Un millar de venezolanos con el alma en vilo

Temor y esperanza entre la comunidad del país que vive en Vigo, mayoritariamente contraria al régimen


vigo / la voz

Casi un millar de venezolanos residen oficialmente en Vigo, según los datos del Instituto Nacional de Estadística. La asociación que los agrupa eleva la cifra hasta los 2.500 contando con los emigrantes retornados. Todos ellos están viviendo con una gran preocupación, pero también con mucha esperanza, el desarrollo de los acontecimientos en su país.

La inmensa mayoría del contingente venezolano en la ciudad, el cuarto más numeroso tras portugueses, brasileños y rumanos, son contrarios al régimen de Nicolás Maduro. La llegada de oriundos de ese país se ha incrementado en los últimos años al agravarse la crisis social y económica. El presidente de la Asociación de Venezolanos en Vigo, Manuel Pérez, asegura que la radiografía de la comunidad local es bastante diversa. «Ahora están llegando muchos profesionales y familias con hijos pequeños. El primer perfil que llegó fue el emigrante retornado pensionista, que vino a buscar a España una tranquilidad para su salud, pero ahora están viniendo sus hijos y una población más joven», asegura.

La sede del colectivo en la calle Pino volvió a convertirse ayer por la tarde en un punto de encuentro entre los venezolanos para compartir la información que les va llegando sobre el conflicto del país. «Tenemos muchas esperanzas, pero también tenemos mucho miedo y esperemos que Maduro se vaya para poder volver a trabajar en una democracia», señalaba Gladys Rodríguez, que lleva 17 años viviendo en Vigo. Mónica Janeiro afirma que viven horas en vilo y de mucha tensión por sus familiares. «Esperemos que esta sea la definitiva», aseguraba ayer.

Los chavistas son minoría en Vigo. Se agrupan en el comité galego bolivariano creado hace doce años. Su presidente es Lois Pérez Leira, que dice representar «a la mayoría de los partidos de izquierda progresista». Actualmente centra su actividad en el envío periódico de medicamentos. Habla de «patético golpe de estado» y le niega apoyo popular.

Envío de miles de medicinas desde Vigo empaquetadas por dos voluntarias venezolanas y un sacerdote jesuíta

Venezuela necesita mucha ayuda humanitaria para paliar las necesidades de una población cada vez más empobrecida y Vigo es sensible a esta demanda. Dos voluntarias de este país coordinan con el sacerdote Benito Santos el envío masivo de medicamentos desde la iglesia de Los Apóstoles, en la calle Velázquez Moreno. Farmacias, particulares y personal sanitario donan los medicamentos que Lisbeth Rojas e Ysabel Reno se encargan de empaquetar dedicando muchas horas de su tiempo libre. El apoyo económico de los feligreses permite costear el envío de todas las medicinas por barco o avión mediante una agencia de transporte. Las dos venezolanas radicadas en Vigo se encargan de comprobar que las medicinas llegan a quienes lo necesitan. Una de las condiciones que piden a los beneficiarios es que les manden fotografías mostrando cómo les ha llegado la ayuda. Así pueden comprobar que reciben los productos médicos con mucha emoción.

 Sin envoltorios

Las medicinas llegan a Venezuela sin las cajas de los envoltorios. Lisbeth e Isabel se encargan de quitarlas y envolver las medicinas y los prospectos con papel adhesivo. De esta forma, aligeran peso para abaratar los costes del transporte y se aseguran de que los medicamentos no serán vendidos o cambiados por comida al llegar a su destino. Antibióticos, pañales, antidepresivos, prendas para vendaje, relajantes musculares, insulina o pastillas para la tensión arterial son algunos de los productos que envían a su país de origen. Les reconforta saber que gracias a este trabajo están salvando vidas. «Muchas personas mueren por no tener una pastilla para regular la tensión o insulina. Gracias a las donaciones, eso lo tenemos nosotros y lo podemos facilitar», señala Ysabel Reno. Gracias a un medicamento que enviaron lograron salvar la vida de un bebé que tenía una enfermedad cardiaca.

Desgraciadamente, la ayuda no llega a tiempo. Lisbeth Rojas expone el caso de una mujer que se suicidó antes de que llegara el antidepresivo que le habían enviado.

Los beneficiarios son personas que, a través del boca a boca, saben del trabajo que las dos voluntarias venezolanas realizan con el padre, dado que no se publicitan en las redes sociales. Los casos para ayudar les llegan a través de famlias que saben de otras famlias que han recibido ayuda.

El sacerdote jesuita Benito Santos, que está a punto de cumplir 50 años de servicio pastoral en la iglesia de Los Apóstoles, destaca la solidaridad de los feligreses apoyando esta iniciativa. «Tenemos varias agencias especializadas en el envío de las medicinas y lo están haciendo muy bien. Los precios son asequibles y hemos motivado a la gente, que responde muy bien», asegura.

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