El acusado por el crimen de Chapela se confiesa drogadicto desde los 12 años y dice no recordar el disparo

Un joven que auxilió a la víctima relató al jurado que el supuesto asesino le apuntó con un revólver y echó a correr sin mirar atrás mientras oía dos disparos

«No tengo perdón». El jurado declaró culpable a José Luis Luna de un asesinato consumado y otro frustrado, un intento de homicidio contra dos policías y tenencia ilegal de armas. El exconvicto se siente víctima de un sistema carcelario «que no reeduca sino que hace máquinas del mal»
«No tengo perdón». El jurado declaró culpable a José Luis Luna de un asesinato consumado y otro frustrado, un intento de homicidio contra dos policías y tenencia ilegal de armas. El exconvicto se siente víctima de un sistema carcelario «que no reeduca sino que hace máquinas del mal»

Vigo

La Quinta Sección de la Audiencia de Pontevedra, con sede en Vigo, ha comenzado esta mañana el juicio contra un vecino de Teis de 46 años acusado de matar de un tiro a un joven en la playa de Chapela en la noche de San Xoán del 2017. Durante su declaración, dijo ser drogadicto desde los 12 años, haber fracasado en sus terapias, y sobre esa noche solo dijo que se tomó muchas pastillas de ansiolíticos y que tiene «vagos recuerdos» de lo sucedido y que del crimen no recuerda nada.

Durante hora y media, el tribunal seleccionó a los miembros del tribunal popular que leerá el veredicto sobre el crimen de Chapela. Los abogados interrogaron a una treintena de candidatos seleccionados por sorteo para evaluar su imparcialidad y aptitudes para formar el tribunal, que quedó compuesto de nueve miembros titulares y dos suplentes. El jurado estuvo toda la mañana escuchando las pruebas y testimonio para decidir si el implicado es culpable de un asesinato, un intento de asesinato y un intento de homicidio. Afronta en total 42 años de carcel.

El acusado es un vecino de Teis que se paseó armado con un revólver de gran potencia por los bares de la playa de Arealonga, en Chapela, en Redondela, la noche de San Xoán del 2017. Según la Fiscalía, el implicado orinó o hizo ademán de hacerlo sobre unas chicas que dormían tumbadas en la arena y un amigo de estas le increpó por lo que el acusado sacó su revólver y le metió un balazo a bocajarro en el pecho. Mientras el moribundo se desangraba, un amigo suyo increpó al pistolero y este le apuntó y disparó pero falló porque el otro echó a correr en zig-zag. Horas más tarde, una patrulla localizó al sospechoso y este metió la mano en su bandolera para disparar pero los agentes se le echaron encima.

El acusado José Luis Luna Pereira llegó escoltado de la prisión y se sentó en el banquillo a media mañana, acusado de asesinar de un tiro a Álvaro Daniel Beltrán Pinto, de 25 años. La bala le atravesó el corazón. La víctima convivía en el domicilio familiar en Vigo y era un descargador portuario que cobraba 700 euros al mes. También le acusan de intentar acribillar a un amigo de la víctima, Eduardo Pestonit, que apartó al sospechoso tras cometer el crimen sin saber que iba armado.

La acusación particular pide 25 años de cárcel por asesinato y alejamiento 30 años de la familia y 3 años por tenencia ilícita de armas con reincidencia. También reclama que abone 330.000 euros de indemnización a la familia del fallecido.

La defensa alega que el acusado tiene derecho a que le apliquen varias eximentes.

A la vista acudieron como público una treintena de estudiantes de segundo curso de bachillerato del ÍES Rosalía de Castro de Vigo. El jurado está compuesto por cuatro hombres y siete mujeres (dos de ellas suplentes), la mayoría jóvenes. 

Acusaciones de la fiscalía

El fiscal dijo al jurado que lo mató «a propósito, vilmente, de forma cobarde, a traición y con malicia» con un pistolón a «cañón tocante». Y alzó el arma «apuntando a matar» hacia el amigo que fue a auxiliar al moribundo. «El amigo se salvó de milagro porque huyó haciendo eses», dijo el fiscal. También intentó matar a los policías que lo rodearon, y que le redujeron antes de que sacase el arma de una bandolera.

«El por qué de los hechos solo lo sabe el acusado», dijo el fiscal. «Sacó la pistola de forma cobarde, por sorpresa, fue una muerte con malicia contra alguien desarmado y que desconocía que llevaba ese arma», argumentó el fiscal. Recordó que el arma no tenía licencia y que sumaba cuatro condenas por tenencia de armas con penas de prisión, la última en el 2012. «No era la primera vez que andaba con armas», indicó.

La Fiscalía previno al jurado de que la defensa del acusado les intentará convencer de que «estaba borracho al borde del coma etílico y que estaba loco» pero les avisó de que esa no es la verdad.

La acusación pública dice que tiene pruebas y que los testigos vieron al acusado «disparar a matar» a la segunda víctima. En las manos y la ropa tenía huellas de la pólvora del pistolón.

Las vainas de la bala fueron disparadas por el revólver «que sacó sorpresivamente y apoyó en el pecho y le dejó un agujerazo en la camiseta, son el doble del calibre que usa la Policía, la bala cruzó el cuerpo y salió por la espalda. No tuvo oportunidad de defenderse, le causó heridas mortales y habría atravesado un chaleco antibalas», indicó el acusador público para ilustrar al jurado. El revólver tenía dos cartuchos gastados y tres en la recámara.

