El mapa del trapicheo de drogas en Vigo

La venta se ramifica, con más camellos y narcopisos, mientras la policía detecta productos muy adulterados: la pureza de la coca en la calle es de un 25 %, la de la heroína, entre un 8 y un 12 %

Material requisado en una operación contra la droga en Vigo
Material requisado en una operación contra la droga en Vigo

VIGO / LA VOZ

«Consume el conductor que está al volante del autobús que le lleva a casa porque quiere hacer horas extra sin sentir calambres en las cervicales, una compañera de trabajo que esnifa solo el sábado para divertirse. Si no es su jefe, es su mujer, que lo hace para dejarse llevar. Si no es su mujer es su amante, a quien él se la regala en lugar de pendientes. Incluso el camionero que trae café a los bares o la enfermera que está cambiándole el catéter a su abuelo y hace que todo parezca más liviano». El crudo retrato, del periodista italiano Roberto Saviano en su libro CeroCeroCero (2013), es común a cualquier ciudad de Europa. Ya sea inhalando (cannabis o heroína), esnifando (coca), inyectando (heroína) o ingerido (pastillas u otras drogas sintéticas). Vigo, la primera población de Galicia y la decimocuarta de España, no es ajena a esta nociva realidad. La Policía Nacional lo sabe bien, de ahí que se vuelque en la lucha contra el trapicheo a través del Plan Especial de Lucha Contra el Tráfico Medio de Drogas de la comisaría de Vigo. Fariña, caballo y canutos son los enemigos a retirar de la calle, esta es la casuística de cada estupefaciente, su mercado, vendedores y compradores en la ciudad.

Cocaína

El gran negocio. El polvo blanco más caro del mundo tiene perfectamente definidas sus zonas de venta en Vigo. «La mayor parte de las intervenciones son en Travesía, hay muchísimo. Da igual el tramo, es toda la calle. Son muchas personas viviendo allí y, sobre todo, es una zona de entrada y salida. Es común que lleven poca mercancía encima, la venden y tienen algún lugar cerca para reponer», explica el portavoz de la Policía Nacional, Jose Covela. El formato de narcopiso, muy asentado en Barcelona, se da vez más en Vigo. «Hemos desmontado varios últimamente, uno en Coia, por la zona de Vía Norte y Travesía hicimos otros operativos también. Estas investigaciones concretas sacaron a la luz un nuevo formato de camellos, que también ejercen de okupas, ya que esos narcopisos que usaban para vivir y lucrase estaban okupados ilegalmente».

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J. R.

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No son especialistas en grandes alijos, de esos que salen por televisión. Pero su trabajo evita, por ejemplo, que niños y adolescentes consuman drogas a las puertas de colegios e institutos. Un trabajo policial igual de meritorio que el ficcionado para la pequeña pantalla, pero menos conocido. Eva González es la jefa del departamento de tráfico medio de la comisaría de la Policía Nacional en Vigo, unidad encargada de erradicar ese trapicheo tan presente a pie de calle en colaboración con las patrullas de seguridad ciudadana que recorren a diario la ciudad.

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La calle Aragón y otras aledañas también son especialmente activas. En las zonas de movida, Areal o Churruca, existe consumo, pero se considera que la compraventa es contada de noche: «Hace tiempo sí ofrecían por la calle, hoy mucho menos, lo más normal es que cada consumidor salga con los deberes hechos. De un año hasta aquí casi no tenemos detenidos en esas zonas por la presión policial». Casco Vello es otro lugar caliente por tradición. Se desmantelaron pisos, pero la venta sigue existiendo. Teis y Coia son otras zonas de riesgo, «aunque pueden suponer un 10 % del total en la ciudad».

El perfil del camello de coca es muy prolífico: «Hablamos de personas de cierta edad, es raro encontrar gente con menos de 30 años. La mayoría la corta para buscar un lucro con todo tipo de sustancias, incluso edulcorantes, lidocaína, tiza, talco, de todo… La gente no sabe lo que se mete y eso que aquí la coca llega de Sudamérica con una pureza muy elevada». Pasa al menos por dos o tres manos antes de llegar al consumidor final, el eslabón más débil del narcotráfico. El gran problema es que la coca que se requisa a pie de calle tiene una pureza media del 25 %. Mucha de la que se consume en Vigo llega de Arousa. Otra tendencia detectada es que los camellos de Vigo extienden sus tentáculos a más concellos del área, la provincia o Portugal valiéndose de camellos, en cada localidad, para vender 30 o 40 gramos a la semana.

