«Solo he hablado dos veces con Caballero»

«Estaré donde me pongan los vigueses en las elecciones municipales», mantiene sobre su futuro


vigo / la voz

Entró en la vida política por arriba, cuando hace siete años Alberto Núñez Feijoo la nombró conselleira de Facenda. «Son siete años solo, pero viendo hacia atrás a veces me parece que daría para llenar toda una vida», reflexiona Elena Muñoz (Madrid, 1971).

Su vida se jalona de etapas. A la primera, la del nacimiento y primera infancia en la capital de España, le da poca relevancia. «Yo soy un producto de Vigo», advierte con rapidez, como cuando hace cuatro años aterrizó en la política local disuadiendo a sus adversarios de la tentación de tratarla como una candidata de fuera. «Fui al colegio en Vigo, al instituto y a la Universidad también aquí».

La siguiente etapa vital se la comió la preparación de oposiciones. «Estudié todos los días, todos, entre los 22 y 25 años, todos menos dos semanas en las que mi abuela se puso muy enferma y falleció». Y a la primera convocatoria aprobó, cuenta haciendo gala de una constancia de serie.

La tercera etapa le llegó con las prácticas en la Consellería de Facenda para comenzar a aplicar lo que había aprendido de economía pública. La sonrisa le brota al hablar de las reuniones técnicas que vivió en Bruselas, o las charlas que dio en Estonia a los técnicos que se preparaban para la entrada de su país en la UE.

«Ahora me hubiera gustado reírme más siendo oposición, pero no puedo, porque no se están haciendo las cosas bien», dice con tono cercano pero cargado de gravedad al hablar de los gobiernos del Ayuntamiento de Vigo y la Diputación de Pontevedra.

Pese a la dureza en ocasiones de los debates en el Parlamento gallego, mantiene que la cordialidad y el respeto guía las relaciones en O Hórreo. «En la corporación de Vigo, no, ni respeto ni educación», dice clavando sus dardos en el grupo socialista. «Se dijeron muchas mentiras cuando empecé en la política local», momento del que reconoce le ha quedado un recuerdo difuso debido a la velocidad en la que se sucedieron los acontecimientos que la pusieron al frente del PP.

«No tengo el teléfono del alcalde. Cuando quiero hacerle llegar nuestra posición respecto a algo urgente tengo que hacerlo a través de algunos concejales de su grupo. ¡Es que ni me saluda!», afirma de nuevo sobre Abel Caballero. «Solo dos veces he hablado con él directamente. Una, la noche de los incendios de octubre del 2017, cuando no teníamos información oficial alguna. Pese a tratar de hablar con él varias veces me llamó ya a la 1 de la madrugada. La otra vez que hablamos ya no me acuerdo para qué fue».

El dique semeja haberse roto en este momento de la conversación. «Nunca he estado en su despacho. Es pura soberbia, no tiene necesidad de hablar con nadie, ni de escuchar a nadie. Y la Diputación, lo mismo. Carmela Silva da pie a menos relación todavía», continúa. «Ese sectarismo no lo puedo entender», agrega.

Abel Caballero ocupa gran parte de su discurso, y nunca para bien. «Le he tendido la mano, por ejemplo cuando cayó el Plan Xeral. Pero nunca ha querido. Increíble en una persona que solo ha ganado unas elecciones en su vida».

Afea que Vigo se haya convertido en referente viral por las escenificaciones del alcalde, estrategia, asegura, «para tapar que en realidad no hay gestión».

Pese a sus reproches ella misma acaba de disfrazarse de heroína de la Reconquista viguesa para presentar los compromisos de su programa electoral. «Es que quiero reconquistar Vigo para los vigueses», tercia.

-¿Y si es derrotada en mayo?

-Estaré donde me pongan los vigueses.

Aviso a navegantes de su propio partido, semeja.

Con la cara pintada con la bandera de Vigo en sendos mofletes y retratada como una heroína de cómic, a Elena Muñoz no le ha quedado más remedio que comerse la timidez absoluta que acotó su juventud. Tan difícil le resultaba soltarse delante de los demás que cuando preparaba la exposición oral de sus oposiciones, en lugar de ver a la preparadora desviaba la vista a cualquier otro punto de la habitación.

Ahora no aparta la mirada de su referente político: Alberto Núñez Feijoo. «Él hace por tres, tiene todas las consellerías en la cabeza», mantiene, mientras encadena calificativos positivos en favor de su mentor político. «No hay nadie mejor para presentarse de nuevo a la presidencia de la Xunta», dice incluyendo en ese nadie a todos los partidos. No concede resquicio para liarla sobre un posible futuro cercano de Feijoo en Madrid. «¡Pero si a Pablo Casado lo acabamos de elegir!», zanja, para blindar al candidato que tuvo su voto y apoyo en las primarias internas del PP.

En corto

¿Su primer trabajo?

Prácticas en la Consellería de Facenda tras ganar una plaza en Escala Superior de Finanzas de la Xunta. Fui subiendo de puesto hasta llegar a ser la interventora general de la Comunidad Autónoma.

¿Votó alguna vez a otro partido?

No, siempre al PP y a Feijoo.

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