«Gracias por su valor», felicitó el fiscal al joven que ayudó a detener al pistolero de San Xoán

Un policía que arrestó al sospechoso del crimen de Chapela dijo que «nuestros chalecos antibalas no paran ese revólver, si dispara nos mata»


Vigo

El fiscal del crimen de San Xoán felicitó en el juicio al joven que, tras presenciar el tiroteo en la playa de Chapela, persiguió al pistolero y dio indicaciones a la Policía Nacional sobre su paradero y les alertó de que llevaba un arma. «Cuando lo detuvieron, eché a llorar», dijo el testigo que colaboró en la captura. El fiscal se dirigió al tribunal del jurado y le agradeció sus servicios: «Gracias por su valor».

El juicio con jurado va por la segunda sesión y se celebra en la Quinta Sección de la Audiencia de Pontevedra, en Vigo.

El joven contó al jurado que el pistolero falló el segundo tiro contra el testigo que le increpó porque al apuntar «se le desabrocharon los pantalones y se le cayeron, casi no podía caminar. Tras pegar un tiro a alguien, se quedó sentado en un portal, no estaba nervioso».  Luego, otro hombre acompañó al agresor y le gritó: «Escápate». Al ver que el asesino huía, el testigo llamó a la Policía Nacional para alertar del crimen pero se alejó «para no llamar la atención y que él no me pegase un tiro». Luego, le siguió la pista por una carretera.

El padre de la víctima dijo que su hijo tenía novia y se habían trasladado a vivir a Chapela. «Cuando la Policía me avisó fui a avisar a su novia al piso y a su hermana, que estaba con ellos», dijo. Su hijo trabajaba como carretillero en la descarga y ya era encargado. «Su sueño era ser soldador en un astillero, había hecho un curso que le costó 3.000 euros», dijo el progenitor.

La madre del fallecido estuvo la noche del crimen con su hijo, que la visitó en el trabajo y cenó con ella. Los dos hermanos contaron que la muerte fue un «golpe duro» y «nos unió más».

En la vista también declararon los dos patrulleros de la Policía Nacional de Vigo-Redondela que acudieron al aviso y capturaron al sospechoso, motivo por el que fueron condecorados. Lo vieron caminar por la acera de la avenida de Vigo. Al acercarse vieron a un joven que lo perseguía. «Teníamos las armas preparadas y apuntando y el joven nos hizo un gesto para que supiésemos que era él», dijo un agente. «El sospechoso llevaba las manos ocultas en una bandolera en el vientre, lo que facilita la rapidez para extraer el arma. Tuvimos una visión túnel y nos separamos sin perder la mirada de él. Le pedimos que mostrase las manos pero él seguía caminando y haciendo caso omiso. Era un riesgo absoluto», añadió uno de los dos patrulleros. 

El agente explicó que los dos patrulleros se separaron «para no ser un objetivo fácil, si saca el arma no puede encarar a los dos a la vez y no desenfundar». Añadió que le gritaban: «Alto, enseña las manos». Entonces, el acusado metió la mano en la bandolera y «nos abalanzamos encima de él, forcejeamos, intentaba zafarse e impedimos que sacase la empuñadura de madera de grandes dimensiones de un arma de fuego muy voluminosa, desenfundada y colocada hacia arriba y con el cañón apuntando al suelo. Era un revólver tan grande que se veía y no tiene seguro, por eso es tan peligroso, solo hay que apretar el gatillo». El agente admitió que habían corrido un riesgo para su vida: «Si no pasó nada fue por estar alejados y por la fuerza con la que le agarramos las extremidades». Tras el forcejeo, le esposaron.

«Lo tenemos y lleva el arma encima», avisaron por la emisora. El testigo que perseguía al sospechoso corrió hacia los patrulleros y abrazó llorando a los policías. «Eso no lo olvidaré nunca», dijo. Dos dotaciones de agentes municipales de Redondela y un furgón de antidisturbios acudieron a controlar al acusado, al cual se le caía el pantalón. Entre diez policías lo metieron en el coche patrulla.

En calabozos, el acusado intentó morder a sus vigilantes en las piernas, soltaba patadas, insultó y amenazó a los agentes y se tiró en un banco. «Estaba agresivo de más, todo menos somnoliento», dijo el agente. «No sé si estaba loco porque no soy psiquiatra pero él sabía lo que hacía porque el arma la tenía colocada sobre el vientre, lo que hace que la mano saque muy rápido el revólver, eso prueba que él estaba consciente», dijo el policía.

El segundo agente que intervino en el arresto explicó al jurado que «corrimos riesgo para nuestras vidas, nuestros chalecos antibalas no paran ese revólver, si nos dispara nos mata».

El mismo policía contó en el juicio otro detalle que le hace deducir que el pistolero sabía lo que hacía. «En la comisaría me pidió un cigarro y le dije si él se creía que se merecía tabaco después de lo que había hecho. Y él me replicó: 'Al menos, me merezco medio cigarro que solo le di a uno y al otro no'».

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«Gracias por su valor», felicitó el fiscal al joven que ayudó a detener al pistolero de San Xoán