El acusado

Luna, de 46 años, solo respondió a su abogada. Alegó que consumió heroína desde los doce años y estuvo con tratamiento con metadona y pastillas contra la depresión «y siempre he recaído». Cuenta que estaba en tratamienton en el centro Cedro desde los catorce años y usuario de Erguete desde 1993. Fue tratado por «la impulsividad que decían que yo tenía» y le habían recetado ansioliticos, tranquilizantes y metadona «pero a veces no la tomaba porque no me gustaba». El día del crimen «tomé bastantes pastillas de Loracepán, vacíe la caja y no me quedaban». Cuenta que estuvo bebiendo «bastante» en los bares de su barrio por Teis después de comer. «Volví a casa y decidí tomar la última copa en Chapela y estuve con mucha gente. Tomamos unos gin tonics y cervezas por los cuatro bares. Me encontraba mal y quería volver a casa y le pedi a un amigo que me llevase a casa», contó.

Asegura que no recuerda lo que pasó esa noche, «tengo vagos recuerdos». Se enteró de su crimen en comisaría «y me volví loco y me autolesioné, me tuvieron que llevar al hospital».

Los testigos

Santiago, un colega que tomó unas copas con el acusado, recordó que cuando estaban en un bar vio sobresalir una culata de la bandolera de su amigo. Le preguntó si llevaba una pistola y este respondió quitándole hierro: «Es de broma». Asegura que esa noche, José Luis Luna «muy bien no estaba pero se tenía en pie».

Más tarde, el mismo colega estaba en un bar y oyó «tres petardos». No le hizo mucho caso y al salir vio a Luna Pereira apoyado en una barandilla y debajo un coro de gente. El acusado le dijo «Me voy a casa, por hoy ya llegó». «Lo vi con los brazos cruzados, tranquilo, salió andando normal y luego echó a correr y dijo 'Vamonos, vamonos'».

Un amigo de la víctima, Óscar, declaró por videoconferencia que «no hubo discusión ni palabras, Dani hizo un gesto de apartar el arma y se oyó el disparo».

Tras el crimen, fue a socorrer al herido, que tenía un agujero en la camiseta, y usó su sudadera para tapar el agujero. Entonces, el acusado le dijo: «No es para tanto». Un chaval saltó para derribar al asesino y el otro «apuntó y giró la mano para intentarle dar, y disparó dos veces más». Contó que conocía a Dani de trabajar en las descargas y lo definió como una persona tranquila: Piensa que quizás solo fue a avisar al hombre que iba a orinar que había abajo dos chicas. «Dani dio dos pasos hacia atrás y cayó. Llevo dos años con esta tortura en mi cabeza, no tienen ni idea de lo que llevo pasando», dijo.

El principal testigo, Eduardo Pestonit, vecino del barrio, contó al jurado que vio a las chicas tumbadas en la arena y luego una discusión enzarzados entre el acusado y la víctima, que se desplomó. Fue allí, le dio la vuelta al herido y vio la sangre, le recriminó al acusado y lo empujó «pero no me imaginé que llevase un arma, sacó un revólver de la bandolera, me agaché y eché a correr. Escuché los disparos a mi espalda pero no miré atrás».

Otro testigo presencial asegura que «vi caer a Dani al suelo, tenía mucha sangre en el pecho, el otro sacó la pistola y disparó a bocajarro a Eduardo, que le dijo 'Fuiste, tú'. Vi como disparaba y apuntó a dar y no le dio de milagro». En su opinión, el pistolero se tambaleaba porque parecía borracho.

El último testigo de la mañana aportó más detalles: «Sacó del macuto la pipa y disparaba, echamos a correr». Cree que si falló fue porque al pistolero, en ese momento, se le cayeron los pantalones y la riñoñera.

Mata de un tiro a un joven en Redondela que le afeó una actitud incívica

Alejandro Martí­nez
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Muere de un disparo en Redondela tras la noche de San Juan El joven de 25 años afeó la conducta a un hombre que orinaba en la zona

La víctima recriminó al hombre que orinara hacia la zona donde estaba un grupo de jóvenes y este, sin mediar palabra, sacó una pistola y le pegó un tiro en el pecho

Una persona ha fallecido esta madrugada por un disparo en la playa de Arealonga, en Chapela, Redondela. La víctima, Daniel Beltrán nacido en Redondela y residente en Vigo de 25 años, recibió un disparo en el pecho. 

Según se ha podido saber, el agresor, de 43 años y con varios antecedentes policiales anteriores, se encontraba asomado a una barandilla en la playa de Arealonga y se puso a orinar hacia donde se encontraba un grupo de jóvenes. La víctima subió con otro amigo a recriminarle por esta acción. El hombre, sin mediar palabra, sacó una pistola y disparó contra ambos, alcanzando a la víctima en el pecho. Se escapó corriendo y en su huida efectuó otros dos disparos que, afortunadamente, no alcanzaron a nadie. Minutos después fue detenido. Es vecino del entorno, en la zona de Cuatro Puentes, en el límite entre los ayuntamientos de Vigo y Redondela. 

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