HEROÍNA

Repunte alarmante. Su venta está perfectamente localizada. Recientemente se desmanteló uno de los grandes puntos negros de Vigo, en A Ferrería, con la detención de la conocida narcoabuela, la última en caer de una saga que ya pasó previamente por prisión por idénticos motivos. «Podían vender unos 15 o 20 gramos diarios, pero hablamos de una sustancia muy particular. Suele darse también que alguien tenga varios vendedores que despachan en zonas muy determinadas tres o cuatro gramos cada uno. Basta decir que hemos encontrados camellos de Vigo en Ponteareas, O Porriño, Tui o Portugal. Incluso hemos detectado el caso que de un camello que vivía en As Neves y venía a vender a Vigo». Hablamos, añade Covela, de un consumo muy cerrado, estigmatizado, en el que siempre aparece la figura del oportunista que está pendiente de algún golpe policial para cubrir el hueco.

Pero el gran problema es que su consumo ha vivido un repunte importante, y dicha conclusión policial esconde una realidad que afecta a buena parte de la ciudad. El escenario actual evidencia que los camellos se reparten por buena parte de la ciudad, incluidas las consideradas zonas nobles. «Si te vas a Torrecedeira verás que es una calle en la que hay numerosos puntos de venta de heroína. La zona de Coia también cuenta, ya desde hace años, con muchísimos puntos de venta». En O Calvario, Teis o Travesía de Vigo, a lo largo de toda la avenida, también hay puntos de venta. «No puede decirse que a día de hoy exista, como hace años, unas zonas marginales que se reparten toda la venta a pequeña escala. Basta decir que en García Barbón o Rosalía de Castro también hay gente vendiendo». Lo adulterado que llega el caballo a las venas es otro motivo de preocupación para la Policía Nacional, pero tendría que serlo sobre todo para el consumidor, ya que la pureza que de este polvo marrón que se inyecta o fuma en Vigo oscila entre un 8 y un 12 %.

Cannabis

El bum que no cesa. «No puede hablarse de puntos de venta concretos, hemos hecho intervenciones en toda la ciudad. Tampoco existe, actualmente, un rango de edad más o menos fijo para los camellos. Hace unos cuatro o cinco años eran principalmente jóvenes, gente de 17, 18, 19 o veintipico años de edad, pero ahora detenemos a gente vendiendo marihuana o hachís con más de 50 años de edad», revelan en la comisaría de Vigo antes de añadir que si el vendedor de cannabis ya es mayor suele despachar también otro tipo de drogas. Lo alarmante es que esa venta está generalizada entre jóvenes de 20 años, y evidencia un consumo masivo.

El origen es siempre el mismo, Andalucía, y las rutas para importarlo son por carretera, ya sea atravesando España o Portugal. Un ejemplo de ese suministro fue juzgado esta semana en Vigo. Se acusaba a tres hombres de traer 40 kilos de hachís escondidos en un coche. La particularidad fue comprobar la temeridad de los acusados, que no dudaron en embestir a los agentes cuando les dieron el alto en la A-52. «No fue el único operativo así, cada vez son más violentos y no dudan en atacar para evitar ser detenidos». El otro gran problema, la marihuana, sigue creciendo al mismo ritmo que las plantaciones. «Hace un año encontramos una plantación importante en una nave casi metida en la ciudad».

Relacionado con la hierba, pero en el contexto de las ocho asociaciones cannábicas que se ubican en Vigo, la Policía Nacional lo tiene claro: «Mientras no se regule tiene difícil situación, nosotros, está claro, seguiremos trabajando». El poder de influencia de Vigo también llega a buena parte del sur del sur de la provincia en forma de pequeños emprendedores del sector con ganas de medrar: «No hace mucho, en Tui, había unos señores que se dedicaban a aprovechar plantaciones de maíz de gente honrada para plantar marihuana en medio de los maizales para camuflarla». Las plantaciones de marihuana responden al concepto histórico de minifundio gallego: «Son plantaciones pequeñas, de unas 20 plantas en una finca, otras 20 en otra, y así van sumando producción. El gran problema, en el caso concreto del cannabis, es que se banaliza… se le resta importancia, y así se hace más difícil garantizar la salud pública».

Travesía es el punto donde se detectan casi todas las ventas de cocaína en la ciudad

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