos o atentados. Hubo 15 menores procesados por estas desobediencias a la policía y otro más fue encausado por desórdenes públicos.

Con la llegada de la nueva ley, la letrada Esther Lora llevó varios casos de menores. Ahora menos. «El perfil del delincuente juvenil es, en su mayoría, el de un chico. Las chicas son menos aunque van en aumento. Principalmente, los investigan por agresiones y pequeños hurtos. Y la mayoría son chavales de estratos sociales bajos», dice esta abogada.

Hay que tener en cuenta que en el último lustro, la Guardia Civil ha desmontado dos pandillas juveniles, caso de los Chukis y los Betas, esta última liderada por veinteañeros aunque en sus filas tenían menores. Las estadísticas revelan esa realidad. Los delitos leves contra el patrimonio (robos) llevaron a 96 menores a comparecer ante el juez especializado de Pontevedra. A mayores, la Fiscalía encausó a 42 adolescentes por robos con fuerza y a 28 por atracos o tirones. Otros 53 actuaron al descuido y hurtaron móviles o dinero. Por tráfico de drogas, hubo ocho casos.

El vandalismo es otro delito que se asocia a los adolescentes por romper mobiliario urbano. La Fiscalía procesó a 40 menores de la provincia por causar daños, cifra por debajo de Lugo (41) y A Coruña (63).

Los delitos de tráfico también suponen un capítulo importante: un menor fue investigado por conducir ebrio o drogado y 13 de ellos por ponerse al volante sin haber sacado el carné nunca.

Una abogada: «Muchas parejas de menores tienen un comportamiento demasiado sumiso»

La abogada García Costas dice que los menores investigados por delitos reaccionan con violencia hacia su entorno. «La mayoría son problemas de falta de respeto hacia cualquier persona que suponga tratar de educarles y ponerles límites», explica. Añade que «a consecuencia de esa falta de respeto y falta de límites, se ve involucrado en peleas con otros jóvenes sin un motivo serio (porque no les gusta la música que escucha el otro, por ejemplo) y también por delitos de violencia de género hacia sus parejas que tienen muchas veces un comportamiento excesivamente sumiso».

Estas tropelías son castigadas. Al ser menores, no van a prisión pero pueden acabar ingresados en centros con distintos grados de vigilancia y libertad. «Yo he tenido uno que ha estado en un centro internamiento cerrado y los demás en programas de reeducación», dice García.

De los 758 menores procesados, solo cinco acabaron internados en centros cerrados, 31 de ellos, gozaron de régimen semiabierto y uno ingresó en una institución terapéutica. Casi 100 estuvieron libertad vigilada y 18 hicieron trabajos comunitarios. En otros 61 casos, se archivó la investigación porque el autor tenía menos de 13 años. Otros 282 asuntos fueron archivados y de 330 sentencias dictadas contra menores, solo hubo 29 absueltos.

En 20 casos, las medidas más duras se redujeron o sustituyeron por otras. Otros veinte menores fueron procesados de nuevo por quebrantar su condena y a 22 les cancelaron anticipadamente la pena. El mejor parado solo recibió una amonestación del juez.

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