1979: Órbigo, 49 vidas en un instante

Una excursión de escolares del colegio Vista Alegre acabó con una de las peores desgracias vividas por la ciudad de Vigo, al fallecer 45 niños de 12 y 13 años, tres de sus profesores y el conductor del bus


vigo / la voz

Órbigo es una palabra que sigue provocando escalofríos en la memoria colectiva de los vigueses. Remite a una de las mayores desgracias sufridas por la ciudad, aunque se produjera a trescientos kilómetros de distancia. Cuarenta y cinco niños, con edades de 12 y 13 años, y cuatro adultos fallecían el 10 de abril de 1979 a consecuencia de la caída al río Órbigo, en Zamora, del autobús en que viajan de vuelta a casa tras un viaje escolar.

Las crónicas publicadas en La Voz de Galicia aquellos días situaban el inicio de la tragedia a las 16.15 horas. En el mismo instante en que los escolares del colegio Vista Alegre de Cabral, iniciaban un concurso de canto para distraer la fatiga del viaje. Según los vecinos y algunos testigos presenciales, el autocar chocó contra la valla protectora derecha del puente sobre el río Orbigo, y, seguidamente, derrapó, marchando contra la de la izquierda, que rompió así como las barandillas del puente, cayendo seguidamente al río. Para colmo de males, el Órbigo iba más crecido de lo habitual y el autocar se hundió durante algunos minutos, mientras salían flotando o nadando varios de sus ocupantes que eran arrastrados por la corriente. «Los que nos salvamos fue porque tuvimos la suerte de salir despedidos a través del cristal delantero, que se rompió por el golpe», explicó después a los periodistas el soldado vigués que había sido recogido minutos antes. «En los primeros momentos, no podía nadar porque me lo impedía el peso del uniforme y, además, tenía las piernas ateridas de frío. Tuve que sobreponerme y, haciendo un esfuerzo, conseguí estabilizarme en el agua hasta dejarme arrastrar por la corriente y agarrarme a un árbol», señaló.

En los primeros momentos pudieron ser recuperados vivos nueve niños. El resto no tuvo la misma suerte. Comenzaba entonces una angustiosa y dolorosa operación de rescate de los numerosos cuerpos desaparecidos. Los familiares de los escolares desaparecidos llegaron al lugar del accidente a las pocas horas y allí vivieron una lenta y dramática espera, complicada, además, por la dureza meteorológica que azotaba la comarca zamorana; aun así, las madres y padres permanecieron próximos al río, resistiendo el frío y la lluvia, muy atentos a cualquier evolución favorable de los trabajos de rescate. La tensa espera, la falta de medios adecuados para encontrar la posición del autocar accidentado y la no aparición de más cadáveres provocaron reacciones emocionadas. Se pidieron con insistencia más ayudas y más rapidez en las operaciones de búsqueda y rastreo. Incluso, durante la visita efectuada al lugar del accidente por la reina Sofía se le urgieron medidas para acabar cuanto antes con aquella operación.

Poco a poco se fue formando un campamento para servir de apoyo a las tareas de búsqueda. En aquellas tareas también participaron de manera voluntaria marineros de Vigo, Moaña y O Grove, pero el día 12 de abril todavía faltaban 23 cadáveres por recuperar.

Mientras tanto, en Vigo, millares de personas se congregaban en la estación de ferrocarril para recibir los restos mortales de las víctimas del accidente y mostrar su apoyo a los familiares de aquellos niños. La crónica de La Voz de Galicia resaltaba el inmenso silencio que guardaron estas personas, que escuchaban como un empleado municipal iba llamando a los padres de los familiares para entregarle el féretro con los restos de su hijo. Fue tremendo.

Pocos días antes se habían desarrollado las primeras elecciones municipales democráticas, pero todavía no se había constituido la nueva corporación. La alcaldesa Emma González estaba al frente, a la espera de que Manuel Soto tomase posesión de la vara municipal.

Ya el día 14, mientras seguían las operaciones de búsqueda en Santa Cristina de la Polvorosa, tuvo lugar el entierro de las víctimas del accidente. Y el día 23 de abril, 30.000 personas acudieron a la ceremonia religiosa celebrada en el estadio de Balaídos en memoria de los fallecidos. Desde La Polvorosa acudieron su alcalde y tres concejales. Finalmente, el 22 de mayo eran recuperados los últimos cuerpos en las aguas del Órbigo.

Mañana, que se cumplirán 40 años de aquel trágico suceso, el Concello de Vigo descubrirá, en la entrada del edificio consistorial, una placa en memoria de todas las víctimas y sus familiares. Paralelamente, también tendrá lugar una ofrenda floral en la localidad de Santa Cristina de la Polvorosa, a donde se desplazarán la concejala de Educación y el edil de Parques y Jardines. Sin embargo, los familiares, en su momento, se negaron a que se construyese un monumento que recordase el accidente. De hecho, el escultor Xoán Piñeiro ya había empezado a hacer y se había abierto una suscripción.

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