«Quien duerme en la calle en Vigo es porque quiere»

De familia represaliada, Isaura Abelairas asegura que la gran lección de su padre fue «respetar al que no piensa igual»


vigo / la voz

Embarazada, conducida en un Land Rover que escalaba por un cortafuegos, llegó a su primer trabajo en la aldea de Corneantes (Cervantes). La escuela no era más que un altillo de madera en una cuadra con un hueco en el centro desde el que los niños seguían el deambular sin patrón de los cerdos.

Isaura Abelairas es sonrisas y lágrimas. Ríe contando su vida. Llora recordando las miserias y persecuciones que vivió ella y sus padres. Carabinero en la República y militante del PCE, Abelairas padre llegó a ser recluido en un campo de concentración en Pinto (Madrid). «Hasta fue denunciado por matar al cura y quemar una iglesia, pero el cura seguía vivo y la iglesia estaba intacta», dice la diputada provincial y concejala del PSOE en Vigo describiendo un clima continuo de represalia y denuncias falsas. «Éramos una familia muy, muy, muy humilde y la posguerra aún lo agravó más», recalca. «Trabajaban en el campo a cambio de comida, de las patatas que quedaban en el suelo después de recogérselas a los dueños», recuerda de su infancia en la aldea de Castelo (Taboada).

De las persecuciones políticas y del enfrentamiento armado su padre le dio una lección: «‘en las guerras todos pierden’. Esa es una verdad absoluta», apostilla remarcando que su progenitor le inculcó para siempre el respeto al que piensa distinto.

Llegó a Lugo en los años sesenta para enfrentarse al examen para una beca. «Para mi era como Nueva York», dice mientras confiesa que de niña cada vez que veía un avión sobre su cabeza soñaba que al aparato se le caía una maleta llena de dinero. «De esa manera no habría posibilidad de devolverlo», pensaba. «Era una época en la que no tenías nada, pero lo soñabas todo».

«Los examinadores me preguntaban en castellano, y me quedé clavada. Yo solo sabía hablar gallego». Un cura que decía haber conocido a otro Abelairas se ofreció a hacerle las pruebas en el idioma de casa. Y aprobó.

«Llevaba la revolución en las venas. Renuncié a un premio de lectura con 13 o 14 años porque el texto era sobre José Antonio Primo de Rivera». Le hubiera gustado estudiar medicina, pero magisterio era «lo que nos podíamos permitir, lo que había en Lugo».

«Las injusticias me superan», dice ella, ahora diputada provincial encargada de Igualdad y concejala de Benestar Social en Vigo. Consciente de que puede ser polémico, asevera que «quien duerme en la calle en Vigo es porque realmente quiere», dice insistiendo en que el Ayuntamiento ha puesto todos los medios para evitarle a cualquier persona que tenga que refugiarse en portales o edificaciones abandonadas. Pero admite que es consciente de que siempre hay quien pone en cuestión dicha afirmación. «Algunos se niegan a admitir ayuda», pero reitera la disposición del Concello a encauzar a los necesitados a los servicios públicos y organizaciones de asistencia.

«Es imposible la gestión sin ideología», dice para poner en valor la apuesta de «Abel Caballero por el bienestar social. ¡Cuánto hicimos y cómo empezamos!», suspira para añadir que hasta cuenta con una partida económica sin límite para atender a los casos más urgentes. «Humanizar una calle es política social también, es bajar el nivel de las aceras para las personas con movilidad reducida, es crear empleo, dar vida a los comercios de una zona...».

Y vuelve a su negociado. «Hay gente que no tiene nada, no te puedes imaginar lo que te encuentras», pero también advierte, «hay otros casos que no son como se cuentan, pero nosotros no podemos revelar nada».

Abel Caballero y ella llevaron a Pedro Sánchez a comer al albergue municipal hace unos años. «Dijo que había que exportar ese modelo a toda España».

Da gracias a Carmela Silva por ponerla al frente de un área que no existía en la Diputación, la de Igualdad. «El otro día un hombre de 80 años se interesó en una charla en Agolada por el caso de una persona trans. Lo explicamos y dijo: Aquí tienen desde hoy en el pueblo un agente de igualdad. Y vivir eso es impagable».

La sonrisa se vuelve a truncar con alguna lágrima al hablar del cáncer. Asegura estar bien, pero alerta. Su diagnóstico es crónico. Quizás por eso Isaura ha optado por desnudarlo en las redes sociales. «Lo hago para dar las gracias de poder seguir todos los días, porque la verdad es que me ha servido para poner los pies en la tierra».

DE DÓNDE VIENE

¿Cuál fue su primer trabajo?

Maestra en la aldea de Corneantes (Cervantes) por unas 3.000 pesetas. Toda la aldea era de la familia Rosón.

¿Votó alguna vez a otro partido?

No. Y peleé por poder votar en las primeras municipales, porque habían borrado del censo a todo el barrio de Torrecedeira. 

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