Víctor Alonso: «Las sombras que avanzan sobre Europa amenazan la fe en la razón y el progreso»

El historiador y catedrático de la Universidade da Coruña afirma que «si perdemos el espíritu crítico, le abrimos la puerta a toda clase de fanatismos»


Ferrol

Víctor Alonso Troncoso (Vigo, 1957), historiador, catedrático de la Universidade da Coruña y profundo conocedor de las raíces sobre las que se asienta el alma de Europa, es de esos hombres que aún se emocionan cada vez que regresa a pasajes de la Odisea como el que relata la llegada de Ulises a Ítaca, su vieja patria, tras vencer a la muerte. O cuando recuerda -dirigiendo en ese caso su mirada a otros cantos homéricos, a los de la Ilíada- la ira de Aquiles, el héroe que acabará por arrastrar el cadáver del príncipe Héctor ante las murallas de Troya. Ni que decir tiene que Víctor Alonso, con toda la naturalidad del mundo, a Homero lo recita de memoria y en griego (aunque aclarando de inmediato a quien lo escucha, eso sí, qué versos son los que está declamando). Como salta a la vista, sigue siendo un auténtico enamorado de los tesoros de la cultura clásica. Cosa que no le impide analizar, muy atentamente, los vaivenes y sobresaltos que tanto abundan en la actualidad.

-¿No tiene a veces la sensación de que la cultura está dejando de ocupar en Europa el lugar que habitó durante tantos siglos...?

-Bueno, mire usted: a menudo se habla del retroceso de la cultura, pero yo no estoy muy seguro de que de verdad la cultura esté retrocediendo, de que la palabra sea esa. Porque es evidente, por ejemplo, que la cultura científica no está precisamente postergada en Europa. Aunque, dicho esto, habrá que reconocer que igual de cierto es que la cultura humanística vive una situación muy diferente, porque se la está abocando a un gravísimo proceso de desvalorización. Lo cual me parece más que preocupante, por supuesto. No olvidemos que la propia palabra, cultura, ya nos remite, por sí misma, a la idea del lugar de cultivo, y nosotros no deberíamos renunciar jamás a que Europa sea un lugar en el que se cultiva, inteligentemente, el espíritu crítico.

-Se le ve preocupado.

-Sí, porque lo estoy. Las sombras que avanzan sobre Europa amenazan la fe en la razón y el progreso. Si perdemos el espíritu crítico, le abrimos la puerta a toda clase de fanatismos y fundamentalismos.

-¿Estamos perdiendo la capacidad de mirar más lejos?

-Sí, creo que sí. Estamos perdiendo la capacidad proyectiva. Pero, en el fondo, eso casi no importa, ya...

-¿No importa poder ver lo que se nos viene encima?

-¿Lo que se nos viene encima, dice...? ¡Lo que se nos viene encima ya está aquí. Vivimos un tiempo de adoración de la tecnología y la mercadotecnia en el que la humanidad ya está contra las cuerdas. La lógica inmisericorde de los mercados está arrinconando el pensamiento.

-Usted es un gran estudioso de la sociedad rural gallega.

-Me interesa mucho, sí. Y estoy convencido de que, por desgracia, cuando desaparezca la última generación de la Galicia campesina, todo un mundo morirá.

«La cultura de la cortesía siempre ha sido una seña de identidad ferrolana»

Sostiene Víctor Alonso que «en Ferrol, históricamente, se han dado la mano las Humanidades y una milicia ilustrada, una milicia repleta de marinos cultos y cosmopolitas». Algo que -e insiste en ello- ha sucedido en muy pocos lugares, y que, a lo largo del tiempo ha sido una constante en la ciudad. «Aquí, en Ferrol -comenta-, siempre ha tenido una gran importancia, por ejemplo, la cortesía»

-¿La cortesía?

-La cortesía, sí. Pero entiéndame, por favor, porque no me gustaría que se me malinterpretase. Cuando yo hablo de la cortesía no estoy hablando de algo que pudiera relacionarse con un cierto envaramiento de las costumbres, sino con otro valiosísimo fruto de la cultura, que pasa por cultivar una determinada forma de existir. Y esa milicia ilustrada de la que le hablo, que encarnaron magníficamente los almirantes Miguel Fernández y Gabriel Portal Antón, es el reflejo de ello. Son marinos que han viajado mucho, que han estudiado mucho, que han leído mucho, que son conscientes del valor de las Humanidades y que reflejan todo ello en la soltura con la que se mueven en el mundo, en la generosidad con la que tratan a los demás, en la elegancia del lenguaje y de las formas. La cultura de la cortesía siempre ha sido una seña de identidad ferrolana. Esa cortesía, e insisto en subrayar el término, que fue algo también muy presente en Cervantes, a quien nunca le faltó el valor, como no le faltaron, tampoco, ni la experiencia vital ni la cultura humanística que le permitieron escribir el Quijote.

-¿Ferrol será Patrimonio de la Humanidad?

-No lo sé. Pero lo que sí sé es que merece la pena intentarlo. Porque es muy importante que en Ferrol sepamos caminar juntos, superar las diferencias.

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