Una acosada: «Me miraba, empecé a temblar y llorar, no puedo vivir así»

Juicio a un vecino de Gondomar por quebrantar la orden de alejamiento de una estudiante a la que seguía


VIGO / LA VOZ

Una joven de 20 años, estudiante de un instituto en Gondomar, relató ayer a una jueza de Vigo el calvario que vivió tras ser acosada por un individuo ebrio que la rondó durante días hasta causarle ansiedad. También la seguía en coche por la noche porque la villa es muy pequeña y se encontraban en todos los locales. A pesar de que la jueza le entregó en mano una orden de alejamiento, el acosador volvió ese mismo día a merodear entorno a ella y a mirarla. La denunciante contó ayer en un juicio en la sala de lo Penal número 1 de Vigo el «miedo» que sintió ante la presencia del sospechoso. «Tenía mucha ansiedad, se sentó en un banco enfrente, él me miraba y yo miré hacia abajo, empecé a temblar y llorar. No puedo vivir así. Él no paraba de seguirme», dice.

En su día, el acusado negó tal acoso ante la forense que lo examinó psicológicamente pero, al terminar la sesión, le pidió el número de teléfono de su víctima. Afronta una multa de 2.700 euros por quebrantar el alejamiento pero le benefician con la atenuante de anomalía psíquica. El juicio se celebró en ausencia del acusado.

Los hechos se remontan al 19 de octubre del 2018. El Juzgado de Instrucción número 5 de Vigo, en un juicio por delito leve, prohibió al hombre acercarse a la estudiante a menos de cien metros. Horas después de que la jueza adoptase esa medida cautelar, el implicado se sentó en un banco a pocos metros de su víctima, que esperaba en una parada de taxis de Gondomar.

La joven declaró ayer que esa tarde salió de su autoescuela y fue con un amigo a una parada de taxis. Al poco, se topó con su acosador en una óptica: «Giré la cara y él me seguía mirando». El implicado la siguió, se sentó en un banco frente a ella y «me miraba y se reía, me puse muy nerviosa». Su amigo se encaró con el merodeador: «No puedes estar aquí, lárgate». Se marchó y, poco después, la joven le enseñó la orden de alejamiento a la Guardia Civil de Baiona, que hizo una ronda y lo detuvo. La joven lo denunció otras dos veces, una vez por seguirla al salir del instituto. «Sigo con miedo», dice.

El amigo contó que el acosador portaba un cartón de vino y que «se acercó con todo el morro, la miraba y ella apartaba la mirada. Se puso a llorar, estaba deprimida, le dio el bajón». Los agentes notaron que al implicado le olía el aliento.

Una forense indicó que el acusado sufre un retraso mental leve, un trastorno límite de personalidad que le impide medir las consecuencias de sus actos ni tener autocrítica, y una dependencia al alcohol.

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