Aquí tampoco hay playa

Los rellenos portuarios y los aportes de arena precisan de estudios del impacto ambiental en todo el ecosistema

Amigos da terra vigo@tierra.org

Pero al llegar agosto, vaya vaya, aquí no hay playa, vaya vaya, no hay playa. Y así, con esa irónica suficiencia, vacilaba aquella canción a los habitantes de la Meseta. El caso es que poco a poco descubrimos que aquí tampoco había playa... o desaparecían a ritmo vertiginoso. Décadas de alteraciones en el perfil litoral, construcción de infraestructuras, rellenos y puertos que modificaron las corrientes, presas y embalses que impedían la llegada de arena fueron consiguiendo que aquellos lugares en los que el mar depositaba la arena pasaran a ser zonas de arrastre. El grave problema ambiental que esto implicaba nos importaba muy poco, pero saltaron todas las alarmas turísticas. Si la gente quiere playa, hágase la playa, y si se queda pequeñita, amplíese, decretaron los alcaldes. Así empezó esta carrera sin fin denominada regeneración de playas que nuevamente se va a repetir en Vigo y otros concellos de la ría. Objetivamente, se trata de un engaño, pues la playa no se «regenera» sino que se trata de un vertido artificial de arena, en el mejor de los casos procedente de estuarios fluviales cercanos pero no siempre.

Abundan los ejemplos de aportes de arena extraídos en cuencas hidrológicas situadas a centenares de kilómetros e incluso continentales como forma de dar salida a los áridos (incluso escombros) de infraestructuras públicas lo que implica incorporar elementos ajenos al ecosistema. Se trata de un despilfarro de recursos económicos. Estas actuaciones son muy caras y su efecto efímero, pues entre dos y cuatro años después no quedará nada de esa arena vertida. Las corrientes de invierno, especialmente con los ciclos de temporales cada vez más frecuentes e intensos, erosionan la costa y se llevan la arena que una vez desplazada, no será devuelta a la playa cuando las corrientes sedimentarias de verano empiecen a actuar. El reservorio de arena que mantenía de forma natural el equilibrio dinámico de ese ciclo de arena en movimiento eran los ecosistemas dunares.

Se decía en el Mayo del 68 francés que bajo los adoquines estaba la playa. En el caso de nuestra ría, la playa y sus dunas están bajo los adoquines, el asfalto, los paseos marítimos, los chiringuitos y los chalets. Pero no olvidemos que esas toneladas de arena vertidas artificialmente que el mar se llevará no desaparecen, sino que cambian de sitio provocando un nuevo impacto ambiental. Como suele suceder pretendemos corregir los efectos sin modificar las causas. La auténtica regeneración de las playas consiste en eliminar los factores que provocaron su desaparición, la naturaleza hace el resto.

Como en tantos casos la naturaleza no necesita que le echemos una mano, basta con que se la saquemos de encima. No solamente renunciamos a actuar sobre las causas del problema sino que las incrementamos con más proyectos. Si finalmente no se impide que el puerto de Vigo realice el anunciado nuevo relleno en un par de años el conjunto de la ría, playas incluidas, mostrará el efecto de esta ocupación añadida, porque en un sistema dinámico la alteración en un punto repercute en todo el conjunto y por eso cualquier actuación, desde un relleno portuario hasta un aporte de arena a una playa precisa obligatoriamente un completo estudio de impacto ambiental que incluya su incidencia en todo el ecosistema. Pero una cosa es que estos estudios sean obligatorios legalmente y otra cosa es que existan en el mundo real.

Finalmente, es un ejemplo de manual del negacionismo climático. El nivel del mar sigue subiendo, en el caso de la ría de Vigo a razón de 2,5 centímetros por década solo en los últimos 60 años, y ese crecimiento es cada vez más acelerado. Pretender contener el aumento del nivel del mar, y su incremento exponencial en los procesos erosivos que actúan sobre las playas, a base de tirar camiones de arena es sencillamente pretender engañarnos a nosotros mismos. En esta competición absurda que llevamos años celebrando entre el océano Atlántico retirando la arena por un lado y los alcaldes vertiendo arena por el otro hace tiempo que no tenemos dudas acerca de quien termina ganando siempre.

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